¿Es razonable creer en cualquier cosa? No. Es razonable creer en algo razonable, en algo que tiene más razones para ser creído que para no ser creído.

2cf78b81-3809-476f-a988-f14ed775e676Si, como vimos ayer, creer es algo razonable, entonces ¿esto quiere decir que la mente humana tiende a creer sin más en cualquier cosa, por inverosímil que sea? No. Lo que quiere decir que la mente humana tiende a creer justamente en lo más verosímil, y que cuando alguien nos anuncia algo que no parece lógico, la tendencia es a no creer, o bien a creer que eso no es verdad. Por ejemplo, si alguien nos dijera que afuera de nuestra casa hay una nave espacial con unos marcianos, seguramente nos negaríamos de plano a creer, mientras no hayamos visto eso.

Conviene advertir que el el que dice que no cree en la existencia de Dios, es porque a fin de cuentas cree que Dios no existe, aunque esto no lo pueda demostrar. El que dice que no cree en los políticos, es porque en definitiva cree que los políticos son falsos o mienten sistemáticamente por el sólo hecho de ser políticos. El que dice que no cree en espíritus o apariciones, es porque cree que las apariciones o los espíritus no son reales.

Pues bien, a la mente humana le es muy difícil salir de la creencia. Podríamos afirmar que la mente humana está “programada” para creer. De hecho, las creencias facilitan enormemente la vida, y permiten al ser humano arriesgarse inventando, porque cree que con el nuevo sistema inventado, las cosas van a funcionar mejor. En el ámbito humano, nos parece mucho más razonable y mucho más simpática una persona que confía en los demás, que una persona desconfiada y recelosa, que duda de todo y pone todo lo que le dicen en tela de juicio. Una persona que sistemáticamente se niega a creer lo que le dicen o lo que ve en las noticias, está más cercana a la paranoia que al sano equilibrio mental. Es más agradable alguien que me cree, que alguien que sistemáticamente se resiste a creerme cualquier cosa.

Pero en honor al equilibrio mental, también tendremos que decir que no es lógico creer en cualquier cosa, y mucho menos creer en cosas que lo más probable es que sean falsas, o que no tienen ninguna razón de ser. Es cuando entramos en el campo de la patología de la credulidad ingenua –por no decir estúpida– de quien cree en cualquier ridiculez irracional, aún cuando no haya ningún motivo para creer eso, sino más bien motivos para no creer.

En definitiva, creer es un acto racional, y una necesidad del modo de pensar humano. Pero creer en cualquier cosa, o creer en cosas inverosímiles o contradictorias, es entonces algo irracional, porque traspasa los límites de la lógica y de lo razonable. Para diferenciar una creencia razonable de una que no lo es, pongamos un ejemplo:

Si nos conseguimos en una isla desierta una computadora de última generación, podríamos tener dos opciones para buscar el origen de ese aparato electrónico: o que alguien inteligente la diseñó y la construyó y de alguna manera la dejó en ese lugar, o bien que se fue formando con el paso de millones de años por la combinación azarosa de los elementos de ese lugar. Es decir: podemos creer que alguien hizo esa computadora y la puso allí, o bien que ese aparato es producto del mero azar. ¿Cuál creencia será más razonable? El sentido común nos dice que lo más razonable es creer que alguien inteligente la diseñó y la construyó. Y el que cree que es producto de la casualidad, y que esa computadora estuvo formándose por ensayo y error, a través de la combinación al azar de varios elementos durante millones de años, le tendremos que decir que en honor del sentido común, su creencia no parece la más lógica. Tendremos por fuerza que recurrir a la creencia, porque ninguno de los que vio esa computadora allí depositada fue testigo de su origen, pero hay una creencia más lógica que otra.

Podríamos poner otro ejemplo similar, más cercano a la ciencia contemporánea:

¿Qué es más razonable, pensar que el universo, y la vida presente en él, se formó al azar por la combinación casual de los elementos a lo largo de millones de años, o bien que un ser inteligente lo diseñó y lo fue “construyendo” poco a poco siguiendo unos planes muy bien pensados? Parece que la última es la opción más racional, porque el azar y la casualidad no suelen dar lugar a sistemas ordenados, sino que suelen producir caos y más caos. Pero en cambio, es evidente que el universo es un cosmos, porque posee un orden singular, que reclama la existencia de un ordenador y un diseñador inteligente. Por tanto, es más lógico creer que el universo lo diseñó y lo creó un ser inteligente, que pensar que fue fruto de un azar caótico. Aunque nos movamos en el campo de la creencia, una creencia es más razonable que la otra.

Así pues, a la pregunta, ¿es razonable creer en cualquier cosa? Tenemos que responder que no. Es razonable creer en algo razonable, creer en algo que, aunque no entendamos, tiene más razones para ser creído que para no ser creído.

Un comentario sobre “¿Es razonable creer en cualquier cosa? No. Es razonable creer en algo razonable, en algo que tiene más razones para ser creído que para no ser creído.

  1. San Agustín, antes de su conversión, busca con tanta inquietud la verdad, a través de todas las filosofías disponibles y las encuentra todas insatisfactorias. Su fatigosa búsqueda racional es para él una pedagogía significativa para el encuentro con la Verdad de Cristo. Cuando dice, “comprende para creer y cree para comprender” (Discurso 43, 9: PL 38, 258), es como si estuviera contando su propia experiencia de vida.

    Ante la revelación divina, el intelecto y la fe no son extraños o antagonistas, sino que ambas son condiciones para comprender su sentido, para recibir su mensaje auténtico, acercándose al umbral del misterio. San Agustín, junto con muchos otros autores cristianos, es testigo de una fe que se ejerce con la razón, que piensa e invita a pensar.

    Así, la fe, vivida realmente, no está en conflicto con la ciencia, más bien coopera con ella, ofreciendo criterios básicos que promuevan el bien de todos, pidiéndole que renuncie sólo a los intentos que –oponiéndose al plan original de Dios– pueden producir efectos que se vuelvan contra el mismo hombre. También por ello es razonable creer: si la ciencia es un aliado valioso de la fe para la comprensión del plan de Dios en el universo, la fe permite al progreso científico realizarse siempre por el bien y la verdad del hombre, fiel a este mismo diseño.

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