Los fieles difuntos

cielo-estrellado-en-el-bosqueLa experiencia de la presencia de las personas difuntas en nuestra vida es una realidad, aunque escondida, muy real. De algún modo intuimos que están muy cerca de nosotros… Por ciento, ¿sabías que el dos de noviembre es uno de los días en que más gente va a Misa en todo el año? Lo hacen por amor a aquellos amigos y familiares suyos que ya no están… y a los que tanto quisieron. Es normal que tratemos a nuestros difuntos con cuidado y respeto. Recogemos sus cuerpos y con cariño los acompañamos hasta enterrar a nuestros seres queridos.

Enterrar a los muertos es un acto de fe en la resurrección. Sabías que cementerios significa dormitorio. Recuerda aquellas palabras del Señor cuando le dicen que una niña está muerta y el replica: no, no está muerta sino que duerme. Para un cristiano, la muerte es un sueño del que despertamos el día de la Resurrección final. Es fácil entender la resurrección mirando algunas imágenes de ella en la naturaleza: como el resurgir de la semilla que si muere da mucho fruto… O cuando al ver salir del sol tras la oscura noche se nos recuerda que la vida sigue… O cuando al ver salir al niño salir -con dolor- del vientre materno a la luz de la vida del mundo, se nos evoca ese otro renacer al salir –tras la muerte- del vientre de este mundo a la luz de la vida eterna…

Enterrar a los muertos es, también, una de las 7 obras de misericordia corporal. Las otras seis son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar albergue al forastero, cuidar a los enfermos y visitar a los presos. Como ves, todas ellas son modos muy concretos de vivir la caridad. Por tanto el cuerpo, incinerado o no, debe ser enterrado. Por respeto. Por caridad. Por amor: porque dentro de un mes, o de un año, o de muchos años, un día como el de los Todos los Difuntos tendrás deseos de ir a rezar a tus difuntos, y allí, en la quietud del cementerio, los podrás encontrar y rezar por ellos. Por eso las cenizas no se esparcen por el mar ni se tiran al aire: se conservan y se cuidan en suelo santo. No es cuestión sin importancia, todo lo contrario… Se trata, pues, de respetar sus cuerpos, que sabemos volverán a la vida en el último día.

Podremos así rezar por ellos, decíamos antes. La costumbre es antigua. En el libro de los Macabeos se cuenta como al término una sangrienta batalla, Judas Macabeo mandó recoger los cuerpos de los judíos muertos en la lucha, porque creía en la futura resurrección de los muertos. Era obligado darles digna sepultura. Pero la decepción fue grande cuando comprobó que algunos de esos hombres escondían entre sus ropas pequeños amuletos paganos. La sola idea de que hubieran podido morir sin la fe debida al Señor le estremeció. Mandó entonces a algunos de sus hombres de confianza que recogieran todo el dinero que pudieran de entre la tropa para reparar el posible pecado de los muertos. Era menester ofrecer sacrificios para rogar por su salvación. Compró los terneros y corderos suficientes para sacrificarlos a Dios, a fin de hacer aceptable las almas de los caídos en combate. ¡Qué fe la de Judas Macabeo! Y tu ¿rezas y ofreces alguna Misa por tus familiares difuntos? Por eso, es costumbre hacer funerales y reservar días –como el de todos los santos- para orar por los difuntos. En la Santa Misa nos encontramos todos: la Iglesia del cielo y la Iglesia de la tierra; los vivos y los difuntos.

No te olvides nunca de orar por tus difuntos. 

Fuentes:

 

Un comentario sobre “Los fieles difuntos

  1. Desde siempre, el hombre se ha preocupado por sus muertos y ha intentado darles una especie de segunda vida a través de la atención, el cuidado, el afecto. En un cierto sentido, se quiere conservar su experiencia de vida; y, paradójicamente, el modo en que vivieron, lo que amaron, lo que temieron, lo que esperaron y lo que detestaron, lo descubrimos precisamente por sus tumbas, ante las cuales se agolpan los recuerdos. Son casi como un espejo de su mundo.

    ¿Por qué es así? Porque, a pesar de la que la muerte sea un tema casi prohibido en nuestra sociedad, y se intente continuamente quitar de nuestra mente el solo pensamiento de la muerte, ésta nos afecta a cada uno de nosotros, afecta al hombre de todo tiempo y de todo lugar. Y ante este misterio todos, incluso inconscientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, una señal que nos dé consuelo, que se abra algún horizonte, que ofrezca aún un futuro. El camino de la muerte, en realidad, es un camino de esperanza, y recorrer nuestros cementerios, como también leer las inscripciones sobre las tumbas, es llevar a cabo un camino marcado por la esperanza de eternidad.
    Fuente: Aleteia

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s