Acciones de gracias

cuba bikeAquí os dejo con este otro texto sobre las “acciones de gracias”, de Catherine Dean, extraído del Diccionario de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Y es que es ya sabéis: es de bien nacidos ser agradecidos…

En la teología moral, el agradecimiento se considera como parte potencial de la virtud de la justicia. Según san Josemaría, la justicia nos lleva a considerar nuestra dependencia de Dios y a reconocer los abundantes bienes que nos concede, para llenarnos de agradecimiento y de deseos de responder a un Padre que nos ama hasta la locura; esto suscita el espíritu de piedad filial que nos hará tratar a Dios con ternura de corazón (cfr. AD, 167). Sintetiza así su honda comprensión de las relaciones entre agradecimiento, amor de Dios y filiación divina. Y, a la vez, ayuda a percibir que, como consecuencia de la universal paternidad de Dios, la virtud cristiana de la justicia nos empuja a mostrarnos agradecidos, afables, y generosos con los demás (cfr. AD, 169).

  1. El reconocimiento de los dones divinos, condición del progreso espiritual

Los escritos de san Josemaría destacan que la persona agradecida posee una honda humildad personal (cfr. ECP, 3) y la conciencia de su propia pequeñez (cfr. F, 174), que le hace recibir todo como un don inmerecido (cfr. F, 365), ya sea una alegría o una pena, venga de Dios o, aparentemente, de los hombres (cfr. C, 658 y C, 894). Al percibir el don recibido, esta persona es consciente del amor que el don expresa, y responde con un amor agradecido que se vierte en acciones de gracias (cfr. F, 904). La clave, por tanto, de las acciones de gracias propias de la virtud del agradecimiento es el amor; el amor humano que responde al Amor divino (cfr. VC, V Estación).

La Tradición cristiana concede gran importancia a las acciones de gracias en la liturgia. San Josemaría se hace eco de esa praxis invitando a agradecer el don que Dios hace de sí mismo en la Eucaristía (cfr. F, 27; F, 304; ECP, 88) y en los demás sacramentos (cfr. F, 11; C, 521); y llama incluso a romper a cantar (cfr. C, 523-524) en unión con la liturgia celestial (cfr. Ap 1, 6; 4, 11; 5, 13). Subraya especialmente la importancia de la acción de gracias después de la Comunión: “El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, íntima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía” (ECP, 92).

Diversos autores espirituales han relacionado el agradecimiento con el don de la piedad y la acción del Espíritu Santo en el alma, destacando la llamada oración de agradecimiento, también fuera de la liturgia. En esa línea, san Josemaría anima a fomentar la actitud constante de acción de gracias, poniendo el fundamento de esta práctica de piedad en el sentido de la filiación divina. El cristiano que se sabe hijo de Dios Padre en el Hijo, movido por el Espíritu Santo, es capaz de vivir en constante agradecimiento filial y humilde hacia su Padre, y manifiesta así su conciencia de la presencia amorosa de su Padre y de los dones divinos en todo lo que le acontece (cfr. AD, 44-45, 149; F, 173, 221, 365; C, 608).

En los escritos de san Josemaría se enumeran muy diversos motivos para dar gracias a Dios, desde lo más humano y fácil (cfr. F, 16,19,174; S, 85; AD, 247), hasta la vocación a la santidad (cfr. ECP, 32; F, 279, 904; S, 454; C, 913), e incluso la tentación (cfr. F, 313) o el fracaso (cfr. C, 404); o como hacen los niños: “¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? -Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: «¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!…». Esa frase, bien sentida, es camino de infancia, que te llevará a la paz, con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor” (C, 894).

La invitación a agradecer y a amar la Cruz como don de Cristo (cfr. C, 773, 776) tiene un profundo sentido, pues pone de relieve un elemento importante en el progreso espiritual, la identificación con Cristo: “Ut in gratiarum semper actione maneamus! Dios mío, gracias, gracias por todo: por lo que me contraría, por lo que no entiendo, por lo que me hace sufrir. Los golpes son necesarios para arrancar lo que sobra del gran bloque de mármol. Así esculpe Dios en las almas la imagen de su Hijo. ¡Agradece al Señor esas delicadezas!” (VC, VI Estación; cfr. F, 609).

El agradecimiento, la acción de gracias a Dios, debe expresarse en un amor manifestado en obras y verdad (cfr. F, 866), en obras de servicio (cfr. F, 891), en propósitos eficaces de mejora (cfr. C, 298; F, 279), y en apostolado (cfr. S, 2, 184; F, 27). Sólo así se corresponde sinceramente y de veras al gran amor que Dios nos tiene como hijos suyos. Hemos de agradecer, con nuestro amor, el amor que llevó a Cristo a encarnarse, a vivir y a morir por todos los hombres (cfr. S, 813). “¿Quieres saber cómo agradecer al Señor lo que ha hecho por nosotros?… ¡Con amor! No hay otro camino. Amor con amor se paga. Pero la certeza del cariño la da el sacrificio. De modo que ¡ánimo!: niégate y toma su Cruz. Entonces estarás seguro de devolverle amor por Amor” (VC, V Estación).

  1. Importancia de las acciones de gracias

El crecimiento en santidad presupone el agradecimiento, el reconocimiento efectivo de los dones de Dios, percibiendo su amor en todo lo que acontece a la persona. Y ese agradecimiento está llamado a expresarse a través de las acciones de gracias.

Esa espiral continua -del Amor gratuito de Dios ai amor agradecido a Dios- lleva a la unión definitiva del hijo de Dios con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Así se realizó en la vida de san Josemaría como lo atestiguan unas palabras pronunciadas el 27 de marzo de 1975, víspera del cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal, a sólo tres meses de su fallecimiento: “Señor, gracias por todo. ¡Muchas gracias! Te las he dado; habitualmente te las he dado. Antes de repetir ahora ese grito litúrgico -gratías tibí, Deus, gratias tibí!- te lo venía diciendo con el corazón… pues no tenemos motivos más que para dar gracias… un cántico de acción de gracias tiene que ser la vida de cada uno… dar gracias, que es una obligación capital. No es una obligación de este momento… es un deber constante, una manifestación de vida sobrenatural, un modo humano y divino a la vez de corresponder al Amor tuyo, que es divino y humano” (citado en BERNAL, 1976, pp. 116-118).

Autor: Catherine DEAN

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Anexo:

  • El epitafio del monje: Dios amó a Juan y Juan intento con su vida corresponder a ese amor (agradecimiento)
  • Película TOGETHER. es la historia de un padre y su hijo, que es un niño prodigio del violín… cuando tiene 13 años lo lleva a la ciudad para que le enseñe un gran maestro… el maestro le prepara para un gran concurso donde puede triunfar, pero él se desanima y no sabe porqué, entonces el maestro le dice que todo el arte de la música consiste en expresar agradecimiento y le cuenta una historia, y es entonces cuando se entera de la verdad de su vida y que él desconocía: su padre le encontró abandonado con un violín en la estación del tren y quiere que triunfe para entonces contarle la verdad y pueda soportarla, él debería luchar por agradecer a su padre adoptivo todo lo que ha hecho por él … el día antes del concurso el padre decide no ir para no ponerle nervioso y regresar al pueblo, el hijo decide a última hora no presentarse al concurso (se presentará en su lugar, muy contenta por cierto, una compañera rival) y sale corriendo a buscar a su padre y a la misma hora del concurso en la estación donde le recogió su padre con el mismo violín le tocó para él solo delante de todos la pieza del concurso en muestra de agradecimiento… eso es la música… agradecimiento y eso debería ser la música de nuestra vida: agradecimiento..
  • la gratitud procede del amor y su fundamento es el amor…
  • NO TEMOR, SINO AMOR… perder el miedo a equivocarse; cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es libre… Eso es la redención: el perdón: cuando el hombre es consciente de que hay perdón, de que hay redención, entonces se rompe el último baluarte de los enemigos de la libertad que es el de meter miedo, se pierde el miedo incluso al de la propia equivocación entonces el hombre es libre y es cuando saca lo mejor de sí mismo
  • Israel tiene la conciencia de que es el amor de Dios el que se le adelanta… los salmos
  • Ante un beneficio se genera un sentimiento de estima que se expresa con el agradecimiento (sino es posible devolver permanece la disposición de hacerlo)… es algo natural: de bien nacidos… 
  • la ingratitud es fuente de desgracias en la SE… 
  • En la cultura moderna se tiende a AMAR A LAS COSAS Y UTILIZAR A LAS PERSONAS… Por eso se pierde el agradecimiento… la Iglesia debe enseñar por el amor y la pobreza que es justo todo lo contrario.
  • J.C. es el “dador de gracias” (multiplicación de panes, oraciones, Lázaro y Cena) así lo continúa la Iglesia y así seguiremos en el Cielo por la visión beatífica (Ap 11,17)

5 comentarios en “Acciones de gracias

  1. Yo me voy a basar en la acción de gracias, después de recibir la Sagrada Comunión. Ahí estamos con El verdaderamente. De ahí su importancia de la preparación y acción de gracias.
    La misma naturaleza del Sacramento de la Eucaristia reclama (la acción de gracias) para que su percepción produzca en los cristianos abundancia de frutos de santidad Ciertamente ha terminado la reunión pública de la comunidad, pero cada cual, unido con Cristo, conviene que no interrumpa el cántico de alabanza, dando siempre gracias a Dios Padre en nombre de Nuestro Señor Jesucristo (Ef 5, 20) […]. Tan lejos está la Sagrada Liturgia de reprimir los íntimos sentimientos de cada uno de los cristianos, que más bien los reanima y los estimula para que se asemejen a Jesucristo, y por Él se encaminen al Eterno Padre; por lo cual ella misma quiere que todo el que hubiere participado de la Hostia santa del altar, rinda a Dios las debidas gracias, pues a nuestro Divino Redentor le agrada oír nuestras súplicas, hablar con nosotros de corazón a corazón, y ofrecernos un refugio en el suyo ardiente (Pío XII, Enc. Mediator Dei, n. 30).

    “No os alejéis del templo apenas recibido el Santo Sacramento”. ¿Tan importante es lo que os espera, que no podéis dedicar al Señor diez minutos para decirle gracias? No seamos mezquinos. Amor, con amor se paga (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Homilía 13-4-1973, Sacerdote para la eternidad, 1. c., p. 43).

    Habiendo ya rezado las oraciones para después de la Comunión, debemos invocar ayuda a la Santísima Virgen, a los ángeles y a los santos, para dar juntos gracias a Dios por el favor que acaba de dispensarnos. La unión espiritual con Cristo, a la que se ordena el mismo sacramento, no se ha de procurar únicamente en el tiempo de la celebración eucarística, sino que ha de extenderse a toda la vida cristiana, de modo que los fieles cristianos, contemplando asiduamente en la fe el don recibido, y guiados por el Espíritu Santo, vivan su vida ordinaria en acción de gracias y produzcan frutos más abundantes de caridad. Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de gracias, que de un modo eminente se da a Dios en la Misa, se recomienda a los que han sido alimentados con la sagrada comunión que permanezcan algún tiempo en oración (PABLO VI, Enc. Eucharisticum mysterium, n. 38).

    No sólo hemos de avivar nuestra devolución antes de la comunión, sino que la hemos de conservar solícitamente después de recibir el sacramento. No ha de ser menor el cuidado de después que la preparación de antes. Porque el buen cuidado posterior es otra óptima preparación para conseguir mayor gracia. En cambio, se indispone grandemente para ella el que enseguida se entrega a exteriores entretenimientos. Evita conversaciones, permanece solo y goza de tu Dios, pues tienes al que nadie te puede quitar. Yo soy a quien debes darte del todo, de manera que ya no vivas más en ti, sino en Mí, sin ninguna preocupación (TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Cristo, IV, 12,4).

    Aquel tiempo que sigue después de la comunión es el mejor que hay para negociar con Dios y para abrazarle dentro de tu corazón. Y así debe el hombre estar este tiempo en la iglesia o donde comulgó dando gracias al Señor por este beneficio y ocupando su corazón en santos pensamientos y oraciones (FRAY LUIS DE GRANADA, Del Sacramento de la Eucaristía)

    El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, íntima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 92)

    Después que lo hayas recibido, invita a tu corazón a rendirle homenaje a este Rey de salud; trata con Él de tus asuntos íntimos; contémplale en tu interior, donde Él ha venido a morar para dicha tuya; finalmente, hazle la mejor acogida posible y compórtate de manera que en todas tus actuaciones se eche de ver que Dios está contigo (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 2, 21).

  2. En mi opinión, normalmente nos apuntamos al agradecimiento cuando nos sentimos agraciados y protegidos por Dios. Es decir, cuando todo nos va bien, o mejor dicho, cuando las cosas marchan como nosotros queremos. Cuando Dios es el instrumento de nuestros deseos. Sin embargo, la prueba de fuego es sentirse agradecido en la dificultad: “Dios mío, gracias, gracias por todo: por lo que me contraría, por lo que no entiendo, por lo que me hace sufrir”. Posiblemente, en un país como España, donde la mayor parte de las personas tenemos exceso de todo, o de todo en exceso, compartimos más de lo primero que de lo segundo.
    Somos unos privilegiados y deberíamos ser agradecidos en extremo.
    Por otra parte, el comentario de Rosa me parece muy interesante, pues la rapidez con la que abandonamos la casa de Dios, al finalizar la misa, me recuerda a la actitud adolescente en la que todo lo importante se halla fuera de la casa familiar. Cuánto nos cuesta estar unos minutos más con el Padre, pues no nos queda sitio en el bar para el aperitivo… Y apenas hemos salido de la Casa de Dios, cuando ya estamos enfrascados en las miserias humanas: “a este no le saludo porque es un antipático”, “no me siento al lado de esa para que no digan”, “a ver si me cuelo en la panadería, que tengo prisa”,”mira a ese cretino”,…
    Otra cosa que me choca mucho en la mayoría de las misas a las que asisto en España, es lo que nos cuesta ser agradecidos con los que nos rodean en el momento de la paz. ¡Cuántas personas cristiano practicantes no se dignan a darse la paz con sus semejantes! Parece una actitud un poco ruin si queremos ser cristianos auténticos.
    Pero aún me sorprende más nuestra actitud orgullosa durante la Consagración, cuando permanecemos altivos ante Jesucristo, Hijo de Dios, que se presenta ante nosotros, una vez más, cada Domingo, para penetrar en nuestra humilde morada. Qué pocas personas reciben a Jesús de rodillas, como muestra de humildad, de absoluto agradecimiento y de veneración. Entiendo que hay personas mayores, cuyos problemas físicos y dolencias les impiden arrodillarse, pero la gente sana, joven, llena de fuerza y energía; los que todavía podemos, deberíamos recibir mejor a Quien se ha ofrecido por nosotros para salvarnos. “Señor ten piedad, Cristo ten piedad”

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