11. Visitar y recibir

Continuamos, un lunes más, con el capítulo 11 del libro de Pablo Prieto: “Dios y las artes del hogar”. Aquí os lo dejo:

Cuando tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de gozo en mi vientre (Lc 1, 44).— Isabel desde dentro de su casa y Juan desde dentro de Isabel: cada cual escucha en su morada interior, o sea en su corazón. Pues escuchar no es tanto oír algo como recibir a alguien: es una visita.

Por eso necesitas vida interior. ¿cómo recibir a alguien, y mucho menos a Dios, si no tienes dónde ni con qué?

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El saludo crea un espacio común donde nos sentimos vecinos. Nuestras puertas se abren a un mismo rellano. Frases cotidianas como “hola”, “¿qué tal?”, “buenas tardes” son umbral donde una persona sale a recibir a otra. Todos los que habitualmente nos saludamos formamos un vecindario espiritual, donde flota la inminencia de innumerables visitas.

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Cuando entréis a una casa decid: paz a esta casa. (Primera misión de los discípulos, Lc 10, 5).— Sólo la paz llama al corazón desde fuera y lo abre desde dentro. Por eso la paz es la sustancia de todo saludo.

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Cada persona es al mismo tiempo peregrino y anfitrión para con sus semejantes. La paz es esencialmente una relación de hospitalidad.

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Comed lo que os pongan. (Misión de los discípulos, Lc 10, 8).— Acomodaos al menú de la casa sin melindres ni caprichos. No desdeñes la despensa de tu amigo, por pobre y desabastecida que esté. Si faltan en ella manjares de virtudes, sustancia de formación, aderezo de cultura, e incluso la sal del buen humor, por lo menos comparte con él su hambre de todo esto. Hasta el hambre alimenta si se comparte.

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Si alguno oye mi voz y me abre… (Apocalipsis 3, 20).— Quien acostumbra a abrir con una sonrisa es porque presiente a Cristo detrás de la puerta.

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El otro discípulo, que era conocido del Sumo Pontífice, habló a la portera e introdujo a Pedro. (Noche del prendimiento, Jn 18, 16).— La mujer cristiana, sobre todo si es portera o recepcionista, deja pasar a Cristo y hacia Cristo. Por ella el Señor entra en los corazones, las casas, las instituciones, la sociedad. Y eso ¡incluso a pesar de sí misma!, como le sucedió a la portera de Caifás…

María en cambio, Ianua Coeli, nos abre de todo corazón. Ella no sólo es Puerta sino portera, o sea Puerta con rostro, que nos invita en persona: ven, pasa, te espero, te reconozco…

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La puerta es a la casa lo que el pudor a la intimidad. Cultivo mi intimidad abriéndola a los demás; ahora bien, no a cualquiera ni de cualquier modo. Franqueo mi interior sólo a quien “llama” en la forma debida, y si lo introduzco en mi morada es progresivamente, según el orden que marca el pudor: primero el zaguán, después el salón, luego acaso la cocina…

Un comentario sobre “11. Visitar y recibir

  1. Mercedes fue a su buzón de correo y solo había una carta. Ella la tomó y la miró antes de abrirla. Ella leyó: Querida Mercedes: “Voy a estar en tu barrio el sábado en la tarde y quisiera verte. Te quiere siempre, Jesús”. Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa. ¿Por qué Dios querrá visitarme si no soy nadie especial?. También recordó que no tenia nada que ofrecerle, pensando en eso, ella recordó su nevera vacía. “No tengo nada que ofrecerle”. Tengo que ir al supermercado y comprar algo para la cena”. Ella tomó su cartera que contenía 10 euros. “Bueno, puedo comprar pan y embutidos por lo menos” Se puso el abrigo y corrió a la puerta. Compró un molde de pan francés, medio kilo de jamón de pavo y un cartón de leche lo que le dejó con tan solo doce céntimos hasta el lunes. Se sentía bien a medida que se acercaba a su casa con su humilde compra bajo el brazo.
    “Señorita, por favor, ¿puede ayudarnos?” Mercedes había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había notado dos figuras acurrucadas en la acera. Un hombre y una mujer, ambos vestidos de andrajos. “Mire señorita, no tengo trabajo y mi esposa y yo hemos estado viviendo en las calles, nos estamos congelando y tenemos mucha hambre y si usted nos pudiera ayudar se lo agradeceríamos mucho“. Mercedes los miró. Ellos estaban sucios y mal olientes y pensó que si ellos en verdad quisieran trabajar ya habrían conseguido algo. “Señor, me gustaría ayudarlos, pero soy pobre también. Todo lo que tengo es un poco de pan y jamón, y tendré un invitado especial a cenar esta noche y pensaba darle esto de comer.” “Está bien, comprendo. Gracias de todas maneras. El hombre puso su brazo sobre los hombros de la mujer y ella los miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón. “Señor espere“. La pareja se detuvo, mientras ella corría hasta ellos. “Por qué no toman esta comida, puedo servirle otra cosa a mi invitado” dijo ella mientras le entregaba la bolsa del supermercado “Gracias. Muchas gracias señorita” “Si, Gracias” Le dijo la mujer y Mercedes pudo ver que estaba temblando de frió. “Sabe, tengo otro abrigo en casa, tome éste“, le dijo mientras se lo ponía sobre los hombros. Ella regresó a casa sonriendo y sin su abrigo ni comida que ofrecer a su invitado. Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de su casa, pensando que no tenía nada que ofrecer al Señor. Cuando metió la llave en la cerradura notó otro sobre en su buzón. “Que raro. Usualmente, el cartero no viene dos veces el mismo día“. Ella tomó el sobre y lo abrió: Querida Mercedes: Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también por el hermoso abrigo. Te quiere siempre, Jesús.

    A veces es difícil encontrar a Dios en las pequeñas cosas que nos rodean, incluso en las personas que a veces nos son desagradables, pero es precisamente ALLI donde EL quiere que le encontremos: en cada pequeña y hermosa cosa que está hecha para nosotros.

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