La huellas en la arena

arenaLa anécdota es bien conocida, pero puede ayudar para meditar acerca de esa cercanía y presencia paterna de Dios en nuestras vidas. Nunca acabaremos de profundizar lo suficiente en el inmenso amor que Dios nos tiene:

Una noche un hombre tuvo un sueño. En él caminaba por la playa junto al Señor. En el cielo se veían reflejadas escenas de su vida. Ante cada escena veía en la arena dos pares de huellas: las de él y las del Señor.
Luego de que pasara ante él la última escena de su sueño, se volvió a mirar las huellas en la arena. Notó que en muchas ocasiones, a lo largo de su vida, sólo había un par de pisadas. Se dio cuenta de que había sucedido en los momentos más tristes y oscuros de su vida. Aquello lo turbó mucho, y le preguntó al Señor: «Señor, esto es porque yo en esos momentos te abandoné ¿verdad?».
El Señor le respondió: «No, hijo mio querido; si te fijas esas huellas están más hundidas que el resto… Es que en aquellos momentos tu estabas más cansado o ya no podías más, y entonces yo te llevaba en brazos».

Él siempre está con nosotros, aun cuando pensemos que le hemos abandonado o alejado, sus brazos siguen sosteniendo la esperanza de nuestro volver al camino que nos lleva al Cielo.

3 comentarios sobre “La huellas en la arena

  1. Hay una manifestación de la presencia de Dios, en la cual, Dios derrama constantemente su atención, su amor, su gracia, su favor, sobre los que lo obedecen, sobre los que le temen, sobre los que le aman, sobre sus hijos. Y a esto yo lo llamo “andar en su presencia”, Dios toma un papel maravilloso en la vida de sus hijos, bendiciéndolos, ayudándolos, abriéndoles camino, protegiéndolos, estando presente en sus vidas, día a día. Es la presencia favorable de Dios manifestada en la vida del creyente.

    Vemos a través de la biblia, que el “andar en la presencia de Dios”, es un “estado” en el que vivimos, Dios nos acompaña, nos atiende como un Padre, nos guarda y nos escucha, es decir, al estar su presencia con nosotros, El escucha y responde a nuestras oraciones.

    Después de la obra completada de Jesús en la cruz, Dios mandó a su Espíritu Santo y Éste ahora habita en nosotros, El Espíritu de Dios nos guía, nos corrige, nos fortalece, nos enseña, nos consuela y nos da entendimiento, Dios siempre presente con sus hijos por medio del Espíritu Santo.

    Cuando oremos, debemos orar en la presencia de Dios, buscando su rostro, con un corazón dispuesto, contrito y humillado, con un corazón que reconoce que necesita de Dios y que éste Dios es digno de todo el honor, de toda la honra, de toda la gloria y de toda la alabanza. Los frutos de vivir en la presencia de Dios es el gozo, la alegría, el júbilo, la paz y el regocijo. Debemos de tener bien claro que todas estas bendiciones vienen de Dios y su presencia. Él es nuestra paz.

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