Una mañana contrariada

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Una vez más Carlixto nos envía este interesante relato…

Esta mañana contrariada camino al trabajo, tarde, manejando con el transito propio de los países latino americanos… Pensando que la dificultad que he tenido últimamente en el transporte me ha hecho impuntual en las últimas semanas y que el día que tenía el vehículo disponible salía tarde una vez más como quiera…, que sentía un cansancio por más que durmiera, me preguntaba si tendría anemia o una patología.
En esta mañana, con todas esas circunstancias, buscaba el momento para orar, manejar es una actividad que, a nivel personal, se presta mucho para orar y/o rezar (en un transito muy pesado o en distancias largas en carreteras es mejor rezar que demanda menos esfuerzo mental). Esta mañana es particular, no logro concentrarme lo suficiente para orar y no me siento cómodo rezando, estoy contrariado, intento tras intento fallido para conectarme en la oración, hasta que 15 min, después me sale esta expresión “tarde al trabajo, un cansancio que no se me quita y tu misericordia que se renueva cada día“, esa era la clave, la misericordia, comencé a preguntarle y preguntarme que pasaría si Dios amaneciera contrariado un día en su paciencia, y por último en su amor.
De repente me vi recitando frases como: “Es más provechoso meditar sobre el amor de Dios que sobre los pecados propios.”; “Solo un corazón enamorado es capaz de abandonar el pecado.”;”Solo el amor verdadero es capaz de cambiar al hombre.”
Al final, llegué al trabajo tarde pero no contrariado, dispuesto a santificar, a consagrar y a plenificar mi jornada del día, cosas que solo se pueden hacer desde el amor y para el amor.

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Un comentario en “Una mañana contrariada

  1. Siempre me encanta lo que escribe Carlixto y es porque cuenta con naturalidad lo que nos puede suceder

    Aunque el acto mismo de hacer oración no es difícil, con frecuencia se pueden presentar dificultades. Es muy importante saber esto, pues muchas personas que comienzan el camino de la oración pueden sentir “que no sirven para eso” o desfallecer fácilmente. Santa Teresa de Jesús, que llegó a las cúspides espirituales más altas, durante 20 años no pudo hacer oración mental adecuadamente.

    Uno de los obstáculos más comunes y continuos en la oración es la distracción, esos pensamientos o imaginaciones que desvían la atención del objeto propio de la oración. Sus causas son muy variadas. Unas son independientes de la voluntad: por el propio temperamento del que está haciendo la oración (inclinación hacia las cosas exteriores, incapacidad de fijar la atención, pasiones vivas o no bien dominadas que atraen continuamente la atención hacia otras cosas); la salud precaria y la fatiga mental, que impide fijar la atención; el demonio, etc.

    La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de éstas. La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a Aquél al que oramos, tanto en la oración vocal [litúrgica o personal], como en la meditación y en la oración contemplativa. Salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al que pretende hacer la oración a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir.

    Otras distracciones voluntarias son la falta de la debida preparación en cuanto al tiempo, el lugar, la postura, poco recogimiento, tibieza, etc. Como norma general es conveniente no impacientarse, sino volver con suavidad al recogimiento interior, tantas y cuantas veces sea preciso. Es importante cuidar el silencio, la guarda de los sentidos y del corazón, la mortificación de la imaginación, etc.

    La sequedad espiritual también es un problema. La sequedad es un reflejo del combate de nuestras vidas. Así como en la vida luchamos por hacer la voluntad de Dios, por cumplir sus mandamientos a pesar de los muchos obstáculos, tentaciones y debilidades que tenemos, en la oración también debemos combatir y luchar.

    La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Una de las razones de la sequedad es la falta de humildad. Creemos que solamente depende de nosotros mismos el hacer oración y perseverar, sin darnos cuenta de que frecuentemente solos no podemos nada. Es una nueva oportunidad para verse objetivamente y abandonarse en Dios, porque a Dios le gusta nuestra perseverancia y nos prepara.

    La sequedad, las distracciones, la falta de tiempo son dificultades, pero pueden vencerse, primero pidiéndole a Dios que nos ayude y en segundo lugar procurando tener una voluntad cada vez más firme. Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia

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