El amor conyugal es fuente de fidelidad y fecundidad

Familia_FlickrAitorLopezDeAudikana_CC-BY-NC-SA-2.0Vamos a considerar en esta entrada el amor conyugal del hombre y de la mujer bajo la doble exigencia de la fidelidad y la fecundidad. 

La fidelidad conyugal

El matrimonio constituye una “íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias”. Esta comunidad “se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevocable” (GS 48, 1). Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. Se trata de una relación única e indisoluble. “Lo que Dios unió […], no lo separe el hombre” (Mc 10, 9; cfMt 19, 1-12; 1 Co 7, 10-11).

La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Es posible que a veces nos cueste más este compromiso de fidelidad, pero entonces hemos de recordar que no estamos solos, que contamos con un Dios que es fiel. Y que el sacramento del Matrimonio al hacer entrar al hombre y la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia, nos da la gracia necesaria para ser fieles toda la vida. Con Él podemos!

La fecundidad del matrimonio

La fecundidad es un don, la esterilidad se considera normalmente una desgracia. Por eso el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo. Por eso todoacto matrimonial en sí mismo debe quedar abierto a la transmisión de la vida (HV 11). Es evidente que el niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento. Efectivamente, resulta algo natural -constitutivo-, la conexión entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador.

Una vez asentado lo anterior conviene aclarar que por razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable y según criterios objetivos. Y solo en este sentido podemos decir que la continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala “toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación” (HV 14):

«Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal. […] Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos implica […] dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí» (FC 32).

Un comentario en “El amor conyugal es fuente de fidelidad y fecundidad

  1. Puede pasar que de un momento a otro en la pareja, o en uno de los dos, se enfríe la fidelidad a Cristo, tal circunstancia los impulsará a tomar conciencia de lo que les está aconteciendo e ir al fondo de la situación.

    A pesar de la fatiga se debe tener la confianza que lo que están viviendo será para su bien personal y para los dos como esposos, sin ser indiferentes y acompañándose con personas adultas en la fe, lo que les ayudará a caminar juntos sin reclamos violentos y con misericordia.

    ¿Y quién podrá salvarnos sino es el amor? palabras del papa Benedicto XVI, refiriéndose a que el amor de Dios es el que salva, que también permite entender lo que el papa Francisco explica en la característica de la perseverancia: “Pero el amor persevera, va adelante, tratando siempre de resolver las cosas, para salvar a la familia”. Un amor que no se da por vencido, que confía hasta dar la vida misma como Cristo en la cruz para que la esposa o esposo se salve, que continúa esperando sin desesperar porque si Dios ha vencido la muerte, hay una confianza plena en su voluntad y en que todo lo puede.

    Y la fecundidad, un amor fecundo es aquel que también pasando por la aridez de la fe, abona más el terreno con la certeza de que es Otro quien los sostiene y es su esperanza. El llamado del papa Francisco es a que los matrimonios estén abiertos a la vida y para aquellos que pasan por la prueba de que los hijos no llegan su invitación es a que vuelvan la mirada a Jesús y tomen fuerza de la fecundidad que Él tiene en su Iglesia.

    Fidelidad

    “Es un amor fiel; es un amor perseverante, jamás se cansa de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! san Pablo, en una de sus Cartas dice: ‘Si confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, ante el Padre; si reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, ¡porque no puede renegarse a sí mismo!’. La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre”.

    Perseverancia

    “La vida matrimonial debe ser perseverante, debe ser perseverante. Porque de lo contrario el amor no pude ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bellos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: problemas con los hijos, problemas económicos, problemas aquí, problemas allá. Pero el amor persevera, va adelante, tratando siempre de resolver las cosas, para salvar a la familia. Perseverantes: el hombre y la mujer se levantan cada mañana, y llevan adelante la familia”.

    Fecundidad

    “El amor de Jesús hace fecunda a la Iglesia con nuevos hijos, Bautismos, y la Iglesia crece con esta fecundidad nupcial. En un matrimonio esta fecundidad puede ser a veces puesta a prueba, cuando los hijos no llegan o si están enfermos. En estas pruebas hay parejas que miran a Jesús y toman fuerza de la fecundidad que Él tiene en su Iglesia. Mientras, al contrario, hay cosas que a Jesús no le gustan, o sea los matrimonios estériles por elección. Estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren permanecer sin fecundidad. Esta cultura del bienestar de hace diez años nos ha convencido: ‘¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir de vacaciones a conocer el mundo, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo’… Pero quizá sea mejor – más cómodo – tener un perrito, dos gatos y el amor va a los dos gatos y al perrito. ¿Es verdad o no esto? ¿Lo vieron ustedes? Y al final este matrimonio llega a la vejez en la soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que Jesús hace con su Iglesia: la hace fecunda”. (Papa Francisco)

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