13. Mirad mis manos

Continuamos, un lunes más, con el libro de Pablo Prieto: “Dios y las artes del hogar”. Aquí os dejo con el capítulo 13, dedicado al trabajo, y en especial al trabajo que realizamos con las manos:

Mirad mis manos… (Lc 24, 39).— Puesto en medio de sus discípulos, el Resucitado acredita su identidad de este modo. Para reconocer mi rostro —parece decir— empezad reconociendo mis manos.

¿Y qué vemos en ellas? Los agujeros de los clavos y… los callos del trabajo. Sí, curtidas y recias, las manos de Cristo presentan la honrosa huella de treinta años en el taller, manejando precisamente lo que después serían instrumentos de su Pasión: maderas, martillos, clavos…

Mirad mis manos —nos dice—, y contemplad en ellas vuestro trabajo, redimido por mi Cruz y transfigurado por mi Pascua.

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¿No es este el hijo del artesano? (Mt 13, 53). ¿No es este el artesano? (Mc 6, 3).— Artesanía es trabajo hecho a mano y personalmente, pieza a pieza, con sentido artístico y amor a la tradición. Útil, bello y sencillo, el producto artesano nace del hogar y a él principalmente se destina.

Jesús, el Artesano, nos ofrece en su taller el modelo al que debe ajustarse todo trabajo humano. Cualquiera que sea nuestra profesión siempre puede desempeñarse artesanalmente, es decir: a conciencia, con creatividad y con espíritu de familia.

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Las tareas domésticas son trabajo artesanal por excelencia. Lo que José y Jesús hacen en el taller forma una unidad con lo que María hace en toda la casa.

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¿No es éste el artesano, el hijo de María? (Mc 6, 3).— Aunque se llamó a sí mismo buen Pastor (Jn 10, 11, cfr Ezequiel 34, 23), su profesión de hecho no fue esta, sino la de artesano. ¿Por qué? ¿No fueron pastores Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David y tantos otros justos y profetas? ¿Por qué eligió precisamente ese otro oficio, tan vinculado al ámbito familiar, en un taller posiblemente contiguo a la cocina de María? ¿Por qué en vez de guardar ganado o cultivar la tierra, como tantos de sus vecinos, prefirió confeccionar muebles y utensilios domésticos?

Quizá para poner manifiesto la dimensión familiar y mariana de la Iglesia, ampliación de la casa de Nazaret. Y para enseñarnos a edificarla partiendo, en primer lugar, de esta comunidad de trabajo que son nuestros hogares.

Un comentario sobre “13. Mirad mis manos

  1. Como es lunes, me quedo con:
    “Cualquiera que sea nuestra profesión siempre puede desempeñarse artesanalmente, es decir: a conciencia, con creatividad y con espíritu de familia.”
    En la artesanía se trabaja sobre todo con el amor hacia los objetos que se realizan para el disfrute de los demás, sin importar el tiempo y la dedicación. Sólo cuenta el producto final, concentrarse en él para obtener de algo tosco o informe, un resultado espectacular: una talla, una joya, una cerámica, un mueble,…. Y para conseguirlo: trabajo, fe y amor son fundamentales. Sin trabajo no se llega al fin último que se persigue; intentándolo una y otra vez hasta dar con ello. Para conseguirlo, y no rendirse en los fracasos parciales, hay que planificar, modelar o hacer patrones, pruebas, en definitiva tener fe para ir conformando, paso a paso en lo que se cree.
    Y por supuesto, sin poner cuidado, amor y paciencia en cada cincelada, en cada vuelta de torno, en cada corte,…, no se puede conformar el producto artesano. Un mal gesto, una impaciencia, un arrebato darían al traste con la obra maestra, y modesta. ¿Quizá por todo ello eligió Jesús ser artesano? Sólo Él lo sabe, pero me encanta la idea.
    No había pensado en ello…

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