Cuanto más damos, más nos queda

350He estado unos días fuera, y sin escribir en el blog. Aquí os dejo con estas sugerentes ideas de Fernando:.

Hay gente que da con la mano pequeñita, gente que da con la mano grande, y gente que te da hasta la mano. No depende del tamaño de la extremidad, porque la medida está en el corazón.

Algunos hay que piden mucho y no dan nada. Otros no piden por no tener que dar -no quieren «deber favores»-. Y otros hay que piensan que nunca han dado suficiente; lo dan todo sin pedir nada. Dios es de esos.                     Sin embargo… 

La medida que uséis la usarán con vosotros.

Sería bueno que, en esta Cuaresma, nos examinásemos sobre generosidad. Y, para ello, tendríamos que mirar detenidamente el peso y la medida que anidan en nuestros corazones.

A quienes dan poco, cualquier petición les pesa. Se les hace un mundo despojarse de parte de su tiempo, o de su dinero, o de sus planes personales. Sin embargo, a quienes lo dan todo les pesa lo que tienen. Se despojan de ello como quien suelta lastre o se libera de un fardo.

Piénsalo bien: lo que no entregues generosamente te lo van a robar los hombres o la muerte. Si lo entregas, Dios te recompensará. Si te lo roban, nadie te lo devolverá.

Un comentario sobre “Cuanto más damos, más nos queda

  1. La generosidad es la virtud que nos dispone a dar no solamente bienes materiales sino también nuestro tiempo, talento y la propia vida para cumplir la voluntad de Dios, sin esperar nada a cambio en este mundo. Esta virtud vence al pecado de avaricia.

    Jesús enseña que el Reino es un tesoro por el cual hay que dejarlo todo. La motivación es el amor. Ser generoso es imitar a Jesús: “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”. -II Corintios 8:9
    La generosidad es un fruto del amor y un gran testimonio de la presencia de Dios. Experimentando este servicio, glorificamos a Dios por nuestra obediencia en la profesión del Evangelio de Cristo y por la generosidad de nuestra comunión con todos.

    Pidamos a Dios nos de un corazón grande para adorarle y cumplir su voluntad para con Él y los demás, con ánimo generoso.

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