“Visión de fe”, “visión sobrenatural” (credere in Deum: creer hacia Dios)

Melbourne beach pier sunset 9.26.49 PMHemos hablado estos días de dos aspectos de la fe que son necesarios para la caridad. Nos queda el tercero, porque la caridad, además de presuponer la fe en lo que Dios ha revelado y creerlo porque es Él quien lo ha revelado, exige también tomar esa verdad como guía para dirigir toda la conducta hacia Dios («credere in Deum»). Es la dimensión de la fe a la que se refiere Camino:

Fe. –Da pena ver de qué abundante manera la tienen en su boca muchos cristianos, y con qué poca abundancia la ponen en sus obras. –No parece sino que es virtud para predicarla, y no para practicarla.

Se trata de entender la“vida de fe” como una fe que guía la vida. No podemos contentarnos con una perspectiva simplemente humana, que sería una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. Hemos captar la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen. La fe pide que adoptemos la perspectiva propia de la visión de los hijos que consideran todo con la lógica de Dios, la lógica de la fe. 

El contraste entre la “visión sobrenatural” y la “visión humana” se hace patente sobre todo en la actitud ante «el mensaje de la Cruz, necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan (…) fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1 Co1,18.24). La fe viva muestra que el camino del amor pasa por el sacrificio.

3 comentarios en ““Visión de fe”, “visión sobrenatural” (credere in Deum: creer hacia Dios)

  1. ¿Cómo influye la personalidad en la vida diaria? ¿puede cambiar una persona? ¿qué papel desarrolla la gracia?

    ¿Por qué reacciono de ese modo? ¿Por qué soy así? ¿Podré cambiar? Son algunas de las preguntas que alguna vez pueden asaltarnos. A veces, nos las planteamos respecto a los demás: ¿por qué tiene ese modo de ser?… Vamos a profundizar sobre estas cuestiones, mirando a nuestra meta: parecernos cada vez más a Jesucristo, dejándolo obrar en nuestra existencia.

    Este proceso abarca todas las dimensiones de la persona, que al divinizarse conserva los rasgos de lo auténticamente humano, elevándolos según la vocación cristiana. Y es que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre: perfectus Deus, perfectus homo. En Él contemplamos la figura realizada del ser humano, pues «Cristo Redentor (…) revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal es −si se puede hablar así− la dimensión humana del misterio de la Redención. En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad»

    La nueva vida que hemos recibido en el Bautismo está llamada a crecer hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo

    Si bien lo divino, lo sobrenatural, es el elemento decisivo en la santidad personal, lo que une y armoniza todas las facetas del hombre, no podemos olvidar que esto incluye, como algo intrínseco y necesario, lo humano: Si aceptamos nuestra responsabilidad de hijos suyos, Dios nos quiere muy humanos. Que la cabeza toque el cielo, pero que las plantas pisen bien seguras en la tierra. El precio de vivir en cristiano no es dejar de ser hombres o abdicar del esfuerzo por adquirir esas virtudes que algunos tienen, aun sin conocer a Cristo. El precio de cada cristiano es la Sangre redentora de Nuestro Señor, que nos quiere −insisto− muy humanos y muy divinos, con el empeño diario de imitarle a Él, que es “perfectus Deus, perfectus homo”.

    La acción de la gracia en las almas va de la mano con un crecimiento en la madurez humana, en la perfección del carácter. Por eso, al mismo tiempo que cultiva las virtudes sobrenaturales, un cristiano que busca la santidad procurará alcanzar los hábitos, modos de hacer y de pensar que caracterizan a alguien como maduro y equilibrado. Se moverá no por un simple afán de perfección, sino para reflejar la vida de Cristo; por eso, san Josemaría anima a examinarse: −Hijo: ¿dónde está el Cristo que las almas buscan en ti?: ¿en tu soberbia?, ¿en tus deseos de imponerte a los otros?, ¿en esas pequeñeces de carácter en las que no te quieres vencer?, ¿en esa tozudez?… ¿Está ahí Cristo? −¡¡No!! La respuesta nos da una clave para emprender esta tarea: −De acuerdo: debes tener personalidad, pero la tuya ha de procurar identificarse con Cristo.

    Dios cuenta con nuestra personalidad para llevarnos por caminos de santidad. El modo de ser de cada uno es como una tierra fértil que se ha de cultivar: basta quitar con paciencia y alegría las piedras y malas hierbas que impiden la acción de la gracia, y comenzará a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta.

    Cada quien puede hacer rendir los talentos que ha recibido de las manos de Dios, si se deja transformar por la acción del Espíritu Santo, forjando una personalidad que refleje el rostro de Cristo, sin que esto quite para nada los propios acentos, pues variados son los santos del cielo, que cada uno tiene sus notas personales especialísimas.

    Si bien hemos de robustecer y pulir la propia personalidad para que se ajuste a un estilo cristiano, no podemos pensar que el ideal sería convertirse en una especie de “superhombre” En realidad, el modelo es siempre Jesucristo, que posee una naturaleza humana igual que la nuestra, pero perfecta en su normalidad y elevada por la gracia.

    Desde luego, encontramos un ejemplo excelso también en la Santísima Virgen María: en Ella se da la plenitud de lo humano… y de la normalidad. La proverbial humildad y sencillez de María, quizá sus cualidades más valoradas en toda la tradición cristiana, junto a su cercanía, cariño y ternura por todos sus hijos ‒que son virtudes de una buena madre de familia‒, son la mejor confirmación de ese hecho: la perfección de una criatura −¡Más que tú sólo Dios!−, tan plenamente humana, tan encantadoramente mujer: ¡la Señora por excelencia!

  2. Crecimiento Personal: Lo Que Debemos Aprender.
    1. Que siempre existen tres enfoques en cada historia: mi verdad, tu verdad y la verdad.
    2. Que toma mucho tiempo llegar a ser la persona que deseo ser.
    3. Que es más fácil reaccionar que pensar.
    4. Que podemos hacer mucho más cosas de las que creemos poder hacer.
    5. Que no importan nuestras circunstancias, lo importante es como interpretamos nuestras circunstancias.
    6. Que no podemos forzar a una persona a amarnos, únicamente podemos ser alguien que ama; el resto depende de los demás.
    7. Que requiere años desarrollar la confianza y un segundo destruirla.
    8. Que dos personas pueden observar la misma cosa, y ver algo totalmente diferente.
    9. Que las personas honestas tienen más éxito al paso del tiempo.
    10. Que podemos escribir o hablar de nuestros sentimientos, para aliviar mucho dolor.
    11. Que no importa qué tan lejos he estado de Dios, siempre me vuelve a recibir.
    12. Que todos somos responsables de nuestros actos.
    13. Que existen personas que me quieren mucho, pero no saben expresarlo.
    14. Que a veces las personas que menos esperamos, son las primeras en apoyarte en los momentos más difíciles.
    15. Que la madurez tiene que ver más con la experiencia que hemos vivido, y no tanto con los años que hemos cumplido.
    16. Que hay dos días de cada semana por los que no debemos de preocuparnos: ayer y mañana. El único momento valioso es ahora.
    17. Que aunque quiera mucho a la gente, algunas personas no me devolverán ese amor.
    18. Que no debo competir contra lo mejor de otros, sino a competir con lo mejor de mí.
    19. Que puedo hacer algo por impulso y arrepentirme el resto de mi vida.
    20. Que la pasión de un sentimiento desaparece rápidamente.
    21. Que si no controlo mi actitud, ésta me controlará a mí.
    22. Que no hay que decirle nunca a un niño que sus sueños son ridículos, ¿qué tal si me cree?
    23. Que no debemos nunca juzgar a los hijos por sus errores que como padres cometimos cuando éramos jóvenes.
    24. Que es más importante que me perdone a mí mismo a que otros que me perdonen.
    25. Que no importa si mi corazón está herido, el mundo sigue girando.
    26. Que la violencia atrae más violencia.
    27. Que la crítica atrae más discusión y puede llegar a la confusión.
    28. Que decir una verdad a medias es peor que una mentira.
    29. Que las personas que critican a los demás, también me criticarán cuando tengan la oportunidad.
    30. Que es difícil ser positivo cuando estoy cansado.
    31. Que hay mucha diferencia entre la perfección y la excelencia.
    32. Que los políticos hablan igual en todos los idiomas.
    33. Que al final de la vida me doy cuenta que las únicas cosas que valieron la pena son: mi familia, mi fe, un grupo muy selecto de amigos y unas experiencias que me dieron crecimiento personal.
    34. Que es mucho mejor expresar mis sentimientos, que guardarlos dentro de mí.

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