“El control de la natalidad y la alianza matrimonial”, de John Kippley

3763__411e14ac1ac65Me ha parecido muy interesante este texto autobiográfico de Scott y Kimberly Hahn sobre la influencia que sobre ellos representó la lectura del libro “El control de la natalidad y la alianza matrimonial” de John Kippley, en la comprensión de la contradicción que representa para la alianza matrimonial la anticoncepción,  Al hablar del tema con Scott, Kimberly le pidió que lo leyera. Éstas son las palabras textuales del marido:

“Lo vi y pensé [dijo Scott]: ‘¿Editorial Litúrgica? ¡Este tipo es un católico! ¡Un papista! ¿Qué hace plagiando la noción protestante de la alianza?’ Sentí aún más curiosidad por saber lo que decía. Me senté a leer el libro, y al cabo de un rato, empecé a pensar: ‘Aquí hay algo que anda mal. No puede ser… ¡este hombre dice cosas muy sensatas!’ El autor demostraba cómo el matrimonio no es un mero contrato en el que se intercambian bienes y servicios; decía que es una alianza que lleva consigo una interrelación de personas. La tesis principal de Kippley era que toda alianza tiene un acto por el cual se lleva a cabo y se renueva; y que el acto sexual de los cónyuges es un acto de alianza. Cuando la alianza matrimonial se renueva, Dios la utiliza para dar vida. Renovar la alianza matrimonial y usar anticonceptivos para evitar una potencial nueva vida equivalía a algo semejante a recibir la Eucaristía para luego escupirla en el suelo.

Kippley continuaba diciendo que el acto conyugal demuestra de modo único el poder dador de vida del amor en la alianza matrimonial. Todas las otras alianzas muestran y transmiten el amor de Dios, pero sólo en la alianza conyugal el amor es tan poderoso que comunica la vida. Cuando Dios hizo al ser humano, varón y mujer, el primer mandamiento que les dio fue el de ser fecundos y multiplicarse. Eran así una imagen de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres en uno, la familia divina. De modo que cuando ‘los dos se hacen uno’ en la alianza matrimonial, el ‘uno’ se hace tan real que ¡nueve meses después hay que ponerle un nombre! El hijo encarna la unidad de su alianza.

Entonces comencé a comprender que cada vez que Kimberly y yo realizábamos el acto conyugal, obrábamos algo sagrado; y que cada vez que frustrábamos con anticonceptivos el poder de dar vida del amor, hacíamos una profanación (porque profanar es, por definición, tratar algo sagrado de manera común).

Yo estaba impresionado, pero no quería que se notara. Cuando Kimberly me preguntó qué pensaba del libro le dije simplemente que era interesante. Poco después empecé a ver cómo ella convencía a mis amigos, uno por uno ¡Algunos de los más inteligentes y formados cambiaron de opinión! [en general todos protestantes y profesores de teología]
Fue entonces cuando descubrí que todos los reformadores —Lutero, Calvino, Zwinglio, Knox y todos los demás— habían sostenido, sobre esta cuestión, la misma postura que la Iglesia católica -Scott Hahn quiere decir aquí que las Iglesias derivadas de la Reforma sostuvieron hasta el primer cuarto del s. XX lo mismo que enseña la doctrina católica; a partir de los años ‘30 aproximadamente abandonaron esa postura declarando lícita la anticoncepción. Sólo la Iglesia católica siguió enseñando esta doctrina impopular pero verdadera-.

Eso me perturbó aún más. La Iglesia católica romana era la única iglesia cristiana en todo el mundo que tenía el valor y la integridad para enseñar esta verdad tan impopular. Yo no sabía qué pensar, así que recurrí a un viejo dicho de familia: ‘Hasta un cerdo ciego puede encontrar una bellota’. Es decir, después de dos mil años, hasta la Iglesia católica por fin daba en el clavo en algo… Pero católica o no, esta enseñanza era verdad; así que Kimberly y yo nos deshicimos de los anticonceptivos que estábamos usando y empezamos a confiar en el Señor de un modo nuevo en lo que concernía a nuestro proyecto familiar. Al principio utilizamos los métodos naturales durante unos meses. Luego decidimos estar abiertos a una nueva vida en cualquier momento en que Dios quisiera otorgarnos esa bendición”. Hahn, Scott y Kimberly, Roma, dulce hogar, cap. 3

 

 

4 comentarios en ““El control de la natalidad y la alianza matrimonial”, de John Kippley

  1. Muybueno. Me encantó esta frase:”Todas las otras alianzas muestran y transmiten el amor de Dios, pero sólo en la alianza conyugal el amor es tan poderoso que comunica la vida”
    Entenderlo y vivirlo supone vivir en una nueva dimensión donde de verdad se muestra “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. ¿Cómo podemos negar al futuro prójimo la vida que Dios nos ha regalado?
    Qué bonito final: “decidimos estar abiertos a una nueva vida en cualquier momento en que Dios quisiera otorgarnos esa bendición”

    1. Muchas gracias Joaquín, por todos tus comentarios. Sí, se trata de un tema difícil y en el que la mente está bajo presión con los sentimientos y los apetitos. Y encontrar el espacio de libertad para sopesar adecuadamente todos los aspectos no resulta fácil. Un abrazo

  2. Tampoco es propiamente «lo mío» el aportar datos y estadísticas. Pero asimismo estimo oportuno proporcionarlos… remontándonos a aquellos tiempos en que eran significativos, porque el uso de contraceptivos no estaba tan difundido como hoy, y podían observarse mejor las diferencias entre quienes los utilizaban y quienes no. El núcleo de la comprobación «experimental» cabe encontrarlo en Relato de una madre, de Victoria Gillick:
    «A lo largo de los últimos años —escribe la autora—, en el tiempo en que más y más parejas han estado usando continuamente la contracepción, el número de divorcios ha crecido como la espuma».

    Más adelante, recuerda las palabras de Pablo VI, «… cuando advertía que el fácil control de los nacimientos fomentaría la infidelidad matrimonial, el indiferentismo de los hombres y su agresividad sexual». Y agrega: «… nos guste o no, ahí está el hecho de que la “infidelidad matrimonial” y “la conducta irracional” son los dos motivos citados con más frecuencia en las causas de divorcio en estos años. En 1986, por ejemplo, casi la mitad de los divorcios fueron concedidos por el primer motivo, con 27.000 maridos adúlteros y 19.000 mujeres adúlteras; mientras que la otra mitad de los divorcios fueron concedidos a 57.000 esposas a causa del comportamiento irracional de los maridos».

    «¿No es muy posible —prosigue— que haya alguna relación directa o indirecta entre la contracepción continua y el derrumbamiento del matrimonio? Después de todo, se ha observado un aumento rápido de los conflictos matrimoniales en todos aquellos sitios donde se ha introducido la contracepción a gran escala, aun en los países en los que el divorcio no está legalizado. En un libro excelente y lleno de detalles, publicado en 1985 y titulado La píldora amarga, La Doctora Ellen Grant señala que un estudio de 1974 del Real Colegio de Médicos Generales había encontrado ya que el divorcio era dos veces más frecuentes entre las usuarias de la píldora».

    Todo ello es evidente. Pero en absoluto disminuye la fuerza de las correlaciones que acabo de consignar, y que podrían resumirse así: a mayor uso de medios anticonceptivos, automático incremento de conflictos, infidelidades, violencia y separaciones.

    Se trata de hechos, verificables y compulsados. Esto es lo que ha ocurrido, en Occidente, con la difusión de las prácticas anticonceptivas.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s