9. Gestar y alumbrar

Gestar y alumbrar un título sugerente para un capítulo sorprendente. Aquí os dejo un lunes con este original libro: “Dios y las artes del hogar”, de Pablo Prieto.

En el vientre materno te escogí (Jeremías 1, 5).— Elegir a alguien en el vientre materno significa elegirlo por entero y para siempre. Tomarlo en su origen es tomarlo en su fin. Allí es donde resuena por primera vez la voz de Dios, que habla con esa palabra de carne que es el cuerpo de la mujer. Por eso el seno materno es figura y antesala de la Iglesia, y lugar por antonomasia de la vocación.

La mujer embarazada intuye esta verdad cuando cuida de su cuerpo y de su alma exquisitamente. Con su salud, su pureza, sus virtudes, ella custodia y venera la vocación de su hijo y prepara su cumplimiento.

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La primera habitación es el cuerpo de la madre. Todos los demás espacios que el arte doméstico amplía, amuebla, decora y limpia son prolongación de este primero y originario. Junto con el hijo, la madre también engendra el espacio humano que debe llenar.

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Isabel concibió y se ocultaba durante cinco meses, diciéndose: Así ha hecho conmigo el Señor, en estos días en los que se ha dignado borrar mi oprobio entre los hombres. (Lc 1, 23-25).— La maternidad abre en la mujer un nuevo filón de su intimidad, una veta de sí misma que le maravilla y hasta le abruma. Por eso Isabel se esconde pudorosamente, no para proteger al niño, que aún no ha nacido, sino a esta tierna y dulce criatura que acaba de alumbrar, y que es ella misma. Nueve meses antes que su hijo, ella ha nacido, débil e inerme, a su propia maternidad.

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En cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno (Lc 1, 41).— La que oyó fue ella, pero el que saltó fue él. ¿Pues cómo iba a oír el niño si aún no había nacido? Sin embargo oye por los oídos de su madre, hecho un solo cuerpo con ella.

Esto es propio de toda madre: escuchar para los otros, ser el oído del hijo, del esposo, del pariente. En ella Dios habla a cada miembro de la familia, a través de ella el Cielo penetra en esta especie de seno que es el hogar.

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Dios se anticipa a la madre, y la madre al hijo. Este es el orden misterioso que rige la vida de familia, y desde ella, toda la sociedad. Profética por naturaleza, la mujer entiende más, llega antes, acierta mejor.

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La ballena de Jonás (cfr Jonás 2, 1-11).— La casa se “come” no sólo la comida, sino el dinero, las fuerzas, el tiempo, la limpieza (pues hay que repetirla), la ropa (pues hay que renovarla), los electrodomésticos (pues hay que repararlos) y tantas otras cosas. Parece una gran boca ávida, que amenaza con devorar a sus habitantes.

Sin embargo no es así. Vividas con sacrificio y creatividad, estas labores engrandecen a quien las realizan. Parecen engullirnos en un primer momento pero luego, como la ballena de Jonás, nos restituyen fortalecidos y con afán de conquista. El hogar parece que gasta pero en realidad gesta.

5 comentarios sobre “9. Gestar y alumbrar

  1. El Concilio Vaticano II, siguiendo la Tradición, ha dado nueva luz sobre el papel de la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. La Bienaventurada Virgen, por el don de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es parte de la Iglesia, a saber: en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo . Sabemos como María permanece, desde el comienzo, con los apóstoles a la espera de Pentecostés y como a través de las generaciones está presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no desengaña.
    María creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor. Como Virgen, creyó que concebiría y daría a luz un hijo: al cual corresponde el nombre de Hijo de Dios , el nombre de Jesús (Dios que salva). Como esclava del Señor, permaneció perfectamente fiel a la persona y a la misión de este Hijo. Como madre, creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo .
    Por estos motivos María con razón es honrada con especial culto por la Iglesia; ya desde los tiempos más antiguos . Es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas. Este culto es del todo particular: contiene en sí y expresa aquel profundo vínculo existente entre la Madre de Cristo y la Iglesia. Como virgen y madre, María es para la Iglesia un modelo perenne . Se puede decir, pues, que, sobre todo según este aspecto, es decir como modelo o, más bien como figura , María, presente en el misterio de Cristo, está también constantemente presente en el misterio de la Iglesia. En efecto, también la Iglesia es llamada madre y virgen , y estos nombres tienen una profunda justificación bíblica y teológica.
    Contamos contigo, Madre, haznos HIJOS FIELES, y que esa fidelidad llegue a todos los hogares.

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