Alteridad sexual. La verdad intolerable

alteridad sexualHoy presentamos este libro de María Calvo Charro. Se trata en este libro de algo que sabéis es parte de la temática habitual de este blog: la identidad familiar. La reseña del libro está tomada de Digital Reason.

Ignorando las evidencias científicas, actualmente, estamos viviendo una época, tal vez la única en toda la historia de la evolución humana, en la que ciertos sectores ideológicos y políticos tratan de convencer a la sociedad de la identidad de ambos sexos. Prefieren ignorar la creciente bibliografía que demuestra empíricamente la existencia de diferencias innatas y mantienen en su lugar que hombres y mujeres nacen como hojas en blanco, en las que las experiencias de la infancia marcan la aparición de las personalidades masculina o femenina.
La pérdida de la esencia femenina implica necesariamente un menosprecio asimismo hacia la esencia masculina. De este modo, maternidad y paternidad son palabras sin sentido. La negación de la diferenciación sexual conduce a la identificación de las relaciones homosexuales con las heterosexuales, incluso desde el punto de vista legal, sin haber calibrado detalladamente las consecuencias sociales y psicológicas de tal medida. La familia se cuestiona debido a su índole natural bi-parental, esto es, compuesta por un padre y una madre.

Las tendencias descritas han permeado las leyes y han contribuido a organizar la sociedad sobre la confusión y la inmadurez. Se ha perdido la idea de una “verdad” sobre el hombre, cuya psicología se muestra fragmentada e impulsiva, carente de todo vínculo social.

Maria Calvo Charro es Profesora titular de Derecho administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid y Presidenta de EASSE-España (European Association Single Sex Education).

Fuente: Digital Reason

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8 comentarios sobre “Alteridad sexual. La verdad intolerable

  1. Efectivamente, la “identidad” o “igualdad” de géneros no está bien definida en nuestra sociedad actual. Hablar de identidad o igualdad del sexo masculino y femenino es, de partida, una evidente contradicción ya que, por su propia naturaleza, son esencialmente distintos, con funciones biológicas y papeles diferentes en términos de la reproducción, cuidado, alimentación y desarrollo de la descendencia, búsqueda de recursos, etc. Como cualquier especie animal, el ser humano no escapa a las leyes inexorables de la Madre Naturaleza.
    Sin embargo, nos distinguen del resto de los seres vivos la existencia de un espíritu, un alma, ligada a nuestra esencia natural. Así, coexisten en nosotros un ser corpóreo y material con un ser espiritual y transcendental. Sin el cuerpo material, biológico, el cuerpo espiritual muere. Es obligatorio alimentarse, beber, dormir,…, para llevar una adecuada existencia. Pero ese cuerpo, sin el cuerpo espiritual, el alma, no sería más que un ser ligado a una vida material centrada en crecer, desarrollarse, multiplicarse y morir. Toda la vida emotiva, cultural, trascendente no existiría si no alimentamos nuestra alma, cultivamos nuestro espíritu, entrenamos nuestra inteligencia. Y es en este trabajo y desarrollo espiritual y del conocimiento de donde nace la comprensión de los derechos naturales y fundamentales asociados a cualquier ser humano: derecho a la vida, derecho al respeto, derecho al trabajo digno, derecho a la libertad, derecho a la enseñanza, etc. Y en dicho contexto, resulta evidente que no distinguimos el sexo, edad, situación, raza, país,…, del ser humano concreto sobre el que aplicar dichos derechos. Todos los merecemos desde el momento en que somos concebidos como personas.
    Sin embargo, a la hora de desarrollar papeles y tareas concretas en la vida ordinaria resulta también evidente que cada ser humano goza de unas cualidades, dones, características, que lo diferencian del resto de sus congéneres. Así somos capaces de distinguir cualidades inherentes a razas, nacionalidades o grupos humanos a nivel genérico, que son admitidas con naturalidad por todos nosotros: los mediterráneos son alegres, los centroeuropeos o los japoneses disciplinados y laboriosos, los negros excelentes atletas, aunque no tan buenos nadadores o ciclistas, los pieles rojas son símbolo de la vida en armonía con la naturaleza, los indios poseedores de una gran espiritualidad…
    De este mismo modo, nadie duda, pues todos somos hijos, que una madre es una mujer, que un padre es un hombre, y que, si recordamos cómo era nuestro núcleo familiar respectivo, cada uno de nosotros encontraremos cualidades particulares asociadas intrínsecamente a nuestra madre o a nuestro padre, que les hacían responder a tal papel. Es posible que alguien diga: “Yo no tuve madre” o “Yo me crié sin padre”, pero también es cierto que normalmente estas personas añoran una figura materna o paterna durante toda su vida y resulta frecuente escuchar: “si hubiera tenido un padre”, “Si mi madre hubiera estado conmigo”,…
    Otra cosa es que descendamos de un nivel genérico fundamental al extraordinario o particular. En este caso, dentro de las relaciones humanas se producen situaciones diversas como consecuencia del devenir: niños sin padres, padres sin niños, parejas deshechas, parejas reconstruidas, familias monoparentales,…
    Es una obligación de la sociedad proteger a las personas y, por tanto, ofrecer soluciones para la convivencia y digna realización de los seres humanos, así como dar salida a diferentes situaciones reales en la vida ordinaria. Pero esas soluciones no pueden elevar lo particular hacia lo natural y general; o simplificar e identificar los papeles y roles de los seres humanos de forma biunívoca. Hay que ofrecer igualdad de derechos fundamentales pero no identidad de sexos. Esto es como si en un equipo de fútbol los jugadores pidieran el derecho de ocupar cualquier puesto por el hecho de ser jugadores. Es factible que eso se pueda realizar en un partido amistoso o benéfico (Iniesta de portero, Fernando Torres, Silva y Villa de defensas, Casillas, Valdés y Reina de delanteros,…). Sería una divertida experiencia para todos, ¡sin lugar a dudas!; pero si queremos ganar el campeonato del mundo, todos sabemos quién debe ocupar qué puesto. De este modo, si deseamos ganar el campeonato de la Vida, donde estamos implicados todos los seres humanos, permitamos que cada uno ocupe su mejor posición de acuerdo a sus cualidades innatas, dejemos a las madres ser madres, a los padres ser padres y a los hijos, hijos. E igualmente aceptemos de manera individual que Dios nos puso en esta vida con un papel concreto, para jugar en un puesto determinado y, aunque a todos nos hubiera gustado ser un Messi, un C. Ronaldo, un Iniesta, un Casillas, a lo mejor sólo podemos ser humildes masajistas, o quizás meros espectadores. Pero….¿qué sería de todos ellos sin los humildes masajistas, sin la gran multitud de espectadores?
    Asumir nuestro papel y dar gracias a Dios diariamente porque nos ha colocado en el lugar y momento oportuno debería ser parte de nuestra oración diaria.

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    1. Joaquín, ¡eres magnífico¡ ¡Que comentario tan completo.¡
      Enhorabuena. Me ha encantado. Todos los tuyos son objeto de mi amplitud de miras en los diversos aspectos de la VIDA. ¡Cuánto me ayudáis D. Rafael y tu¡. Gracias. Muchísimas gracias a los dos. Un abrazo.

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  2. La familia es una relación interpersonal de carácter original, peculiar, en cuanto que sigue criterios de diferenciación propios. Posee una impronta exclusiva que corresponde a exigencias funcionales que no es sustituible por otras relaciones humanas o sociales. A diferencia de otras formas de convivencia, la familia tiene la propia y se caracteriza a partir de la complementariedad de la unión de los sexos femenino y masculino (Amor conyugal) dando lugar a las vinculaciones mas importantes en la vida de una persona que son las del parentesco: Mi esposo/a, Mi madre, Mi padre, Mi hija, Mi hijo, etc. La familia matrimonial genera identidad, los nombres familiares son los que nos permiten ser álguien. Es la plataforma de lanzamiento para la conquista de la vida.Tiene la capacidad de decirle a cada ser que nace personalmente y no a otro: ¡que bueno que existas!, hecho fundamental de la autoestima.

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  3. Bueno, creo que nos apoyamos todos bajo la tutela de D. Rafael.
    También yo me alimento de tus comentarios Rosa, que en más de una ocasión aportan luz y claridad en días nublados.
    Me encanta el final de tu comentario, que me ha hecho reflexionar sobre como la familia es (o debería ser) una fábrica de buenas personas: “Tiene la capacidad de decirle a cada ser que nace personalmente y no a otro: ¡que bueno que existas!, hecho fundamental de la autoestima.”
    Ojalá más personas se impliquen en los comentarios para darnos fuerzas entre todos y sentirnos amparados dentro de la comunidad cristiana.
    Por mi parte, agradezco al Padre Rafael, la oportunidad que nos brinda de expresarnos y permitirnos escribir algunas líneas en su blog.
    Gracias a los dos.
    Seguimos caminando.

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