“El hombre supera infinitamente al hombre” (Pascal)

???????????????????????????????????????El hombre es un ser finito físicamente. Esta finitud se manifiesta en que somos dependientes, estamos amenazados por la naturaleza que le rodea, sujetos a la muerte.

Nuestra finitud se percibe,  también en nuestra capacidad de conocer, en que no podemos poner nunca punto final a nuestras preguntas. Toda respuesta suscita nuevos interrogantes. Nuestra ignorancia parece agrandarse conforme más cosas conocemos.

Con especial fuerza se plantea nuestra finitud frente a la pregunta del sentido del hombre en la experiencia del sufrimiento propio o ajeno: en la enfermedad, en la preocupación, en la soledad o el fracaso.

Tampoco e la búsqueda de la felicidad alcanzamos nunca la plenitud. Es cierto que hay momentos en los que nos sentimos felices: cuando nos sale bien algo, cuando amamos y nos sentimos amados, al realizar algo bueno por los demás aún a costa de sacrificio, en el deporte, el arte, la música, etc… Pero pronto comprobamos que esos momentos son eso “momentos” que pasan: son como una promesa que nunca acaba de cumplirse.

Nada en este mundo puede serlo todo para el hombre. Porque todo lo que encontramos es finito y limitado, imperfecto y pasajero. ¿Qué pasa entonces? ¿Qué sentido tiene la vida?

La respuesta está en que en el hombre no solo se da la experiencia de finitud, sino también la esperanza de infinitud. Efectivamente, aún consciente de la breve duración de la vida, no dejamos de trabajar, de luchar y de buscar la felicidad. Nuestro esfuerzo se proyecta hacia adelante, apunta a “algo” que intuimos puede realizarnos en plenitud. Perseguimos intensamente “algo total”. Continuamente estamos pensando en “algo más” que en la experiencia pasajera de la felicidad del aquí y ahora. ¿Por qué? Porque transcendemos toda la realidad, porque estamos abiertos, constantemente en camino, siempre hambrientos y sedientos de más verdad, más justicia y más felicidad.

Pues bien la realización de este deseo implacable es algo que el hombre no puede alcanzar por si solo. Vivimos dentro de la tensión entre la experiencia de nuestra propia finitud y el deseo de lo infinito, lo absoluto y perfecto. Se trata de una situación paradójica, tendemos hacia una perfección última que no podemos darnos a nosotros mismos. Como decía Pascal: “el hombre supera infinitamente al hombre”.

La tensión es la causa del desasosiego, de la inquietud e insatisfacción en la que continuamente se encuentra nuestro corazón. Pero si la vida tiene un sentido, y no puede ser un absurdo, a esta esperanza de absoluto debe corresponder una realidad de absoluto: todo esa inquietud y búsqueda debe ser eco y reflejo de una llamada de Dios que se escucha en el fondo de nuestra alma.

Efectivamente, solo en Dios adquiere el hombre y la vida su sentido pleno y verdadero. Sólo Dios es capaz de dar respuesta a los anhelos de felicidad que tiene el hombre. Solo la infinitud de Dios puede llenar el vacío infinito que hay en nuestro corazón. La opción por Dios significa una opción por el hombre. Solo si Dios existe, tiene sentido la vida humana. Solo entonces el hombre no es un ser perdido en un cosmos insensible a sus preguntas y necesidades.

La fe en Dios nos da seguridad y permite -exige- que nos aceptemos a nosotros mismos y a todos los hombres.

2 comentarios sobre ““El hombre supera infinitamente al hombre” (Pascal)

  1. Cuando una persona está llena de Dios, es imposible no irradiar alegría y amor a los demás. Yo descubrí que Dios había puesto en mi corazón y en el de todas las personas, unas ansias infinitas de felicidad que las cosas finitas, transitorias, no la podían saciar. Recuerdo cuando encontré esta felicidad, y fue cuando Él me dio la fe en la Eucaristía. Cuando descubrí que allí estaba Jesús vivo en cuerpo y alma, mi vida comenzó a cambiar por completo. La sed que tenía de su amor y de estar con Él, descubrí que, en el fondo, era la sed que Él tenía de mi amor; exactamente igual que en el encuentro de Jesús con la samaritana: “ Si conocieras quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a Él y Él te daría agua Viva”; o aquella preciosa afirmación de San Agustín: “Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón anda inquieto hasta que no descanse en Ti”.

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