El Nidito

Me he encontrado, por casualidad (?), este relato en la red. Me ayudó, y espero  pueda ayudarte a ti también:
“Dos semanas antes de irnos al hospital para la operación de mi hija, yo estaba muy nerviosa porque me acordaba de lo que nos había dicho el último médico: que era mejor torcida y caminando, que recta en una silla de ruedas. En el hospital también habían dicho que uno de los riesgos era ese. Yo pensaba, si no sería que estaba forzando la operación, y tal vez no debía de hacerlo. Pensaba en esto constantemente.
Almorzando un día en casa de mis padres, mi mamá nos enseñó un nidito que estaba a menos de un metro y a la altura de nuestra vista. Habían cortado las ramas que lo protegían, sin darse cuenta de que había un nido ahí. El nidito quedó totalmente desprotegido, pero estaba rodeado de unas espinas enormes de unas 3 a 4 pulgadas, muy puntiagudas.
Después del almuerzo me quedé sola en la cocina y me asomé a la ventana porque vi que se estaba nublando, y me puse a pensar en todo lo que le podía suceder a los huevitos del nido si llovía. Se iba a inundar, y los pajaritos iban a abandonarlo.
En un momento se puso negro el cielo y empezó a llover muy fuerte. Yo estaba viendo el nido, cuando en esto llega el pajarito, extiende sus alas, y se postra encima del nidito con sus alas abiertas cubriéndolo totalmente. No le entraba ni una gota de agua al nido. Su tamaño era perfecto, con sus alas extendidas cubría el nidito sin que le faltara ni le sobrara un milímetro de espacio. El pajarito con sus alas extendidas estaba aguantando toda la lluvia que caía con tanta fuerza. Yo pensaba en cuánto le podía estar doliendo y cuánto más iba a poder aguantar. Era tan fuerte la lluvia, que por un momento pensé que el pajarito ya no estaría ahí. Pero en ese momento cesó la lluvia, y pude ver cuando el pajarito salió volando y se sacudió el agua.
Me quedé muy impresionada por lo que había visto y empecé a pensar que los huevitos, si ya hubieran nacido, no habrían visto el cielo oscuro, ni habrían oído ni sentido la lluvia en ningún momento. ¡Cuánto le debe haber dolido estar aguantando ese aguacero a un pajarito tan frágil!. Y pensé: las espinas de ese arbusto son nuestras cargas, angustias, inseguridades… En ese momento, oí la voz de Jesús que me decía: “Así te protejo yo a ti”.
Desde aquel día, supe que Dios estaba cuidando de mi hija y, que si Dios estaba con ella, todo iba a ir bien. Ya no tuve ninguna duda, sentí una gran paz y felicidad. Salí corriendo a compartir esto con toda mi familia, y desde entonces le doy muchas gracias a Dios por haberme mostrado su infinito amor misericordioso hacia todos; y cómo debemos de confiar y estar seguros de que Él está con nosotros hasta en nuestros pensamientos más profundos.

2 comentarios sobre “El Nidito

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