Sobre los métodos contraceptivos en la vida matrimonial

pareja a la(s) 18.58.58Leemos en la “Relatio post disceptationem“ del Sínodo preparatorio sobre la Familia que

“No es difícil constatar la difusión de una mentalidad que reduce la disminución de la generación de la vida a una variable del proyecto individual o de pareja (…) Probablemente también en este ámbito es necesario un lenguaje realista, que (…)  sepa dar razones de la belleza y de la verdad de una apertura incondicionada a la vida, como aquello de lo que el amor humano necesita para ser vivido en plenitud.”

Pues bien, hace unos días Joaquín hizo este comentario en el blog y que pongo a continuación por glosar este punto del Sínodo. (Joaquín, para quienes no lo sepáis, además de un gran amigo, es uno de nuestros más fieles colaboradores del blog):

“Un tema realmente delicado y lleno de controversia. En mi opinión, los métodos contraceptivos huyen del amor a la entrega y a la oportunidad generosa de engendrar vida nueva. La visión del amor sexual como mera expresión de cariño, desahogo, descarga de estrés, actividad relajante, etc. es demasiado corta y muy lejana de lo que significa que el hombre haya sido creado a partir de un Dios de infinito amor y misericordia capaz de poner en manos de sus seres creados el milagro de la vida.

Efectivamente, lo que Dios nos entrega en el Sagrado Sacramento del Matrimonio es el don y la capacidad de procrear a otros como nosotros. Cerrar esa vía es un acto puro de egoísmo. Es algo tan ruin como entrar en un cine y cerrar la puerta para que otros no puedan disfrutar de la película. Una vez dentro de la sala, es sólo para nosotros.

Evidentemente hay muchos factores y condicionantes implicados en el hecho sencillo, complejo, pero maravilloso de poder engendrar a través del amor y la entrega sin límite. Quizá esta imagen no deja de ser una utopía, pero acaso el hombre no busca trascender lo puramente terrenal. Pues bien, aquí se ofrece a los esposos una oportunidad única de ser trascendentes, de desligarse de las ataduras mundanas y mirar con fe y esperanza a un futuro a través de una nueva forma de vida.

No obstante, para entender esto hace falta una profunda reflexión y aprendizaje sobre lo que significa y es el matrimonio, así como sobre la relación en pareja.

No somos para nosotros, somos, gracias a Dios, para Él y para la Vida. Hay radica en los métodos contraceptivos la traición, pues se centran en el egoísmo del placer momentáneo, lo que supone un debilitamiento de la relación profunda entre los amantes: busco mi propio beneficio usándo al otro como medio de satisfacción. Puede que eso sea relajante, pero a la larga no es más que como ir a una pastelería e hincharse de pasteles. Al final se aborrecen y se detestan.

El amor conyugal, como un tesoro que es, debe disfrutarse como tal, ofreciéndole la importancia que se merece y de de acuerdo al fin divino de la prolongación de la vida basada en el amor ¿No hizo Dios eso con nosotros? No me imagino a Dios diciendo: No, Joaquín. No te voy a crear porque ahora estoy muy ocupado y no me viene bien. Ya tengo bastante con 7.000 millones de personas. No hace falta ninguna más. Gracias Señor, Dios Padre por no pensar así y regalarme no sólo la oportunidad de una vida terrenal, sino lo que es más grande aún: compartir la Vida Eterna Contigo.

No obstante, también hay que señalar que la vida en el matrimonio es cosa de dos. Y aunque habría que ser una unidad, nuestras flaquezas nos impiden muchas veces estar en el mismo sitio. Quizá por ello, muchas parejas no son capaces de dar el paso definitivo, a ciegas, hacia el Amor. Como decías, Padre Rafael, hace días en una de las entradas, como en el ofertorio de la misa, qué importante es decir: “¡Allá voy, Señor!”. …  Mea culpa!!

!!Buen día!!

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4 comentarios en “Sobre los métodos contraceptivos en la vida matrimonial

  1. Sigue pareciéndome que el comentario de nuestro querido amigo Joaquín es maravilloso. Difícil me resulta el dar una opinión, cuando él lo ha expresado tan bien, pero lo voy a intentar:

    Me parece pertinente reflexionar acerca de algunos criterios e ideas que se presentan en la cultura actual y sobre el hecho del número de hijos que cada familia desea y planea tener. ¿Cuántos son suficientes? ¿Qué es lo mejor para mí, para nosotros? ¿Qué es lo que quiero/queremos? Son preguntas que toda pareja se formula. Evidenciamos que muchas veces en estas opciones intervienen criterios y argumentos que responden a lo que muchos conocen como una mentalidad anticonceptiva. Es decir, son más las razones y argumentos que se presentan para evitar o posponer concebir un hijo que aquellas que llevan a una apertura al don de la vida.

    Esta manera de pensar responde muchas veces a una actitud egocéntrica, más cómoda, más facilista, en la cual predomina satisfacer los propios intereses o proyectos, por encima de abrirse a la posibilidad de tener un hijo; puesto que ello representa un obstáculo para conseguir los propios fines. No es raro que muchas parejas que se casen aspiren a dedicar muchos años en viajar, estudiar, realizarse profesionalmente, adquirir los bienes necesarios para recién pensar en una familia, cuando ya puede ser demasiado tarde.

    Quienes se aproximan así, no recurren normalmente a los medios naturales para posponer los embarazos, más bien recurren a medios artificiales, como los anticonceptivos o métodos de esterilización, que en sí mismos comportan otros efectos, como el hecho de muchos de ellos ser abortivos.

    Con esto no quiere decirse que para una pareja no sea válido moralmente hablando tener una planificación de los hijos a tener. Sin embargo las diversas situaciones y circunstancias ya sean personales, profesionales, económicas, etc. no deben ser un impedimento para abrirse al don de la vida.

    Muchos piensan que no vivir así es una locura, una irresponsabilidad, porque “¿Quién quiere traer niños a sufrir al mundo?”, “¡Qué problemático llenarse de hijos!”, “¡Qué dificultad el mantenimiento económico!”, “¡no hay suficiente tiempo para dedicarse a ellos!”. Para quién lo mira así, con criterios falaces y muchas veces egoístas, es más difícil. Pero quien se abre a una perspectiva más trascendental, desde una lógica espiritual, desde el amor, desde la confianza en Dios es más fácil. Dios no quiere un mal, Él no es “quien te manda los hijos para ver como tú te defiendes”. Él quiere lo mejor para cada uno, para la familia, pero nos invita a colaborar generosamente con este Plan de amor.

    Termino con una frase de Pablo VI al respecto “El gravísimo deber de transmitir la vida humana ha sido siempre para los esposos, colaboradores libres y responsables de Dios Creador, fuente de grandes alegrías aunque algunas veces acompañadas de no pocas dificultades y angustias” (Humanae Vitae).

  2. Vaya sorpresa! Hace días que no puedo entrar a empaparme de los textos y comentarios y me encuentro en primera página.
    Gracias por la confianza mostrada. Pero más aún por ofrecer un espacio donde intercambiar experiencias, enseñanzas y opiniones.
    Gracias Padre Rafael, y gracias a Rosa por tan valiosos, oportunos, sugerentes textos.
    Lo mejor de estas páginas es que nos empujan a continuar en el camino de Dios y a no dejarnos arrastrar por las olas de la vida, donde se propugna y valora a las personas como a pequeños dioses, dando la espalda al único y definitivo Amor Verdadero.
    Realmente, Rosa lo ha resumido muy bien: “son más las razones y argumentos que se presentan para evitar o posponer concebir un hijo que aquellas que llevan a una apertura al don de la vida”. Pero esto sucede porque las parejas sólo confían en sus fuerzas y nos olvidamos de la inestimable fuerza que Dios Padre nos proporciona si nos abrimos a Él.

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