Dios y las artes del hogar

Resumen del libro. Espero que no le parezca al autor, Pablo Prieto, somos buenos amigos desde antes de ordenarnos sacerdotes juntos en Roma; pero tengo la intención de ir poniendo algunas entradas en el blog acerca de esta cuestión tan original e interesante como es hacer una lectura bíblica desde la perspectiva de las tareas del hogar. ¡Enhorabuena, Pablo, por este buen trabajo!

Las artes domésticas son esa compleja trama de servicios, destrezas, tradiciones y ritos con los cuales la familia se construye día a día y crece como cuerpo vivo. Todos, varones y mujeres, estamos implicados en este lenguaje de la casa, hecho de gestos menudos y detalles materiales, con el cual afianzamos nuestros vínculos, expresamos nuestra unidad, y nos abrimos a la sociedad. 

Esta escuela de valores humanos y actitudes cívicas adquiere relieve insospechado a la luz de la fe. Jesucristo, en efecto, demuestra tanto en su trabajo escondido en Nazaret como en sus discursos y parábolas, una exquisita sensibilidad doméstica, la misma que emplea para fundar su Iglesia e imprimir en ella aire de hogar. Por este terreno se adentra el presente libro. 
Compuesto por breves e incisivos comentarios al Evangelio, busca contemplar el misterio de la salvación desde la perspectiva del trabajo doméstico, tan rico en motivaciones sociales, educativas y artísticas. El autor evita en todo momento aquellas interpretaciones estrechas y machistas que tanto deforman el rostro del hogar, normalmente en perjuicio de la mujer, y que tan ajenas son al auténtico mensaje cristiano. Por el contrario, estas páginas invitan a una lectura creyente y sencilla del texto sagrado, donde palpitan tantas llamadas al servicio mutuo, la colaboración y el trabajo bien hecho. Actitudes todas personificadas en María, ama de casa en Nazaret y Reina del Cielo.

INDICE:

19 comentarios sobre “Dios y las artes del hogar

  1. SINOPSIS DE UN GRAN LIBRO

    Dios y las artes del hogar
    Las tareas domésticas a la luz del Evangelio
    Pablo Prieto (pabloprieto100 @ hotmail.com)

    Las artes domésticas son esa compleja trama de servicios, competencias, destrezas, actitudes, hábitos, tradiciones y ritos, con los cuales el hogar toma conciencia de sí, configura su rostro y celebra su hermosura. En estas tareas la familia aparece como lo que es: comunión de personas y —en palabras de Juan Pablo II—, “primera y fundamental realización de la Iglesia”.

    Se trata, por otra parte, del trabajo ejercido por más personas en el mundo, sobre todo mujeres, y que esconde una mina de valores humanos y sabiduría pocas veces reconocidos como merecen. ¿Cómo no meditar, por tanto, las abundantes referencias que el Evangelio hace a este ámbito de la vida? No sólo en su trabajo escondido en Nazaret sino también en sus discursos y parábolas, Jesús demuestra una exquisita sensibilidad doméstica, la misma que emplea para fundar su Iglesia e imprimir en ella aire de hogar.

    Este es el terreno por donde se adentra el presente libro. Compuesto por breves e incisivos comentarios al Evangelio, busca contemplar el misterio de la salvación desde la perspectiva del hogar. Perspectiva, cómo no, eminentemente mariana, pues en María se encuentran íntimamente unidos, por designio de Dios, su papel de corredentora y su oficio de ama de casa.

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  2. APOSTOLADO

    El apostolado es algo natural.

    Hacer apostolado significa compartir, significa guiar, significa iluminar a todos los que te rodean para que todos lleguen a su fin, que es Dios

    A todos nos ha sucedido alguna vez que, al asistir a un espectáculo muy bueno o ir de viaje a un lugar hermoso , inmediatamente surgen en nosotros deseos de contarselo a los amigos, de compartir esa experiencia con aquellos que queremos.

    Cuando estás emocionado con algo, quieres hablar de ello todo el día y con todas las personas que te encuentres. En eso consiste el apostolado: hablar de ese tesoro que has encontrado, de ese camino a la verdadera felicidad que has descubierto.

    El apostolado es una señal de amistad. Sería muy egoísta guardarte el secreto para ti solo dejando que tus amigos se vayan por rutas incorrectas. Hacer apostolado significa compartir, significa guiar, significa iluminar a todos los que te rodean para que todos lleguen a su fin, que es Dios.
    Sin embargo, tal vez en este momento te hagas una pregunta: ¿de qué manera puedo asumir mi llamada al apostolado?

    Hay diversos tipos de apostolado

    • El apostolado del testimonio: consiste en actuar siempre bien, en privado y en público; en convencer a los demás del camino a seguir, caminando tú primero. Que al verte feliz y realizado los demás deseen seguirte e imitarte.

    • El apostolado de la palabra: consiste en hablar de lo que has descubierto. Puedes realizarlo escribiendo libros, dando conferencias o en charlas, durante un rato de convivencia o en la comida, en donde compartas con los demás tus experiencias y tus conocimientos sobre el camino a la felicidad.

    • El apostolado de la acción: consiste en organizar, dirigir o colaborar en alguna obra o acción específica de ayuda a los demás. Esto se puede realizar a través de la acción social, las misiones o cualquier otra acción que dé a conocer a Dios a los demás.

    • El apostolado de la oración y el sacrificio: consiste en orar, rezar y sacrificarse por los demás. Muchas veces te encontrarás con personas a las que es imposible convencer mediante las palabras o el testimonio. Con ellas, necesitas más que nunca el poder de Dios, recurrir a Él y pedirle su ayuda.

    En cierta ocasión los discípulos de Jesús llegaron con Él muy desanimados por no poder sacar un demonio, y Cristo les contestó: “Ese tipo de demonios sólo pueden expulsarse con la oración y el sacrificio”.
    (Mt. 17, 21)

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  3. Al encaminarse decididamente a Jerusalén, hacia la cruz, Jesús cumple voluntariamente el designio del Padre (cfr 9,31), que había determinado que por su pasión y muerte llegase a la resurrección y ascensión gloriosas.

    «El tiempo de su partida» (v. 51). Literalmente, «el tiempo de su asunción». Se refiere al momento en que Jesucristo, abandonando este mundo, ascienda a los cielos. El evangelista describe la subida a Jerusalén como una ascensión adonde iba a manifestarse la salvación. Pero la exaltación pasa por la cruz, de ahí el doble sentido que tiene esa palabra en el leguaje cristiano: «La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria. (…) También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo» (S. Andrés de Creta, Sermo 10 de Exaltatione Sanctae Crucis).

    «Pero no le acogieron» (v. 53). Los samaritanos eran enemigos de los judíos desde la mezcla de los antiguos hebreos con los gentiles que repoblaron la región de Samaría en la época del cautiverio asirio, a finales del siglo VIII a.C. (2 R 17,24-41). Las desavenencias se hicieron más intensas con la restauración de Jerusalén, tras el destierro en Babilonia (cfr Ne 13,4-31). Por estos y otros motivos, los samaritanos no reconocían el Templo de Jerusalén como el único lugar donde se podían ofrecer sacrificios, y construyeron su propio templo en el monte Garizim (cfr Jn 4,20). Jesucristo corrige el deseo de venganza de sus discípulos (vv. 54-56), opuesto a la misión del Mesías que no ha venido a perder a los hombres sino a salvarlos. De este modo, los Apóstoles van aprendiendo que el celo por las cosas de Dios no debe ser áspero ni violento. «El Señor hace admirablemente todas las cosas (…). Actúa así con el fin de enseñarnos que la virtud perfecta no guarda ningún deseo de venganza, y que donde está presente la verdadera caridad no tiene lugar la ira y, en fin, que la debilidad no debe ser tratada con dureza, sino que debe ser ayudada» (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, ad loc.).

    Algunos manuscritos griegos, que fueron seguidos por la Vulgata, añaden al final del v. 55: «diciendo: No sabéis a qué espíritu pertenecéis. El Hijo del hombre no ha venido a perder a los hombres sino a salvarlos».

    Como en los inicios de su actividad (cfr 5,1-11), también ahora hay personas que se sienten llamadas a seguir a Jesús (vv. 57-62). Pedro y los demás Apóstoles «dejaron todas las cosas» (cfr 5,11.28) para seguirle; estas personas, en cambio, todavía tienen que desprenderse de algo. Del mismo modo, su actitud contrasta con la de Cristo a quien poco antes el evangelista ha mostrado firmemente decidido (cfr 9,51) en su camino hacia Jerusalén. Seguir a Jesús exige radicalidad: «A veces [la voluntad] parece resuelta a servir a Cristo, pero buscando al mismo tiempo el aplauso y el favor de los hombres. (…) Se empeña en ganar los bienes futuros, pero sin dejar escapar los presentes. Una voluntad así no nos permitirá llegar nunca a la verdadera santidad» (Juan Casiano, Collationes 4,12).

    Publicado por Francisco Varo

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