Pero, claro, para eso yo tendría que ser santo

índiceSi yo me acerco a la parada del autobús, me sitúo frente a un hombre que está leyendo el “Marca” y le digo: Está cerca de vosotros el Reino de Dios, lo más probable será que él levante el periódico para esconderse y siga leyendo, mientras piensa que quiero captarlo para una secta. ¿Por qué? Porque la expresión Reino de Dios no le dice nada.

Eso sucede porque no soy santo. Si fuera santo… ¡Ah, si fuera santo! Entonces, al ver a ese hombre, pensaría en su alma y rezaría un Padrenuestro. Después me bastaría con preguntarle la hora y agradecerle la información. Él volvería a la lectura, pero quedaría pensando: «¡Qué paz me ha dejado este señor! Me ha sonreído de tal modo que parece que me conociera de siempre. ¡Y qué serenidad en su rostro! Ese hombre tiene “algo”». Él lo llamaría «algo», pero habría sentido cerca el Reino de Dios. Cuando me volviera a ver, nos saludaríamos. Poco después nos sentaríamos cerca en el autobús, y en seis viajes me habría contado su vida, sorprendido de que yo escuchara. En diez estaba confesado y en gracia de Dios

Pero, claro, para eso yo tendría que ser santo…

Fente: José-Fernado Rey Ballesteros

4 comentarios sobre “Pero, claro, para eso yo tendría que ser santo

  1. Que Dios nos ayude a dejar un rastro de bondad y misericordia. Que el Espíritu Santo nos ilumine con su gracia, alumbre y despeje las sombras de nuestro camino y nos empuje en nuestras acciones para que el mundo sea un poco mejor.

    Me gusta

  2. “Nosotros, los cristianos, hacemos consistir la santidad en estar SIEMPRE ALEGRES”.

    Nosotros, quiere decir, que formamos una familia, que ninguno va por su lado, sino que caminamos hacia una misma meta: “El Señor”. La santidad está al alcance de todos, a tu alcance y al mío. Pero para alcanzarla se necesita un poco de voluntad por parte de uno, después el Señor se ocupa de todo. El santo no es un triste santo, sino un santo alegre. Pero, ¿de dónde viene esa alegría que te lleva a buscar la santidad? Pues viene del corazón, pero no de un corazón cualquiera, es de un corazón que está lleno de Dios. ¿Y cómo podemos llenarlo de Dios? He aquí algunas cosillas que nos servirán de medios para llenarlo:

    – Leer el Evangelio de cada día y preguntarse: “¿qué querrá decirme el Señor con esto? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida? ¿Qué pasos daré en este día para llevar a cabo eso que Dios me pide?

    – La Eucaristía y la Confesión. La primera nos alimenta, la segunda nos limpia. Una persona que no come se queda en los huesos, y una que no se lava está sucia. Pensemos un poco cómo están presentes estos dos grandes dones que el Señor nos ha dado.

    – El amor a María, siempre nos guiará y ayudará en este camino.

    Pues bien, la decisión es nuestra. Recordemos que esto es para “Valientes”, y estoy convencida que todos somos uno de esos grandes valientes.

    Me gusta

  3. Muy buena esta reflexión de transmitir con el ser. La gente con la que tratamos ve que tenemos algo especial y pueden llegar a pensar que somos cristianos y por eso somos así, pero ya lo de conseguir que lleguen a confesarse y vivir como cristianos en gracia de Dios, todavía lo veo difícil de conseguir, pero es por lo que tú dices, que aún no somos santos.
    Abrazos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s