“Y será llamado hijo (…) de David”

purezaEl sacerdote, cuando eleva la Hostia Santa y la presenta a los fieles antes de la comunión, toma prestadas del Bautista estas palabras: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Estos días, mirando al Niño en el pesebre, tan chiquitín en Belén y mirando también a la Hostia Santa guardada en el sagrario, me quedo perplejo… ¡Quién lo podría imaginar! Ahí lo tenéis, un Niño indefenso y frágil, y es el que vence el pecado del mundo. Sí, al pecado del mundo, a esa bestia pestilente engendrada por los demonios y alimentada por los hombres que la sirven… Y, entonces  aparece este Niño, un Niño que se parece también a un trocito de pan elevado por un sacerdote que levantado nos mira y dice: Sí, ¡Éste!… ¡Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo!

Y entiendo mejor estas palabras: y será llamado hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de su padre David… Porque al mirar al pesebre veo también al pequeño David, aquel niño de cabellos rubios que venció al gigante Goliat. Y comprendo que la Navidad también nos quiere decir que sólo con la humildad y la pureza de este Niño se pueden quitar las fetideces  del Infierno.

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