Sobre el amor y la castidad en el noviazgo

Acerca_de_la_molesta_virtud_de_la_castidad_01Tengo que dar esta tarde una charla a universitarios sobre el amor humano y la virtud de la castidad. Tema dificil hoy día. Por eso he recogido estas ideas que pueden ayudar:

El hombre moderno con frecuencia asocia el amor con las emociones o el placer sexual que recibe de la persona del otro sexo. En otras palabras, tiende a pensar en el amor sólo en su aspecto subjetivo.

Al tratar este tema, lo primero que hemos de advertir es el enorme avance de la subjetividad en la concepción moderna del amor y de la felicidad.

El aspecto subjetivo del amor

Pero no hemos de perder de vista que esto pertenece al aspecto subjetivo del amor. Estamos en la primera etapa del amor. Porque se trata de una “experiencia psicológica”, de algo que simplemente sucede dentro de mí. Cuando los hombres y las mujeres se encuentran, pueden sentirse espontáneamente atraídos físicamente por la “buena apariencia” del otro (sensualidad). Y también pueden sentirse emocionalmente atraídos por la personalidad masculina o femenina del otro (sentimentalidad). Estos deseos sensuales y respuestas emocionales no son malos. De hecho, pueden servir como “materia prima” sobre la cual podría desarrollarse un amor auténtico. Sin embargo, estas respuestas o sensaciones no representan al amor objetivo, en sí mismo. En este nivel son solo sentimientos de atracción por el cuerpo o la masculinidad o femineidad del otro, no se trata aún de amor por la otra persona en sí misma.

El aspecto objetivo del amor

El aspecto objetivo del amor es mucho más que la experiencia psicológica que ocurre dentro de mí. Es un “hecho interpersonal”. Tiene en consideración lo que realmente está sucediendo en la relación, no sólo las sensaciones agradables que experimento cuando estoy con la otra persona. El aspecto objetivo del amor implica a la vez un compromiso de la voluntad con lo que es mejor para la otra persona, queremos lo mejor para la persona amada. Su bien está por encima de mi propio bien.

El amor objetivo tiene la capacidad, la fuerza o virtud, de ser capaz de ayudar a la otra persona a alcanzar lo mejor para ella.

Más aún, o precisamente por ello, el amor en su sentido más pleno implica la entrega de sí mismo, una renuncia a la propia voluntad, tomar la decisión de limitar la propia autonomía para servir al otro más libremente.

  • (Mujer u hombre que pierden a su pareja por el trabajo, la propia realización, etc)
  • (- No sé si me hará feliz, si seré feliz con ella… 2) no se si la merezco, si estaré a la altura que se merece, si la haré feliz )
  • (- la madre que abraza a su hijo difunto: qué poco tiempo nos has dado para quererte)

No se trata de preguntarme si tengo sentimientos y deseos intensos por mi ser amado; o si mi ser amado tiene sentimientos intensos y deseos sensuales por mí. Porque cualquiera puede tener sentimientos y deseos por otra persona. Pero no todos, sino solo quien nos ama objetivamente, tienen la virtud y el compromiso para hacer que “el amor que se entrega a sí mismo” sea posible.

¿Dónde está el problema?

En que el aspecto subjetivo del amor se desarrolla más rápido y se siente más intensamente que el aspecto objetivo. En el nivel objetivo, es necesario mucho tiempo y esfuerzo para cultivar una amistad virtuosa. Las relaciones basadas en un amor que se entrega por completo y en percibir la responsabilidad por el otro como un don no ocurren espontáneamente.

El aspecto subjetivo del amor, no requiere mucho tiempo y esfuerzo para experimentarse. Incluso se habla de flechazo al referirse al deseo sensual o anhelo emocional por una persona del sexo opuesto. Tales reacciones pueden darse en un instante. Además, estas respuestas sensuales y emocionales pueden ser tan poderosas que llegan a dominar nuestra visión de la otra persona. Con frecuencia tendemos a ver a las personas del sexo opuesto a través del prisma del placer emocional y sexual que nos proporcionan. Por desgracia esto dificulta nuestra percepción de ellas como personas, y las vemos más como oportunidades para obtener algún tipo de placer: “El hecho del pecado original explica un mal muy básico y extendido: que un ser humano cuando se encuentra con una persona del otro sexo no experimenta ‘amor’ en forma simple y espontánea, sino una sensación empañada por el anhelo de disfrutar.” (Karol Wojtyla).

Por eso, no debe sorprendernos, que cuando encontramos a alguien del sexo opuesto (una desconocida, una amiga, una compañera de trabajo, una novia, una esposa, o incluso la esposa de otra persona) no urjan espontáneamente actitudes de bondad cristiana puramente desinteresadas, sino que, a causa de nuestra naturaleza caída, los complejos sentimientos de atracción puedan estar mezclados con la actitudes egoístas de querer estar con la otra persona no por un compromiso con su bienestar, sino por los sentimientos agradables o placer sensual que podemos disfrutar al estar con ella.

En otras palabras, cuando un chico se encuentra con una chica, no se da automáticamente entre ellos un amor auténtico, generoso y comprometido. En lugar de ello, al sentirse atraídos el uno por el otro, tienen más bien la inclinación de ver al otro como un objeto para satisfacer sus propias necesidades emocionales y deseos sexuales. Conviene dejar claro que estas reacciones no son malas en sí mismas. Pero, si no tenemos cuidado, esta materia prima puede ser usada como un medio para alcanzar nuestro propio disfrute emocional o sensual. Y, aquí radica el verdadero problema: mientras esto suceda, el amor desinteresado por la otra persona nunca se desarrollará.

Para desarrollar el aspecto objetivo del amor necesitamos una virtud o fuerza que nos permita integrar nuestra atracción sensual y sentimental con el amor al otro como persona. Wojtyla afirma que: “Como las sensaciones y acciones que surgen de las relaciones sexuales y de las emociones conectadas con ellas tienden a despojar al amor de su claridad cristalina, es precisa una virtud especial para proteger su verdadero carácter y su perfil objetivo. Esa virtud especial es la castidad.”

La virtud de la castidad, como virtud guardiana del amor auténtico

Ahora comprendemos por qué la castidad es tan necesaria para el amor. Lejos de ser algo que obstaculice nuestro amor, la castidad es lo que hace que el amor verdadero sea posible. Además protege al amor evitando que caiga en actitudes egoístas y utilitarias, y nos permite amar en forma desinteresada, independientemente de las poderosas emociones o placeres sexuales que podamos recibir de nuestro ser amado.

Si verdaderamente queremos amar a una persona del sexo opuesto, debemos ser capaces de ver mucho más que el valor sexual de esa persona. Debemos ver todo su valor como persona y responder con amor desinteresado. Wojtyla dice que la castidad nos permite hacer justamente eso: “La esencia de la castidad consiste en la predisposición para determinar el valor de una persona en cada situación, y para llevar al nivel personal todas las reacciones ante el valor ‘del cuerpo y el sexo.’”

Sin embargo, el hombre que no tiene castidad se encuentra en una situación muy mala: No tiene libertad para amar. Puede tener algunas buenas intenciones y un deseo sincero de querer a su amada, pero sin castidad, su amor nunca florecerá, porque no será puro. Estará mezclado con una tendencia a ver a su ser querido básicamente de acuerdo con sus valores sexuales, que hacen que su corazón se deleite emocionalmente o que su cuerpo se agite con los deseos sensuales: el hombre sin castidad no puede amar desinteresadamente a su ser querido por ser quien es como persona, porque su corazón está demasiado atento a los placeres emocionales y sensuales que recibe de ella (…) Sólo los hombres y mujeres castos son capaces de verdadero amor. Porque la castidad libera sus relaciones, incluso las relaciones maritales, de esa tendencia a usar a una persona… y al liberarlos, introduce en su vida y en sus relaciones sexuales una disposición especial a la ‘delicadeza amorosa.’” (Wojtyla).

Fuente: acerca de la molesta virtud de la castidad

Referencias:

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