Un año con Francisco, el ‘papa bueno’

Hoy se cumple un año de la elección del Papa Francisco. Aquí os traigo una entrevista reciente (5 de marzo) del Papa en la que nos deja entrar en su forma de vida actual. Y un reciente discurso (6 de marzo) del Papa dirigido al clero de Roma en el que nos deja entrever, con unas breves pinceladas, su corazón sacerdotal.

PP FRANCISCO. Entrevista con el Corriere della Sera 2014

Un año ha transcurrido desde aquel simple buona sera que conmovió al mundo. El lapso de doce meses tan intensos no alcanza para contener la gran masa de novedades y signos profundos de la innovación pastoral de Francisco. Nos encontramos en un pequeño salón en Santa Marta. La única ventana da a un patio que abre un minúsculo ángulo de cielo azul. El Papa aparece de improviso por una puerta, con la cara distendida y sonriente. Se divierte con los varios grabadores que la ansiedad senil del periodista colocó sobre la mesa. “¿Funcionan todos? ¿Sí? Menos mal.” ¿El balance de este año? No, los balances no le gustan. “Yo sólo hago balance cada 15 días, con mi confesor.”

Santo Padre, usted cada tanto llama por teléfono a los que le piden ayuda. ¿Y algunas veces no le creen que sea usted?

Sí, ya me ha pasado. Cuando uno llama es porque tiene ganas de hablar, una pregunta que hacer, un consejo que pedir. Cuando era cura en Buenos Aires, era más fácil. Y a mí me quedó esa costumbre. Es un servicio. Me sale así. Pero es cierto que ahora no es tan fácil hacerlo, dada la cantidad de gente que me escribe.

¿Hay alguno de esos contactos que recuerde con particular afecto?

Una señora viuda de 80 años que había perdido a su hijo. Me escribió. Y ahora le pego una llamadita una vez por mes. Ella está feliz, y yo hago de cura. Me gusta.

Respecto de su relación con su predecesor, Benedicto XVI, ¿alguna vez le pidió un consejo?

Sí, el Papa emérito no es una estatua de museo. Es una institución, a la que no estábamos acostumbrados. Sesenta o setenta años atrás, la figura del obispo emérito no existía. Eso vino después del Concilio Vaticano II, y actualmente es una institución. Lo mismo tiene que pasar con el Papa emérito. Benedicto es el primero y tal vez haya otros. No lo sabemos. Él es discreto, humilde, no quiere molestar. Lo hablamos y juntos llegamos a la conclusión de que era mejor que viera gente, que saliera y participara de la vida de la Iglesia. Una vez vino hasta acá en ocasión de la bendición de la estatua de San Miguel Arcángel, después a un almuerzo en Santa Marta, y después de Navidad le devolví la invitación a participar del consistorio, y él aceptó. Su sabiduría es un don de Dios. Algunos hubiesen querido que se retirara a una abadía benedictina muy lejos del Vaticano. Y yo pensé en los abuelos, que con su sabiduría y sus consejos le dan fuerza a la familia y no merecen terminar en una casa de retiro.

A nosotros nos parece que su modo de gobernar la Iglesia es así: usted escucha a todos y después decide solo. Un poco como el padre general de los jesuitas. ¿El Papa es un hombre solo?

Sí y no, pero entiendo lo que me quiere decir. El Papa no está solo en su trabajo porque es acompañado por el consejo de muchos. Y sería un hombre solo si decidiese sin escuchar a nadie o fingiendo que escucha. Pero hay un momento, cuando se trata de decidir, de poner la firma, en el cual queda solo con su sentido de la responsabilidad.

Usted ha innovado, ha criticado algunas actitudes del clero, ha revolucionado la curia. Con algunas resistencias y algunas oposiciones. ¿La Iglesia ya cambió como usted quería hace un año?

Yo en marzo pasado no tenía ningún proyecto para cambiar la Iglesia. No me esperaba, por decirlo de alguna manera, esta transferencia de diócesis. Empecé a gobernar buscando poner en práctica todo lo que había surgido en el debate entre los cardenales de las diversas congregaciones. Y en mis acciones espero contar con la inspiración del Señor. Le doy un ejemplo. Se había hablado de la situación espiritual de las personas que trabajan en la curia, y entonces empezaron a hacer retiros espirituales. Había que darles más importancia a los ejercicios espirituales anuales: todos tienen derecho a pasar cinco días de silencio y meditación, mientras que antes en la curia se escuchaban tres rezos al día y después algunos seguían trabajando.

¿La ternura y la misericordia son la esencia de su mensaje pastoral?

Y del Evangelio. Son el corazón del Evangelio. De lo contrario, no se entiende a Jesucristo, ni la ternura del Padre, que lo envía a escucharnos, a curarnos, a salvarnos.

¿Pero ese mensaje fue comprendido? Usted dijo que la “franciscomanía” no duraría mucho. ¿Hay algo de su imagen pública que no le guste?

Me gusta estar entre la gente, junto a los que sufren, y andar por las parroquias. No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología del papa Francisco. Cuando se dice, por ejemplo, que salgo de noche del Vaticano para ir a darles de comer a los mendigos de Via Ottaviano… Jamás se me ocurriría. Sigmund Freud decía, si no me equivoco, que en toda idealización hay una agresión. Pintar al Papa como si fuese una especie de Superman, una especie de estrella, me resulta ofensivo. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos como todos. Es una persona normal.

¿Le molestó que lo acusaran de marxista , sobre todo en Estados Unidos, tras la publicación de “Evangelii Gaudium”?

Para nada. Nunca compartí la ideología marxista, porque es falsa, pero conocí a muchas personas buenas que profesaban el marxismo.

Los escándalos que perturbaron la vida de la Iglesia ya quedaron afortunadamente atrás. Sobre el delicado tema del abuso de menores, los filósofos Besancon y Scruton, entre otros, le pidieron que alce su voz contra el fanatismo y la mala fe del mundo secularizado que respeta poco a la infancia.

Quiero decir dos cosas. Los casos de abusos son tremendos porque dejan heridas profundísimas. Benedicto XVI fue muy valiente y abrió el camino. Y siguiendo ese camino la Iglesia avanzó mucho. Tal vez más que nadie. Las estadísticas sobre el fenómeno de la violencia contra los chicos son impresionantes, pero muestran también con claridad que la gran mayoría de los abusos provienen del entorno familiar y de la gente cercana. La Iglesia Católica es tal vez la única institución pública que se movió con transparencia y responsabilidad. Ningún otro hizo tanto. Y, sin embargo, la Iglesia es la única en ser atacada.

Usted dice que “los pobres nos evangelizan”. La atención puesta en la pobreza, la más fuerte impronta de su mensaje, es tomada por algunos observadores como una profesión del pauperismo. El Evangelio no condena la riqueza. Y Zaqueo era rico y caritativo.

El Evangelio condena el culto a la riqueza. El pauperismo es una de las interpretaciones críticas. En el Medioevo, había muchas corrientes pauperistas. San Francisco tuvo la genialidad de colocar el tema de la pobreza en el camino evangélico. Jesús dice que no se puede servir a dos amos, Dios y el dinero. Y cuando seamos juzgados al final de los tiempos (Mateo, 25), nos preguntarán por nuestra cercanía con la pobreza. La pobreza nos aleja de la idolatría y abre las puertas a la Providencia. Zaqueo entrega la mitad de sus riquezas a los pobres. Y a quienes tienen sus graneros llenos de su propio egoísmo el Señor, al final, les pedirá cuentas. Creo haber expresado bien mi pensamiento sobre la pobreza en “Evangelii Gaudium”.

Usted identifica en la globalización, sobre todo financiera, algunos de los males que sufre la humanidad. Pero la globalización sacó de la indigencia a millones de personas. Trajo esperanza, un sentimiento que no debe confundirse con el optimismo.

Es cierto, la globalización salvó de la miseria a muchas personas, pero condenó a muchas otras a morir de hambre, porque con este sistema económico se vuelve selectiva. La globalización en la que piensa la Iglesia no se parece a una esfera en la que cada punto es equidistante del centro y en la cual, por lo tanto, se pierde la particularidad de los pueblos, sino que es un poliedro, con sus diversas facetas, en el que cada pueblo conserva su propia cultura, lengua, religión, identidad. La actual globalización “esférica” económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, sólo el dinero.

El tema de la familia es central para la actividad del consejo de los ocho cardenales. Desde la exhortación “Familiaris Consortio”, de Juan Pablo II, muchas cosas cambiaron. Se esperan grandes novedades. Y usted dijo que a los divorciados no hay que condenarlos, hay que ayudarlos.

Es un largo camino que la Iglesia debe completar. Un proceso que quiere el Señor. Tres meses después de mi elección, me fueron sometidos los temas para el sínodo, y nos propusimos discutir sobre cuál es el aporte de Jesús al hombre contemporáneo. Pero al final, gradualmente -que para mí es un signo de la voluntad de Dios-, se decidió discutir sobre la familia, que atraviesa una crisis muy seria. Es difícil formar una familia. Los jóvenes ya no se casan. Hay muchas familias separadas, cuyo proyecto de vida común fracasó. Los hijos sufren mucho. Y nosotros tenemos que dar una respuesta. Pero para eso hay que reflexionar mucho y en profundidad. Es eso lo que están haciendo el consistorio y el sínodo. Hay que evitar quedarse en la superficie del tema. La tentación de resolver los problemas desde la casuística es un error, una simplificación de cosas profundas. Es lo que hacían los fariseos: una teología muy superficial. Y es a la luz de esa reflexión profunda que podrán afrontarse seriamente las situaciones particulares, también la de los divorciados.

¿Por qué el informe del cardenal Walter Kasper en el último consistorio (un abismo entre la doctrina sobre matrimonio y familia y la vida real de muchos cristianos) generó tanta división entre los purpurados? ¿Cree que la Iglesia podrá recorrer esos dos años de fatigoso camino para llegar a un consenso amplio y sereno?

El cardenal Kasper hizo una hermosa y profunda presentación, que muy pronto será publicada en alemán, en la que aborda cinco puntos, el quinto de los cuales es el de las segundas nupcias. Más me hubiese preocupado que en el consistorio no se desatara una discusión intensa, porque no habría servido de nada. Los cardenales sabían que podían decir lo que quisieran, y presentaron puntos de vista diferentes, que siempre son enriquecedores. El debate abierto y fraterno hace crecer el pensamiento teológico y pastoral. Eso no me atemoriza. Es más: lo busco.

En un pasado reciente, era habitual referirse a “valores no negociables”, sobre todo en cuestiones de bioética y de moral sexual. Usted no ha usado esa fórmula. ¿Esa elección es señal de un estilo menos preceptivo y más respetuoso de la conciencia individual?

Nunca entendí la expresión “valores no negociables”. Los valores son valores y basta. No puedo decir cuál de los dedos de la mano es más útil que el resto, así que no entiendo en qué sentido podría haber valores negociables. Lo que tenía para decir sobre el tema de la vida lo he dejado por escrito en “Evangelii Gaudium”.

Muchos países regularon la unión civil. Es un camino que la Iglesia puede comprender, pero ¿hasta qué punto?

El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar la unión civil para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la necesidad de regular aspectos económicos entre las personas, como, por ejemplo, la obra social. Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad.

¿Cómo será promovido el rol de la mujer dentro de la Iglesia?

Tampoco en esto ayuda la casuística. Es verdad que la mujer puede y debe estar más presente en los puestos de decisión de la Iglesia. Pero a esto yo lo llamaría una promoción de tipo funcional. Y sólo con eso no se avanza demasiado. Más bien hay que pensar que la Iglesia lleva el artículo femenino, “la”: es femenina desde su origen. El teólogo Urs von Balthasar trabajó mucho sobre este tema: el principio mariano guía a la Iglesia de la mano del principio petrino. La Virgen es más importante que cualquier obispo y que cualquiera de los apóstoles. La profundización teologal ya está en marcha. El cardenal Rylko, junto al Consejo de los Laicos, está trabajando en esta dirección con muchas mujeres expertas.

Medio siglo después de la encíclica “Humanae Vitae”, de Pablo VI, ¿puede la Iglesia retomar el tema del control de la natalidad?

Todo depende de cómo sea interpretado el texto de “Humanae Vitae”. El propio Pablo VI, hacia el final, recomendaba a los confesores mucha misericordia y atención a las situaciones concretas. Pero su genialidad fue profética, pues tuvo el coraje de ir contra la mayoría, de defender la disciplina moral, de aplicar un freno cultural, de oponerse al neomalthusianismo presente y futuro. El tema no es cambiar la doctrina, sino ir a fondo y asegurarse de que la pastoral tenga en cuenta las situaciones de cada persona y lo que esa persona puede hacer. También de eso se discutirá en los preliminares del sínodo.

La ciencia evoluciona y redibuja los confines de la vida. ¿Tiene sentido prolongar la vida en estado vegetativo? ¿El testamento biológico podría ser una solución?

No soy un especialista en argumentos bioéticos, y temo equivocarme en mis palabras. La doctrina tradicional de la Iglesia dice que nadie está obligado a usar métodos extraordinarios cuando alguien está en su fase terminal. Pastoralmente, en estos casos, yo siempre he aconsejado los cuidados paliativos. En casos más específicos, de ser necesario, conviene recurrir al consejo de los especialistas.

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El Papa Francisco a los párrocos de Roma: ‘Misericordia es antes que nada curar las heridas’

Buen día. Antes de todo tengo que decir que me sentí muy impresionado y compartí el dolor de algunos de ustedes y de todo el presbiterio, por las acusaciones hechas contra un grupo de ustedes, he hablado con algunos de ustedes que fueron acusados y vi el dolor de estas heridas injustas. Una locura, y quiero decirlo públicamente que estoy cerca del presbiterio, porque no son 8 o 15, sino es todo el presbiterio en la persona de estos 7, 8 o 15.

También quiero pedirles disculpas no tanto como obispo vuestro, pero como encargado del servicio diplomático del Papa, porque uno de los acusadores es del servicio diplomático, pero esto no fue olvidado y se estudia el problema, porque esta persona sea alejada de allí, se está buscando la vía. Es un acto grave de injusticia y les pido perdón por esto también.

Cuando junto al cardenal vicario hemos pensado a este encuentro, le dije que habría podido hacer una meditación sobre el tema de la misericordia. Al inicio de la Cuaresma reflexionar juntos, como sacerdotes, sobre la misericordia nos hace bien. Todos nosotros tenemos necesidad y también los fieles, porque como pastores tenemos que darles tanta misericordia, tanta.

La estrofa del Evangelio de Mateo que hemos escuchado nos hace dirigir la mirada a Jesús que camina por la ciudad y los pueblos. Esto es curioso, ¿cuál es el lugar en donde se podía encontrar a Jesús con más frecuencia, con más facilidad? En las calles, podría parecer un ‘sin techo’ porque siempre en la calle, la vida de Jesús era por la calle.
Sobre todo nos invita a entender la profundidad de su corazón, sea lo que él probaba por las multitudes, por la gente que encuentra: esa actitud interior de ‘compasión’, viendo las multitudes sintió compasión, porque ve a las personas “cansadas y agotadas, como ovejas sin pastor”. Hemos escuchado tanto estas palabras que a veces no nos entran con fuerza, pero son fuertes. Un poco como a tantas personas que se encuentran hoy por las calles de nuestros barrios. 
Después el horizonte se amplia y vemos que estas ciudades y estas poblaciones no son solamente Roma e Italia, pero son el mundo y esas multitudes enormes son poblaciones de tantos países que están sufriendo situaciones aún más difíciles.

Por tanto, comprendemos que nosotros no estamos aquí para hacer un bonito ejercicio espiritual al inicio de la Cuaresma, sino para escuchar la voz del Espíritu que habla a toda la Iglesia en este nuestro tiempo, que es precisamente el tiempo de la misericordia. También en este tiempo estoy seguro, y no solamente en la cuaresma, nosotros estamos viviendo un tiempo de la misericordia. Desde hace treinta años o más hasta ahora.
En toda la Iglesia es el tiempo de la misericordia. Esta ha sido la intuición del beato Juan Pablo II. Él ha tenido la intuición que este es el tiempo de la misericordia. Pensemos en la beatificación y en la canonización de sor Faustina Kowalska, después introdujo la fiesta de la Divina Misericordia. Y poco a poco ha ido adelante con esto. En la homilía de la canonización que tuvo lugar en el 2000, Juan Pablo II subrayó que el mensaje de Jesucristo a sor Faustina se coloca temporalmente entre dos guerras mundiales y está muy unido a la historia del siglo XX. Y mirando al futuro dijo: “¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio”.

Aquí especifica en el 2000 pero en su corazón maduraba desde hacia tiempo, en su oración, toda esta intuición. Hoy olvidamos todo demasiado rápido, ¡también el Magisterio de la Iglesia! En parte es inevitable, pero los grandes contenidos, las grandes intuiciones y las indicaciones dejadas al Pueblo de Dios no podemos olvidarlas. Y la de la divina misericordia es una de estas. Es una indicación que él nos ha dado. Está en nosotros como ministros de la Iglesia, tener vivo este mensaje sobre todo en la predicación en los gestos, en los signos, en las elecciones pastorales, y por ejemplo la elección de restituir prioridad al sacramento de la reconciliación, y al mismo tiempo a las obras de misericordia. Reconciliar, hacer la paz, con el sacramento, con las palabras pero también con las obras de misericordia.

¿Qué significa misericordia para los sacerdotes?
Me vienen a la mente algunos de vosotros que me han llamado o hablado por teléfonos, o escrito una carta, pero Papa, ¿por qué usted la tiene con los sacerdotes? (ríe) decían que yo regaño a los sacerdotes… No quiero regañar aquí.
¿Qué significa misericordia para los sacerdotes? Preguntémonos qué significa misericordia para un sacerdote, permitidme decir para nosotros sacerdotes. Los sacerdotes se conmueven delante de las ovejas, como Jesús, que veía a la gente cansada y agotada como ovejas sin pastor. Jesús tiene las “vísceras” de Dios. Isaías lo dice mucho, está lleno de ternura hacia la gente, especialmente hacia las personas excluidas, hacia los pecadores, hacia los enfermos que nadie cuida… Así a imagen del Buen Pastor, el sacerdote es un hombre de misericordia y de compasión, cerca de su gente y servidor de todos.

Este es un criterio pastoral que quisiera subrayar mucho, la cercanía, la proximidad. Es el servicio, pero la proximidad, la cercanía. Quien se encuentre herido en la propia vida, en cualquier modo, puede encontrar en él atención y escucha… En particular el sacerdote demuestra entrañas de misericordia en el administrar el sacramento de la reconciliación; lo demuestra en toda su actitud, en la forma de acoger, de escuchar, de aconsejar, de absolver… Pero esto deriva de como él mismo vive el sacramento en primera persona, de como se deja abrazar por Dios Padre en la confesión, y permanecer dentro de este abrazo… Si uno vive esto sobre él en el propio corazón, puede también donarlo a los otros en el ministerio.

Yo os dejo una pregunta: ¿cómo me confieso, me dejo abrazar? Me viene a la mente un gran sacerdote de Buenos Aires, tiene algunos años menos que yo, un gran confesor, tenía siempre cola. Los sacerdotes, la mayoría van confesarse con él, un gran confesor. Una vez vino donde mí, “‘tengo un poco’ de escrúpulo porque perdono, yo sé que perdono mucho”, y hemos hablado de la misericordia, y a un cierto punto me ha dicho: “tú sabes que cuando siento fuerte este escrúpulo después voy a la capilla delante del tabernáculo y digo, tú tienes la culpa porque me has dado un mal ejemplo, y me voy tranquilo”. Es una bella oración, es la misericordia. Y si uno en la confesión vive esto sobre él en el propio corazón lo puede dar a los otros.

El sacerdote está llamado a aprender esto, a tener un corazón que se conmueve. Los sacerdotes, me permito la palabra, “asépticos” no ayudan a la Iglesia, los sacerdotes “de laboratorio”. La Iglesia hoy podemos pensarla como un “hospital de campo”, perdonadme si lo repito pero lo veo así, lo siento así, es necesario curar las heridas. Hay mucha gente herida, por los problemas materiales, por los escándalos, también en la Iglesia… Gente herida de las ilusiones del mundo… Nosotros sacerdotes debemos estar allí, cerca a esta gente. Misericordia significa antes que nada curar las heridas. Cuando uno está herido, necesita en seguida esto, no los análisis; como el nivel de colesterol, el azúcar en sangre, primero la herida, después se harán las curas especializadas, pero primero se deben curar las heridas abiertas. Para mí en este momento es muy importante, también las heridas escondidas ¿eh? porque hay gente que se aleja por no dejar ver las heridas escondidas. Y me viene a la mente la costumbre por la ley mosaica, los leprosos en la época de Jesús que eran siempre alejados. Sientes que se alejan por vergüenza, y se alejan quizá un poco con la cara torcida contra la Iglesia. Pero en fondo, dentro está la herida, quieren una caricia y vosotros queridos hermanos, os pregunto, ¿conocéis las heridas de vuestros parroquianos? ¿Las intuís, estáis cerca de ellos? Es la única pregunta. Misericordia significa: ni manga ancha ni rigidez. Volvemos al sacramento de la reconciliación. Nos sucede a menudo a nosotros sacerdotes, escuchar experiencias de nuestros fieles que nos cuentan que han encontrado en la confesión a un sacerdote muy “estrecho”, o muy “largo”, laxista o rigorista. Esto no va bien.

Que entre los confesores haya diferencias de estilos es normal, pero estas diferencias no pueden afectar a la sustancia, es decir, la sana doctrina moral y la misericordia. Ni el laxista ni el rigorista da testimonio de Jesucristo, porque ni el uno ni el otro se hace cargo de la persona que encuentra. El rigorista se lava las manos… De hecho la ata a la ley entendida de forma fría y rígida; el laxista se lava las manos, solo aparentemente es misericordioso, pero en realidad no se toma en serio el problema de esa conciencia, minimizando el pecado. La verdadera misericordia se hace cargo de la persona, la escucha atentamente, lo enfoca con respeto y con verdad a la situación, y la acompaña en el camino de la reconciliación. Y esto es cansando sí, realmente. El sacerdote realmente misericordioso se comporta como el Buen Samaritano… pero ¿por qué lo hace? Porque su corazón es capaz de compasión, ¡es el corazón de Cristo!
Sabemos bien que ni el laxismo ni el rigorismo hacen crecer la santidad. Quizá algunos rigoristas parecen santos, santos, pero pensad en Pelagio, después lo hablamos.
No santifican al sacerdote y no santifican al fiel. Ni el laxismo ni el rigorismo. La misericordia sin embargo acompaña al camino de la santidad, la hace crecer… Es demasiado trabajo para un párroco, es verdad, es demasiado trabajo. ¿De qué forma? A través del sufrimiento pastoral, que es una forma de la misericordia. ¿Qué significa sufrimiento pastoral? Quiere decir sufrir para y con las personas, y esto no es fácil, sufrir como un padre y una madre sufren por los hijos. Y me permito decir, también con ansiedad.
Para explicarme os hago también algunas preguntas que me ayudan cuando un sacerdote viene donde mí, y que me ayudan cuando estoy solo delante del Santísimo. Dime, ¿tú lloras? ¿O hemos perdido las lágrimas?
Recuerdo en los misales antiguos, esos de los otros tiempos, había una oración bellísima para pedir el don de las lágrimas, iniciaba así: ‘Señor tú que has dado a Moisés el mandato de golpear la piedra para que llegara el agua, golpea la piedra de mi corazón para que vengan las lágrimas’ era algo así.

Pero ¿cuántos de nosotros lloramos delante del sufrimiento de un niño, delante de la destrucción de una familia, delante de tanta gente que no encuentra el camino?
Y el llanto de un sacerdote. ¿Tú lloras? ¿O en este presbiterio hemos perdido las lágrimas? ¿Lloras por tu pueblo? ¿Haces la oración de intercesión delante del tabernáculo? ¿Tú luchas con el Señor por tu pueblo, como Abraham ha luchado: Y si fueran menos, si fueran 25, 20. Una oración valiente de intercesión. Nosotros hablamos de parresía de valentía apostólica, pensamos en los planes pastorales, pero la misma parresía es necesaria en la oración. ¿Luchas con el Señor? ¿Discutes con el Señor como hizo Moisés? Cuando el Señor estaba cansado, agotado de su pueblo y decía: ‘a estos les destruiré a todos y te haré jefe de otro pueblo’ ¿no? ‘Si tú destruyes el pueblo destrúyeme también a mí’. Pero estos tenían pantalones y yo hago la pregunta: ¿tenemos los pantalones para luchar con Dios por nuestro pueblo? Y hago otra pregunta: la noche, ¿cómo concluye tu jornada? ¿Con el Señor? ¿O con la televisión? Y veo muchas sonrisas aquí, también yo sonrío. ¿Cómo es tu relación con los que ayudan a ser más misericordiosos? Es decir, ¿cómo es tu relación con los niños, con los ancianos, con los enfermos? ¿Sabes acariciarles o te avergüenzas de acariciar un anciano? No tener vergüenza de la carne de tu hermano. Al final, seremos juzgados sobre cómo hemos sabido acercarnos a “cada carne”. Isaías… no os avergoncéis de la carne de vuestro hermano. “Hacerse prójimo”, la proximidad, cercanía. Hacerse prójimo a la carne del hermano. El sacerdote y el levita que pasaron antes que el buen samaritano no supieron acercarse a esa persona abatida por los bandidos. Su corazón estaba cerrado, y tenían sus justificaciones. Sin embargo aquel samaritano abre su corazón, quizá el sacerdote ha mirado el reloj y ha dicho ‘no puedo llegar tarde a misa…’ Muchas veces tomamos las justificaciones para dar la vuelta al problema, a la persona. El otro levita, el doctor de la ley ha dicho ‘no puedo hacer esto porque si hago esto mañana tendré que ir con un testigo, perderé tiempo’. Las excusas… Tendrán un corazón cerrado, pero el corazón cerrado se justifica siempre de lo que no hace… Sin embargo el samaritano se deja conmover en las entrañas y este movimiento interior se traduce en acción práctica, en una intervención concreta y eficaz para ayudar a esa persona. Al final de los tiempos, será admitido a contemplar la carne glorificada de Cristo solo quien no haya tenido vergüenza de la carne de su hermano herido y excluido.

A mí me hace bien algunas veces leer la lista sobre la cuál seré juzgado, que es Mateo 25. Estas son las cosas que me han venido a la mente para compartir con vosotros. Un poco ‘a la buena’ como me han venido.

En Buenos Aires, hablo de otro sacerdote que era un confesor famoso, este era sacramentino, casi todo el clero se confesaba con él. Una de las dos veces que fue Juan Pablo II pidió un confesor y fue él. Era anciano, muy anciano, fue el provincial de su orden, profesor, pero siempre confesor. Tenía siempre cola en la Iglesia del Santísimo Sacramento. En aquel tiempo yo era vicario general y vivía en la curia. Cada mañana pronto bajaba al fax para ver si había algo. Era una mañana de Pascua cuando leí el fax del superior de la comunidad: ayer, antes de la vigilia de Pascua falleció el padre Aristi, el funeral será tal día.
Y la mañana de Pascua tenía que ir a comer a la casa de ancianos con los sacerdotes, y después de la comida fui a la Iglesia. Es una iglesia muy grande, con una cripta muy bonita, había solamente dos ancianas y ninguna flor y pensaba: este hombre que ha perdonado tantos pecados al clero de Buenos Aires, incluido yo. Subí y fui a una floristería porque en Buenos Aires hay cruces con floristerías por la calle y compré flores, rosas y volví y comencé a preparar el ataúd con las flores. Y miré el rosario que tenía en la mano, y ese ladrón que tenemos dentro, mientras preparaba las flores tomé la cruz del rosario, una cruz así y con un poco de fuerza la he arrancado, y en ese momento le he mirado y le he dicho: ‘dame la mitad de tu misericordia’.
Sentí una cosa fuerte, que me ha dado la valentía de hacer esto y esto. Oración. Y después esa cruz me la metí aquí en el bolsillo. Pero las camisas del Papa no tienen bolsillo, y yo siempre llevo conmigo una bolsa de tela pequeña, y desde ese día y hasta hoy esa cruz está conmigo. Y cuando me viene un mal pensamiento contra alguna persona, la mano se viene aquí siempre, y siento la gracia, y me hace bien. Pero cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas.
Si pensáis en vosotros, seguramente habéis conocido muchos sacerdotes, porque los sacerdotes de Italia son buenos, y pienso que si Italia es todavía tan fuerte, no es tanto por nosotros los obispos, sino por los párrocos, los sacerdotes. Y no es un poco de incienso para vosotros sino porque lo siento así. Y la misericordia.
Pensad en tantos sacerdotes que están en el cielo y pedid esta gracia, que os den esa misericordia que han tenido con sus fieles. Y os agradezco mucho por la escucha y por haber venido aquí, y ahora me despido. Debemos rezar el ángelus.

Y después de la oración ha añadido:

Y rezad por mí, por favor, no lo olvidéis.

 

Un comentario sobre “Un año con Francisco, el ‘papa bueno’

  1. El Papa Francisco cumple este 13 de marzo su primer año como Pontífice de la Iglesia Católica y portador de las Llaves del Reino que Cristo entregó a Pedro hace dos mil años. El primer papa hispanoamericano sorprendió y conquistó a la opinión pública.
    Los que pensaban que el entusiasmo por Francisco acabaría en tres meses llevan un año esperando sentados y la tormenta de afecto popular no amaina.
    Los que pensaban que el nuevo Papa, con su estilo a menudo informal, cambiaría la doctrina católica y le arrancaría páginas al Catecismo, le han oído repetir, simplemente: “yo soy hijo de la Iglesia”.

    1. Poner a rezar
    Se supone que los SACERDOTES no sólo rezan sino que animan a rezar. En el caso de Francisco, es su “leit motiv”: salió al balcón en el momento de su elección y puso a toda la muchedumbre a rezar unos instantes en silencio. “Recen por mí”, les dijo.
    Y se lo dice a cada parroquia que visita. Se lo dice con un mensaje improvisado en el móvil a una asamblea de pastores pentecostales. Se lo dice a los líderes judíos que le visitan. Se lo pide a cada persona a la que escribe para consolar o animar.
    El “rece por mí” es una de sus grandes herramientas para cambiar el mundo.

    2. “Que se ponga al teléfono, que soy el Papa”
    Ya lo hacía como obispo: llamadas y cartas personalizadas, a quienes piden consuelo y oración, palabras de ánimo, y a su quiosquero, peluquero, vecino de enfrente…
    Desde la primera semana, Francisco mismo tomaba el teléfono, sin secretarios intermedios, y llamaba a quien le parecía. A veces deja mensajes en el contestador automático, como a aquellas religiosas en España: “dónde estarán estas monjitas, tan ocupadas, que no se ponen al teléfono”, grabó con humor. También envía cartas a enfermos, presos, familias en apuros, personas que han perdido un ser querido… y muchas de ellas terminan llegando a la prensa.

    3. Improvisando con periodistas… también de TV
    Entrevistas largas y detalladas las habían concedido Juan Pablo II a Vittorio Messori y Benedicto XVI al alemán Peter Seewald. Benedicto XVI había aparecido también en televisión respondiendo algunas preguntas de fieles, previamente seleccionadas. Y ambos respondían preguntas de periodistas en el avión en sus viajes.
    Pero Francisco ha roto los protocolos periodísticos. En la JMJ de Brasil concedió una entrevista larga, abierta, a una TV brasileña: lo nunca visto. Después departió sin preguntas pactadas con los periodistas en el vuelo de vuelta.
    Y después empezó a conceder entrevistas largas, fluidas e incluso improvisadas, a diversos periódicos italianos.

    4. Un boom en Internet
    Benedicto XVI fue el primer papa “tuitero” de la historia, pero Francisco ha convertido la cuenta Pontifex de Twitter en un micro-púlpito de audiencias millonarias, que llega a más gente que casi cualquier medio de comunicación: 12 millones de seguidores en Twitter, y subiendo. Con miles y miles de retuits, que le convierten en el líder más “reenviado” de Internet. Si Francisco manda un tuit felicitando una Marcha por la Vida, la da a conocer a más gente -y con más influencia- que muchas cadenas de televisión. Por no hablar de las webs y perfiles creados en otras redes con sus mensajes, frases, imágenes, etc… Eso sí, él dice “no tengo móvil ni lo quiero tener”.

    5. Gestos de simplicidad
    Desde su nombre (“Francisco”, el pobrecillo de Asís, que ni siquiera usa el numeral “Francisco I”) busca la simplicidad. La foto de las instalaciones austeras donde duerme cuando viaja; usar coches pequeños en la JMJ y otros desplazamientos, incluso un viejo “Cuatro Latas” en Italia; recibe una moto Hartley-Davidson con simpatía, pero la subasta para financiar un comedor de Cáritas.
    No duerme en los apartamentos pontificios, sino en la residencia de Santa Marta, una hospedería por donde pasan clérigos de todo el mundo. Sus vestimentas, las butacas que usa… todo busca transmitir una mayor sencillez en una sociedad de la imagen.

    6. Fotos impactantes
    Un “selfie” con unos jóvenes católicos; fotos rodeado de novios; fotos imponiendo manos a enfermos por los que ora… y que no falten las recepciones a líderes de la cultura y la sociedad, especialmente latinoamericana.
    Su cercanía y espontaneidad necesitan de estas fotos: la primera fue la de él, vestido de blanco, volviendo de San Pedro a la residencia en un sencillo autobús con los demás obispos… tomada con un móvil. Eso ha marcado la tónica. Luego Internet lo difunde hasta el último rincón.

    7. La misa de Santa Marta
    Francisco es un predicador sencillo y directo, más exhortativo que analítico. Despliega esa capacidad en su misa matinal en la residencia de Santa Marta, que recoge la prensa vaticana y a la que acuden los distintos invitados que la Santa Sede recibe y su personal laboral.
    Así, anclado en la Palabra de Dios que marca la lectura de la liturgia va desarrollando sus enseñanzas. Muchas de ellas pronto se convierten en eslóganes o frases populares difundidas en Internet.

    8. Hablar mucho del demonio
    Cuando Juan Pablo II o Benedicto XVI hablaban del demonio o el infierno, la prensa mundana se escandalizaba y les dedicaba portadas. Pero ahora que lo hace Francisco, y mucho más, la prensa tiende a ignorarlo.

    9. Vocabulario propio
    “La cultura del descarte”, “ir a las periferias existenciales”, “hagan lío”, “pastores con olor a oveja”, “pecadores sí, pero corruptos no”, “la Iglesia es como un hospital de campaña”, “mejor accidentados en la calle que enfernos por no salir”, “la confesión no es una sala de torturas”…
    En una sociedad que se mueve por eslóganes más que por argumentaciones elaboradas, llegan a muchas personas.

    10. Benedicto, como abuelo al que consultar
    Lo verdaderamente único de este último año de la Iglesia es que hay dos papas Benedicto XVI dijo que quería retirarse a una vida de oración, pero el Papa Francisco ha querido tenerlo cerca y lo consulta con cierta frecuencia.
    Francisco es el Papa y decide lo que hacen sus colaboradores, y Benedicto es ahora uno de ellos. Francisco dice que Benedicto “es como mi abuelo, mi papá”, y pone el ejemplo de los abuelos que viven con sus familias aportando sabiduría, consejo y otra visión de las cosas.

    11. El factor hispanoamericano
    El primer factor que se señaló de Francisco, ser hispanoamericano, aún no se ha desplegado en toda su fuerza. Sí se dio un primer destello en su encuentro con los jóvenes argentinos en la JMJ de Río de Janeiro con su famoso “hagan lío”. Y es evidente que el Papa se sigue con pasión y cercanía desde Hispanoamérica.
    Pero Francisco aún no ha viajado a los países de lengua hispana, donde puede improvisar y predicar a su estilo. Está por llegar (aún no hay fechas para un viaje así) y puede ser arrollador.

    12. La reforma de la Curia
    El tema más importante para la prensa, la reforma curial, lo asume paso a paso y evitando estridencias. Su decisión más importante fue marcar a 8 cardenales de distintos países como un consejo especialmente cercano para guiar las reformas con una visión menos “romanocéntrica”. Como “número dos” en el Vaticano ha puesto al ahora cardenal Parolin, que antes era nuncio en Venezuela.
    Del grupo de los 8, destaca el cardenal australiano Pell, un “conservador dinámico”, desde hace una semana supervisando los asuntos económicos.
    En el segundo año de Francisco se verá si una reforma en estructuras puede apoyar lo que él busca, que es sobre todo una renovación espiritual. Un ejemplo: por primera vez, los ejercicios cuaresmales del personal vaticano y la Curia se celebran fuera del Vaticano, en un retiro “de verdad”, y no con meras charlas de mañana o tarde en medio de la vorágine diaria. Y el Papa fue con ellos. En autobús.

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