Campaña vocacional 2014

Aquí os dejo con este magnifico vídeo realizado por mis amigos del seminario metropolitano de Oviedo:

 

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Un comentario sobre “Campaña vocacional 2014

  1. La vocación: una llamada al servicio de Dios

    Esta pregunta es de importancia e interés perenne: ¿cómo puedo saber si tengo vocación al sacerdocio o a la vida de entrega total a Dios? Es un error creer que tal vocación debe ser tan absoluta y clara que apenas deja lugar para el libre albedrío. Hay señales inherentes a la libre voluntad y dependen de ella, pero son inspiradas por la gracia de Dios como invitación a seguirle, las cuales son:
    1. Un espíritu de sacrificio: la capacidad para poder abandonar los bienes inferiores, aunque más atractivos, a favor de los bienes superiores espirituales.
    2. Un espíritu de celo: aquella forma especial de la caridad que inspira querer hacer algo para salvar almas.
    3. Un espíritu de desinterés: el poder que capacita a una persona para estar en el mundo, pero no ser parte del mundo.
    4. Un deseo de ser persona entregada: o la convicción de que el camino más seguro para salvar su alma es esa entrega.

    La presencia de estas señales es una indicación de que uno está siendo invitado por Dios a ser uno de los suyos. Su presencia, sin embargo, nunca equivaldrá a un mandato seguro: la decisión siempre se deja a la libre voluntad. Una vocación es la voz de Dios, no mandando, sino llamando. Seguir esta llamada es seguir el plan especial de Dios. Una vocación es el camino particular en la vida que traerá una de las felicidades más grandes sobre la tierra y en la eternidad.

    Es difícil enumerar todos los dones y gracias que el Todopoderoso Dios derrama sobre un sacerdote o persona consagrada. Todo en la vida de entrega tiende hacia la santificación personal y la salvación de otros: la frecuente recepción de los sacramentos, los ejercicios religiosos y las prácticas piadosas, las innumerables oportunidades para la práctica de la virtud, la santidad de sus ocupaciones. Vivir la pobreza, castidad y obediencia, las numerosas instrucciones espirituales…

    Una vocación es una gracia magnífica de Dios, pero es sólo el comienzo de una larga cadena de gracias con las que deben cooperar sirviéndole con amor y fervor. Al ser fiel a su vocación, se es capaz de cambiar el mundo, de ganar el mundo para Cristo, de restaurar todas las cosas en Cristo.

    Si tal es el valor de la vocación , ¿podemos acaso comprender el mérito de una llamada al sacerdocio? En verdad, ¿qué sería la Iglesia católica sin el sacerdote? El confesionario sería inútil, la iglesia estaría vacía, el púlpito estaría en silencio. En momentos de pena y en la hora de la muerte no habría nadie para dar consuelo y aseguranzas del amor y el perdón divino. ¡Nunca antes ha habido tal necesidad por los sacerdotes, y nunca ha habido tal escasez de ellos!

    La vida de entrega o sacerdotal parece ser difícil. Si confiamos en nuestras fuerzas, seguramente lo será. Se necesita la confianza en la bondad y el poder de Dios, cuya gracia siempre basta para cumplir lo que pide. Esta confianza se ganará con la oración ferviente. Debemos orar para conocer y hacer la voluntad de Dios, y debemos pedir por la gracia para llevarla a cabo rápidamente. Demorar la vocación sin una razón suficiente es arriesgar la invitación especial de Dios.

    Alguien que se sienta llamado al sacerdocio o a la vida de entrega debería buscar el sabio consejo de un sacerdote o persona amiga ya consagrada, o de ambos. En la decisión de la vocación, lo esencial es entender qué es la voluntad de Dios, no necesariamente lo que a uno le gusta más. El joven rico del Evangelio ciertamente amaba a Dios, guardaba los mandamientos y era amado en gran manera por Nuestro Señor. Pero en su apego a las riquezas, rechazó la llamada de seguir a Cristo y “se fue triste.” Quiera Dios concederle a muchas almas la generosidad y dedicación para satisfacer las necesidades de nuestros tiempos. ¡He aquí, la cosecha es grande, y pocos los labradores! ¡Ánimo¡ Todos podemos, solteros, casados (viviendo con la exigencia que Dios marca), profesionales viviendo con su familia, o dejando la familia y teniendo mas disponibilidad. Todos. Todos. Merece la pena.

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