Pesado, pedigüeño, y atrevido

montes verdeandoPesado, pedigüeño, y atrevido. Sin lugar a dudas son tres condiciones estupendas para llamar la atención. De aquel que las reúne decimos que le gusta “dar la nota”. Hay un simpático personaje bíblico que reúne estas cualidades: Eliseo. Fíjate con atención:

Cuando Elías le pide que le deje solo, Eliseo, un pesado “de libro”, se niega en redondo: “¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré”.
Luego, puestos a pedir, no se le ocurre pedirle la cartera a su maestro (¡Pobre botín, la cartera de Elías!): le pide su espíritu... ¡Ríase usted de los niños esos que andan por ahí pidiendo la luna! Lo más grave del asunto es que, al final, lo consigue.
Y, por si todo esto fuera poco, a la hora de dirigirse a Dios, se olvida de todas las formalidades y le increpa con una impertinencia insultante: “¿Dónde está el Dios de Elías? ¿Dónde?”.
Al leer, acto seguido, que Dios acude obediente a esa llamada, no he tenido más remedio que creer que a Dios le gustan los niños. Y es que sólo un niño puede actuar así y conseguir lo que quiere. Después, he decidido no quedarme atrás, y ser, yo también, con mi Dios, muy pesado, muy pedigüeño, y muy atrevido… muy niño.
Si de este modo llamo la atención de todo un Dios, mis deseos de ser importante han quedado más que satisfechos. No necesito, no quiero en adelante buscar el reconocimiento de los hombres. Por eso entiendo que, en el evangelio, el Señor hoy me diga que mi ayuno y mi oración deben quedar escondidos a las miradas humanas. ¿Qué necesidad tienes de ir por ahí “dando la nota”, deseando que te reconozcan y te agradezcan y te ensalcen, cuando has conseguido llamar la atención de todo un Dios
Discreto con los hombres, ruidoso con mi Dios; fuerte con los hombres, débil con mi Dios; adulto ante los hombres, niño, muy niño, ante mi Dios. Que al mirarme los hombres, vean a Dios; y, al mirarme Dios, me vea, sin disfraces, sencillo, a mi.

Y así, me sienta yo escondido y muy mirado; escondido ante el mundo, pero mirado con cariño y atención por Dios, hasta poder decir, como María, que el Señor “ha mirado la humillación de su esclava

Fuente: Lo tengo archivado desde hace años en mi archivo personal

2 comentarios sobre “Pesado, pedigüeño, y atrevido

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