Orar con Santa Teresa de Jesús

586Me envía esta oración la Hna. María Teresa, mi Capellana. Espero que os ayude como a mí:

Vamos a orar de la mano de Santa Teresa que nos va a introducir en las Moradas del  Castillo Interior. Un libro escrito por ella en el año 1577 cumplidos los 62 años, con una experiencia de vida muy intensa, el 2 de Junio, día de la Santísima Trinidad, por mandato del Carmelita Jerónimo Gracián.

Desde hoy, Santa Teresa será la amiga que te introduzca en tu propio Castillo o morada interior, te enseñe cómo  y por dónde se entra y qué hay que hacer, una vez dentro, en cada una de las Moradas.

Es un camino que te llevará a “descubrirte en profundidad.”

¿Quién te ha dicho alguna vez que tu alma es como un castillo, hecho de diamante o muy claro cristal? ¿Quién te ha ayudado a conocer a Jesús desde lo más humano? ¿Qué amigo te ha dejado leer con tanta libertad su diario? Ella nos regala sus “experiencias con Dios,” sus escritos más íntimos, para que de su mano encontremos el “tesoro que llevamos dentro”.

 Primera Morada: Castillo Interior

¿Qué es un castillo interior?: nuestra alma, palacio habitado donde Dios tiene su “trono”.

¿Cómo es por dentro? Tiene muchas moradas, unas en lo alto, otras abajo, otras a los lados; y el centro y mitad de todas estas tiene la más principal, que esa “donde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma”.

¿Por dónde se entra? La puerta por donde se entra en este castillo es la oración.

Y dentro, ¿qué hago? Poner los ojos en el “centro” que es la pieza o palacio donde está el rey. Es una peregrinación al “interior” al encuentro transformante con Jesús, abriendo nuestro corazón, “mirarle” y dejarnos “mirar” por El.

¿Qué es orar? Nos dice la santa: “es estar muchas veces, a solas, tratando de amor, con aquel que sabemos nos ama”. Vamos a aprender a orar. Si estamos con el que sabemos no ama, no puede haber ningún temor, nos conoce bien, estamos agusto…

“Todo este cimiento de la oración, va fundado en la humildad…” (V 22,11) “…y que mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios” (V 22,11). “No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho” (4M 1,7).”…lo que más os despertare a amar, eso haced” (4M 1,7)

Evangelio: Lucas 1,26-38.

Nos dice la santa” OH Señor y Dios mío, y cómo tenéis palabras de vida, donde los mortales hallaron lo que desean si lo quisiéremos buscar”.

Saboreemos este evangelio tan rico de contenido, palabra por palabra.

“Entrando el ángel a su presencia”: María siempre tiene la puerta abierta de su corazón. Cristo también quiere entrar dentro de nosotros, tiene “sed” de que tangamos sed de Él, es el primero en buscarnos. Dios, Aquel de quien todo recibe el ser, de quien yo mismo recibo el hecho de existir y de ser quien soy, me busca, ¡ me desea! para darme a través de su Palabra, la “plenitud de vida “que estoy llamada a vivir. Vamos a aprender a orar, abriendo la puerta del corazón y dejando que “entre en nosotros”,

Algo muy importante: “dejarse hacer”.

Lo esencial como dice la santa: “andar un alma en verdad delante de la misma Verdad”. Esto es: entrar dentro, no huir de nosotros mismos, bajar al sótano de la propia vida, dejarse introducir en esos cuartos oscuros de nuestro corazón que espontáneamente quisiéramos evitar, para llegar a aceptarnos viendo nuestra pobreza, nuestra realidad puesta al descubierto. Puedes meditar muchas cosas, pero si huyes de ti, nunca podrás abrirte al Señor, ni tener ese “encuentro “transformante.

Te dejas conducir, cuando te das cuenta que no son tus “obras”, sino su Amor gratuito que regala, como en la parábola del hijo pródigo…que sale corriendo a abrazarle y besarle aunque el hijo no se lo merezca. Hacer silencio interior para escucharnos y permanecer bajo su mirada sabiendo que todo está patente a sus ojos, antes de que mi palabra llegue a mi boca, Él ya la conoce entera. No hay en mí nada que le impida amarme, ni siquiera el pecado, porque: “Él es el Amor y da Vida amando”.

“¡Alégrate, que el Señor está contigo!, es darte cuenta que dentro de ti llevas al mismo Dios: ser conscientes de su presencia te llenará de gozo interior que nadie te podrá quitar, te dará poco a poco la “plenitud de vida que estás llamada a poseer y gozar, y entonces, como María “proclamarás las grandezas del Señor”. Está en tu vida diaria, en tu trabajo, en tus sufrimientos, en la cruz de cada día, en Ti.

  • Nada te turbe, nada te espante
  • Todo se pasa, Dios no se muda
  • La paciencia todo lo alcanza
  • Quién a Dios tiene, nada la falta
  • Solo Dios basta.

 

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3 comentarios en “Orar con Santa Teresa de Jesús

  1. Me ha encantado la oración de su Capellana. Yo suelo leer muy a menudo a Santa Teresa y mi comentario se basa en una de las muchas cosas que ella escribió y que a mi particularmente me gusta mucho, y lo comparto con todos vosotros.
    Santa Teresa de Ávila tiene unas poesías magníficas y en cada una de ellas podríamos sacar muchas enseñanzas sobre la oración porque reflejan el estado de un alma que elevada su corazón a Aquel que sabía que le amaba y lo hacía con una familiaridad admirable y al mismo tiempo con el respeto propio de quien sabía que trataba con la divina Majestad. Una de las poesías más conocidas es la que tiene como estribillo: “Vuestra soy, para vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?”. Esta oración de Santa Teresa corresponde a lo que San Ignacio llama el “principio y fundamento” en sus ejercicios espirituales, es decir, reconocer que venimos de Dios y que vamos a Dios.
    “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la persecución del fin para que es criado” (Ejercicios Espirituales, 23). Es muy provechoso comenzar nuestra oración con esta actitud de Santa Teresa y de San Ignacio: “Soy tuyo: ¿qué quieres que haga?”. Así se reconoce nuestra dependencia de Dios: Somos de Dios. Pero esto que parecería una especie de servidumbre, es una verdadera liberación. Soy de Dios por lo tanto soy propiedad suya. El me cuidará. Le preocupo. No le es indiferente lo que me pasa. Cristo recordó en su discurso de la montaña esta preocupación de Dios por nosotros. Si Dios cuida de los pájaros y de los lirios, ¿cómo no va a cuidar de nosotros? (Mt 6, 25-34). El “vuestra soy” de Santa Teresa, contrariamente a lo que piensa el mundo, es una verdadera liberación; es vivir la actitud fundamental del cristiano: la libertad cristiana “gloriosa” de los hijos de Dios (Rom 8, 21).
    Entrar en oración es entrar en un espacio de libertad interior para liberarnos de las asechanzas del enemigo, del influjo del mundo, del sometimiento de nuestras pasiones. Así entramos en el maravilloso mundo de Dios, para recordar nuestra verdadera identidad: soy hijo de Dios. El cuida de mí. Soy suyo. No estoy solo. El me acompaña. El me perdona. El me guía. El me ama. Por eso no es de extrañar que en nuestro contacto con personas de oración veamos en ellos una especie de aureola de libertad que nos sorprende y nos atrae. Nos sabemos de dónde viene pero queremos tener lo que ellos tienen. Esta libertad interior es rara hoy día porque vivimos en un mundo muchas veces superficial, lleno de banalidades. La oración nos sitúa en el centro de nuestro ser, nos coloca allí donde verdaderamente somos nosotros mismo y nos libera de tantas esclavitudes presentadas como falsas liberaciones.
    Santa Teresa añade una segunda parte al estribillo: “¿Qué queréis hacer de mí?”. Esta es la actitud de enamorado que está dispuesto a hacer lo que sea por la persona amada, incluso a dar su vida, si fuera necesario. ¿Qué quieres que haga? Es la pregunta de San Pablo en el momento de su conversión (Hch 22, 10). Comenzar así con esta libertad de quien se sabe amado y de quien está dispuesto a amar, a hacer lo que sea por el Amado, es el mejor modo de iniciar la oración. En realidad durante toda la oración hay que conservar esta actitud de libertad, de entrega, de amor: Soy todo tuyo; para ti nací. ¿Qué quieres hacer de mí? En la oración el Espíritu no sólo nos concede este don; también susurra al alma la respuesta a esta pregunta y así el Señor se convierte en el gran Maestro interior del alma, en el Camino, Verdad y Vida del orante (Cf. Jn 14, 6).

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