La lámpara de tu ser es tu ojo

382La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras.

La mirada lo ilumina o lo oscurece todo. San Josemaría solía hacer notar de una manera gráfica y bromeando, la distinta impresión que se tiene de un mismo fenómeno, según se observe con cariño o sin él. Y decía -y perdonadme, porque es muy gráfico- que, del niño que anda con el dedo en la nariz, comentan las visitas: ¡qué sucio!; mientras su madre dice: ¡va a ser investigador!

Efectivamente, según miramos a los demás, así los vemos. Si les miramos con cariño, veremos lo que hay de bueno. Si les miramos con antipatía, nos fijaremos sólo en lo malo… y eso sí, siempre corregido y aumentado. En último término, encontramos en los demás lo que queremos ver en ellos.

No desconfiar de entrada. Estar alerta y prevenidos sí, pero no desconfiar:

A veces se hará necesario un poco de audacia para vencer prejuicios y desconfianzas

Se cuenta de un coreano buen cristiano y con preocupación apostólica que, en Pamplona, se subió a un autobús y vio a un japonés. El Japón y Corea han sido siempre enemigos acérrimos. Pensando en cómo podría entablar conversación con él, se sentó a su lado y le dijo: “Mira, aunque seamos de países tan distintos, para todos estos que están mirándonos, tú y yo, chinos”. 

Quizás aquí, frente a esos prejuicios que parecen inamovibles y determinantes, podríamos añadir aquello que poéticamente expresaba D. Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira. Todo lo hace el color del cristal con que se mira”.

Un comentario sobre “La lámpara de tu ser es tu ojo

  1. ¿Qué hace un ojo sano? ¿Para qué sirve? Desde luego para ver, pero ¿qué es ‘ver’?

    Es distinguir o apreciar lo que hay alrededor. Y eso ¿para qué nos sirve? ¿Cuál es la utilidad de ver? Entre otras cosas, para captar e identificar lo que nos rodea: lugares y personas; ubicarnos; medir distancias; tomar rumbo; evadir obstáculos; evitar peligros; disfrutar lo bello.

    Trasladado esto al ámbito espiritual, el ojo sano, es decir, el alma sana, nos permite:
    Captar e identificar nuestra situación espiritual con relación al mundo y a nuestros semejantes; acercarnos si estamos lejos del Señor, y alejarnos de aquello que nos separa de Dios; caminar decididamente hacia Su Luz (nunca en sentido contrario); sacarle la vuelta a las dificultades y a las situaciones que nos puedan hacer caer en tentación; gozar y aprovechar todo lo bello que Dios ha puesto en nuestra vida.
    Así, cuando el alma está abierta a acoger la luz del Señor, todo el cuerpo, es decir, la persona (su voluntad, su inteligencia, sus acciones, etc). se ilumina.

    Si tu ojo es luminoso “es decir, dirigido hacia Dios, elegirá a Dios y estará completamente envuelto por la luz. Verá claro en la vida y sabrá dónde recoger su tesoro.” (Galizzi, p. 128)

    “Debemos entender que el ojo significa la intención con que hacemos todo cuanto hacemos, la cual, si es pura y recta y mira a aquello que debe mirar, todas aquellas obras que hagamos en conformidad con ella serán necesariamente buenas…” (San Agustín. BcPI, p.206)

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