Eucaristía y Matrimonio

Familia_FlickrAitorLopezDeAudikana_CC-BY-NC-SA-2.0La Eucaristía, sacramento de la caridad, muestra una relación particular con el amor entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. La Alianza de Dios con la humanidad primero y con su Pueblo después es ratificada definitivamente por Jesucristo en la Nueva y eterna Alianza de la Última Cena. Profundizar en esta relación es una necesidad propia de nuestro tiempo.[1]: «La Eucaristía es el sacramento de nuestra redención. Es el sacramento del Esposo, de la Esposa».[2] De hecho, «toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el Bautismo, que introduce en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el baño de bodas que precede al banquete de bodas, la Eucaristía».[3]

“En la muerte de Cristo en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. … Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor… La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implica en la dinámica de su entrega. La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre. … La Eucaristía corrobora de manera inagotable la unidad y el amor indisolubles de cada Matrimonio cristiano. En él, por medio del sacramento, el vínculo conyugal se encuentra intrínsecamente ligado a la unidad eucarística entre Cristo esposo y la Iglesia esposa (cf. Ef 5,31-32). El consentimiento recíproco que marido y mujer se dan en Cristo, y que los constituye en comunidad de vida y amor, tiene también una dimensión eucarística. (Deus caritas est 12-13)

En efecto, en la teología paulina, el amor esponsal es signo sacramental del amor de Cristo a su Iglesia, un amor que alcanza su punto culminante en la Cruz, expresión de sus «nupcias» con la humanidad y, al mismo tiempo, origen y centro de la Eucaristía

El vínculo fiel, indisoluble y exclusivo que une a Cristo con la Iglesia, y que tiene su expresión sacramental en la Eucaristía, se corresponde con el dato antropológico originario según el cual el hombre debe estar unido de modo definitivo a una sola mujer y viceversa (cf. Gn 2,24; Mt 19,5).

Puesto que la Eucaristía expresa el amor irreversible de Dios en Cristo por su Iglesia, se entiende por qué ella requiere, en relación con el sacramento del Matrimonio, esa indisolubilidad a la que aspira todo verdadero amor.[Catec 1640 Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina (cf CIC can. 1141)]

La praxis de la Iglesia de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, esta fundada en la Sagrada Escritura (cf. Mc 10,2-12), y se basa en que su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía. 

Fuente: Sacramentum caritatis y Deus Caritas est

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5 comentarios en “Eucaristía y Matrimonio

  1. En la teología de san Pablo “el amor esponsal es signo sacramental del amor de Cristo a su Iglesia, un amor que alcanza su punto culminante en la Cruz, expresión de sus ‘nupcias’ con la humanidad y, al mismo tiempo, origen y centro de la Eucaristía”.

    “El vínculo fiel, indisoluble y exclusivo que une a Cristo con la Iglesia, y que tiene su expresión sacramental en la Eucaristía, se corresponde con el dato antropológico originario según el cual el hombre debe estar unido de modo definitivo a una sola mujer y viceversa”. “Puesto que la Eucaristía expresa el amor irreversible de Dios en Cristo por su Iglesia, se entiende por qué ella requiere, en relación con el sacramento del Matrimonio, esa indisolubilidad a la que aspira todo verdadero amor”.

    El Papa Emérito Benedicto XVI califica de “problema pastoral difícil y complejo” la situación de quien, después de haber celebrado el sacramento del Matrimonio, se ha divorciado y contraído nuevas nupcias. “El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía”.

    Esas personas, sin embargo, continúan perteneciendo a la Iglesia, “que los sigue con especial atención, con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano”. En caso de que existan dudas legítimas sobre la validez del Matrimonio, se debe hacer lo que sea necesario para averiguar su fundamento. En estos casos se ha de evitar contraponer la preocupación pastoral al derecho. “Se debe partir del presupuesto de que el amor por la verdad es el punto de encuentro fundamental entre el derecho y la pastoral”. Por esto, cuando no se reconoce la nulidad del vínculo matrimonial y se dan las condiciones objetivas que hacen la convivencia irreversible de hecho, “la Iglesia anima a estos fieles a esforzarse en vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana; así podrán acercarse a la mesa eucarística, según las disposiciones previstas por la praxis eclesial. Para que semejante camino sea posible y produzca frutos, debe contar con la ayuda de los pastores y con iniciativas eclesiales apropiadas, evitando en todo caso la bendición de estas relaciones, para que no surjan confusiones entre los fieles sobre del valor del matrimonio”.

  2. Genial Rosa!! Claro y contundente. Lo malo es que anteponemos el bienestar personal al verdadero camino del bien y al amor a Dios. En mi opinión, para justificar nuestras debilidades, intentamos adaptar el mensaje único y veraz de Dios, a través de la Iglesia, a nuestras situaciones personales. es como si Dios tuviera que aceptar la opinión de la mayoría. como si Dios, debiera considerarse bajo un espíritu democrático, cuando, en realidad, dios sólo puede considerarse bajo y desde su propia esencia y Espíritu. No hay múltiples caminos hacia el Bien absoluto. Hay formas de hacer el bien, pero sólo hay un camino para encontrarnos el Bien Único y Absoluto, a través de su Palabra revelada a los Hombres. Y esto no es ningún tipo de fundamentalismo, pues incluso este Bien Absoluto y Único, no es excluyente, al ser infinitamente generoso y misericordioso. Pero no podemos confundir ni mezclar todo en un mismo saco. Una cosa es el verdadero camino y otra la piedad y misericordia divina.
    Dios es claro, pero nuestros ojos eligen ver según nuestro interés.
    Así en el Matrimonio, sucede que ante las dificultades, preferimos saltar del barco y permitir que se hunda, antes que navegar hacia buen puerto. Huir es siempre la primera respuesta ante la falta de compromiso.

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