Condiciones de la buena oración

No quiero dejar el tema de la oración en mayo, así que seguimos con esta obra que venimos tratando de san Alfonso María de Ligorio, “El gran medio de la oración”:

Condiciones de la buena oración

En verdad, en verdad os digo que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo concederá. Tal es la bella promesa que nos ha hecho Jesucristo. Dice que nos concederá todo cuanto le pidamos, pero debemos entender que con la condición de que recemos con las debidas disposiciones. Ya lo dijo el apóstol Santiago: Si pedís y no alcanzáis lo que pedís, es porque pedís malamente. Y San Basilio, apoyando esta sentencia del apóstol, escribe: Si alguna vez pediste y no recibiste, fue seguramente porque pediste con poca fe y poca confianza, con pocas ansias de alcanzar la divina gracia, porque pediste cosas no convenientes o porque no perseveraste en la oración hasta el fin. Santo Tomás reduce a cuatro las condiciones para que la oración sea eficaz: pedir por uno mismo, pedir cosas necesarias para la salvación, pedirlas con piedad y pedirlas con perseverancia. En las siguientes entradas veremos estas 4 condiciones. Empezamos por la primera:

Se dice por quién hemos de pedir

La primera condición de la oración, dice el Doctor Angélico, es que pidamos por nosotros mismos. Sostiene, en efecto, el santo Doctor, que nadie puede alcanzar para otro hombre la vida eterna, ni por tanto las gracias que conducen a ella a título de justicia, ex condigno, como dice la teología. Y advierte además esta razón: que la promesa que hizo el Señor a los que rezan es solamente a condición de que recen por ellos mismos y no por los demás. Dabit vobis. A vosotros se os dará.
Hay sin embargo muchos doctores que sostienen lo contrario, tales como Cornelio Alápide, Silvestre, Toledo, Habert y otros, y se apoyan en la autoridad de San Basilio, el cual afirma categóricamente que la eficacia de la oración es infalible, aun cuando recemos por otros, con tal que ellos no pongan algún impedimento positivo. Se apoya en las sagradas Escrituras que dicen: Orad los unos por los otros para que seáis salvos: que es muy poderosa ante Dios la oración del justo. Y todavía es más claro lo que leemos en San Juan: el que sabe que su hermano ha cometido un pecado, ruegue por él y Dios dará la vida al que peca, no de muerte.
Comentando estas palabras San Agustín, San Beda y San Ambrosio dicen que aquí se trata del pecador que se empeña en vivir en impenitencia, o sea, en la muerte del pecado; pues para los obstinados en la maldad se necesita una gracia del todo extraordinaria. A los pecadores que no son culpables de tan grande maldad podemos salvarlos con nuestras oraciones. Así lo aseguran, apoyados en esta solemne afirmación del apóstol San Juan: Reza y Dios dará la vida al pecador.
Lo que en todo caso está fuera de duda es que las oraciones que hacemos por los pecadores, a ellos les son muy útiles y agradan mucho al Señor: y no pocas veces se lamenta el mismo Salvador de que sus siervos no le recomiendan bastante los pecadores. Así lo leemos en la vida de Santa María Magdalena de Pazzi, a la cual dijo un día Jesucristo: Mira, hija, cómo los cristianos viven entre las garras de los demonios. Si mis escogidos no los libran con sus oraciones, serán totalmente devorados.
Muy especialmente pide esto Ntro. Señor Jesucristo a los sacerdotes y religiosos. Por esto la misma santa hablaba así a sus monjas: Hermanas, Dios nos ha sacado del mundo no sólo para que trabajemos por nosotras, sino también para que aplaquemos la cólera de Dios en favor de los pecadores. Otro día dijo el Señor a la misma santa carmelita: A vosotras, esposas predilectas, os he confiado la ciudad de refugio, que es mi sagrada Pasión: encerraos en ella y ocupaos en socorrer a aquellos hijos que perecen… y ofreced vuestra vida por ellos. Por esto la santa, inflamada de caridad, cincuenta veces al día ofrecía a Dios la sangre del Redentor por los pecadores y tanto se consumía en las llamas de su devoción, que exclamaba: ¡Qué pena tan grande, Señor, ver que podría muriendo hacer bien a vuestras criaturas y no poder morir! En todos sus ejercicios de piedad encomendaba al Señor la conversión de los pecadores, y leemos en su biografía, que ni una sola hora del día pasaba sin rezar por ellos. Se levantaba muchas veces a media noche y corría a rezar ante el sagrario por los pecadores. Un día la hallaron llorando amargamente. Le preguntaron la causa de su llanto y contestó: Lloro, porque me parece que nada hago por la salvación de los pecadores. Llegó hasta ofrecerse a sufrir las penas del infierno, con la sola condición de no odiar allí al Señor. La probó el Señor con grandes dolores y penosas enfermedades. Todo lo padecía por la conversión de los pecadores. Rezaba de modo especial por los sacerdotes, porque sabía que su vida santa era salvación de muchos, y su vida descuidada, ruina y condenación de no pocos. Por eso pedía al Señor que castigase en ella los pecados de los desgraciados pecadores. Señor, decía, muera yo muchas veces y otras tantas torne a la vida hasta que pueda satisfacer por ellos a vuestra divina justicia. Por este camino salvó muchas almas de las garras del demonio, como leemos en su biografía.
Aunque he querido hablar más extensamente del celo de esta gran santa, puede muy bien decirse lo mismo de todas las almas verdaderamente enamoradas de Dios, pues todas ellas no cesan de rogar por los pobres pecadores. Así ha de ser, porque el que ama a Dios, comprende el amor que el Señor tiene a las almas y lo que Jesucristo ha hecho y padecido por ellas, y a la vez se da cuenta de las grandes ansias que tiene ese Divino Salvador de que todos recemos por los pecadores; y entonces ¿cómo es posible que vea con indiferencia la ruina de esas almas desgraciadas que viven sin Dios y esclavas del infierno? ¿Cómo no se sentiría movida a pedir al Señor que dé a esas desventuradas luz y fuerza para salir del estado lastimoso en que viven y duermen perdidas? Es verdad que el Señor no ha prometido escucharnos, cuando aquellos por quienes pedimos ponen positivos impedimentos a su conversión, mas no lo es menos que Dios, por su bondad y por las oraciones de sus siervos da muchas veces gracias extraordinarias a los pecadores más obstinados, y así logra arrancarlos del pecado y ponerlos en camino de salvación.
Por tanto, cuando digamos u oigamos la Santa Misa, en la comunión, en la meditación, y cuando visitemos a Jesús Sacramentado, no dejemos de pedir por los pobres pecadores. Afirma un sabio escritor que quien más pide por los otros más pronto verá oídas las plegarias que haga por sí mismo.
(Seguiremos)

5 comentarios sobre “Condiciones de la buena oración

  1. ORACION VOCAL:
    Dice el Nuevo Catecismo (#2704): “La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes … se hace interior en la medida que tomamos conciencia de Aquél “a Quien hablamos” (Sta.Teresa Jesús). Por ello, la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa”. Dicha desde el corazón puede ser una vía para llegar a la contemplación.
    A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el Padre Nuestro … Si bien los Evangelios nos muestran a Jesús orando en soledad y en silencio, también nos lo muestran elevando Su voz al Padre para expresar vocalmente su oración personal (cfr. NC #2701)

    Hay varios tipos de ORACION VOCAL:

    PETICION:

    Dice el Nuevo Catecismo (#2735) que cuando alabamos a Dios o le damos gracias … no estamos preocupados por saber si esta oración le es agradable a Dios. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el resultado, porque como la oración de petición suele ser causada por un anhelo que deseamos se cumpla o por un plan que deseamos se realice, o por una necesidad que deseamos sea satisfecha, a veces parece que no fuera escuchada.
    Pero sucede que a veces pedimos cosas que no nos convienen y que no coinciden con lo que Dios, nuestro Padre y Creador, desea para nosotros Sus hijos. “Pedís y no recibís, porque pedís mal”, nos advierte el Apóstol Santiago en su Carta (2, 3). Y San Pablo también insiste en esta idea: “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rom.8, 26).
    Es por ello que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que es necesario orar para poder conocer la Voluntad de Dios (#2736). “El Evangelio nos invita a conformar nuestra oración con el deseo del Espíritu” (#2756).
    Por eso dice San Juan: “Estamos plenamente seguros: si le pedimos algo conforme a Su Voluntad, El nos escuchará” (1ª Jn.5,9). Y el mismo Señor nos dice: “Pedid y se os dará … vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt.7,7-11). Pero para pedir “cosas buenas” es menester conocer la Voluntad de Dios.
    Es cierto que Jesús nos ha dicho: “Pedid y se os dará” (Mt.7, 7 – Lc.11, 9), pero también nos dijo: “Vuestro Padre sabe lo que necesitáis” (Lc.12, 30). En todo caso, nuestra oración de petición debe siempre estar sujeta a la Voluntad de Dios “No se haga mi voluntad, sino la Tuya” (Lc.22, 42 – Mc.14, 26).

    “Al orar no multipliquen las palabras, pensando que por mucho hablar serán atendidos. Ustedes no recen de ese modo, porque, antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mt. 6, 7-8)

    . INTERCESION:

    Cuando la oración de petición se hace por otra u otras personas, se convierte en de Intercesión.

    En nuestra oración de petición y de intercesión es bueno usar frases como éstas (cfr. Isabel de la Trinidad, o.c.d): “Lo que Tú creas, Señor, es lo mejor para …” “Aquí estoy delante de tí, Señor, y sabes que sufro por …” “Señor, Tú sabes que … está sufriendo por … y con amor te lo encomiendo”.

    ARREPENTIMIENTO:

    Es el comienzo de una oración justa y pura, pues nos coloca en nuestra realidad de pecadores que somos y desde esta realidad clamamos perdón a Quien hemos ofendido.

    . REPARACION:

    Oración de desagravio por pecados propios, de otros, o de la humanidad. Ejemplos: el Acto de Desagravio al Santísimo Sacramento. La Novena Permanente de Oración por los errores y herejías del “New Age” contiene un Acto de Desagravio, referido a todos estos errores que van contra la divinidad de Nuestro Señor y pretenden destruir la Fe de Su Iglesia.

    ACCION DE GRACIAS:

    Todo acontecimiento y toda gracia del Señor pueden traducirse en un acto de acción de gracias. “En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesús quiere de vosotros” (1ª Tes.5,18).

    . ALABANZA:

    Es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le da gloria no por lo que hace, sino por lo que El es. De entre las formas de oración vocal, la de alabanza es la más elevada. (cfr. NC #2639)

    ORACION DE ENTREGA:

    Es una oración de entrega a la Voluntad de Dios, de abandono en Dios y en sus planes.

    . ORACION EN LENGUAS:

    Aquélla en que no sabiendo nosotros orar como conviene, “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom.8,26). Es el Espíritu Santo orando en nosotros sin saber nosotros qué decimos. Es una gracia especial del Espíritu Santo, que San Pablo lista entre los Carismas.

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  2. VALE LA PENA…

    Vale la pena cada espina, cada rosa, cada lágrima que riega lo que florecerá en sonrisa, porque la vida es maravillosa por ella misma; no importan las penas, no importa el desamor, porque pasa… todo pasa y el sol vuelve a brillar.

    … Hay momentos que sentimos que todo está mal, que nuestras vidas se hunden en un abismo tan profundo, que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pase la luz.

    En esos momentos debemos tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante.

    Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena entusiasmarnos de nuevo,y sólo puedo contestar una cosa:

    ¡Hagamos que nuestra vida valga la pena!

    Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazón.

    Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y lágrima son sinceras.

    Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas seré más fuerte de corazón.

    Vale la pena una lágrima, porque es el filtro de mis sentimientos, a través de ella me reconozco frágil y me muestro tal cual soy.

    Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y objetividad.

    Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.

    Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo más.

    Vale la pena acordarme de todas las cosas malas que me han pasado, porque ellas forjaron lo que soy el día de hoy.

    Vale la pena voltear hacia atrás, porque así sé que he dejado huellas en los demás.

    Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.

    Todo esto son sólo palabras, letras entrelazadas con el único fin de dar una idea.

    Lo demás, depende de cada uno de nosotros.

    Dejemos que nuestras acciones hablen por nosotros.

    ¡Hagamos que nuestra vida valga la pena!.

    ¡Seamos Felices!

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  3. En la homilía de hoy lunes el Papa nos interrroga sobre cuáles son las “riquezas” que nos impiden acercarnos a Jesús. Habla de bienes no sólo materiales sino también afectivos, culturales …

    Para seguir a Jesús debemos despojarnos de la cultura del bienestar y de la fascinación de lo provisional. Lo afirmó el Papa Francisco la mañana del lunes en la Misa en la Casa de Santa Marta. El Papa subrayó que debemos hacer un examen de consciencia sobre las “riquezas” que hoy en día nos impiden acercarnos a Jesús. En la Misa, concelebrada por el cardenal francés Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, tomó parte otro grupo de empleados vaticanos.

    Jesús pide a un joven dar todas sus riquezas a los pobres y seguirlo, pero éste se aleja triste. El Papa Francisco desarrolló su homilía partiendo del conocido episodio narrado en el Evangelio de hoy. El Santo Padre subrayó que “las riquezas son un obstáculo” que “no hace fácil el camino hacia el Reino de Dios”. Por lo demás, advirtió, “Cada uno de nosotros tiene sus ‘riquezas’, cada uno”. Existe siempre, explicó, una riqueza que nos “impide acercarnos a Jesús”. Y esto hay que detectarlo. Todos, continuó, “tenemos que hacer un examen de consciencia sobre cuáles son nuestras riquezas, porque nos impiden acercarnos Jesús en el camino de la vida”. Francisco se refirió a dos “riquezas culturales”: ante todo la “cultura del bienestar, que nos hace poco valientes, nos hace perezosos, nos hace también egoístas”. El bienestar, constató el Obispo de Roma, “nos adormece, es una anestesia”:

    “‘No, no, más de un hijo no, porque no podremos ir de vacaciones, no podremos ir a tal lugar, no podremos comprar la casa’. Está bien seguir al Señor, pero hasta un cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar: todos sabemos bien cómo es el bienestar, pero esto nos destruye, nos despoja de aquel valor, de aquel coraje fuerte para acercarnos a Jesús. Esta es hoy la primera riqueza de nuestra cultura, la cultura del bienestar”.
    Existe además, agregó, “otra riqueza en nuestra cultura”, una riqueza que nos “impide acercarnos a Jesús: es la fascinación de lo provisional”. Nosotros, observó el Papa, estamos “enamorados de lo provisional”. Las “propuestas definitivas” que nos hace Jesús, puntualizó, “no nos gustan”. En cambio nos gusta lo pasajero, porque “tenemos miedo del tiempo de Dios” que es definitivo:
    “Él es el Señor del tiempo, nosotros somos los señores del momento. ¿Por qué? Porque en ese instante somos los que mandan: hasta aquí sigo al Señor, después se verá… Una vez supe de uno que quería ser sacerdote, pero sólo por diez años, no más … Cuántas parejas, cuántas parejas se casan, sin decirlo, pero pensándolo con el corazón : ‘hasta que dure el amor y después se verá…’ La fascinación de lo provisional: ésta es una riqueza. Debemos convertirnos en dueños del tiempo, hacemos breve el tiempo reduciéndolo al momento. Estas dos riquezas son aquellas que en este momento nos impiden ir hacia adelante. Pienso en tantos, tantos hombres y mujeres que han dejado la propia tierra para ir como misioneros por toda la vida: ¡aquello es lo definitivo!”.

    Pero también, aseguró, pienso en tantos hombres y mujeres que “han dejado la propia casa para hacer un matrimonio por toda la vida”; ¡aquello es “seguir a Jesús de cerca! ¡Es lo definitivo!”. Lo provisional, repitió el Papa Francisco, “es no seguir a Jesús ”, ese es “territorio nuestro”:

    “Ante la invitación de Jesús, ante estas dos riquezas culturales pensamos en los discípulos: estaban desconcertados. También nosotros podemos estar desconcertados por estas palabras de Jesús. Cuando Jesús explicaba alguna cosa estaban aún más desconcertados. Pidamos al Señor que nos dé el valor de ir adelante, despojándonos de esta cultura del bienestar, con la esperanza – al final del camino, donde Él nos espera – en el tiempo. No con la pequeña esperanza del momento que no sirve más. Así sea”. (RC-RV)

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  4. UN BUEN LUGAR DE ORACION. SANTUARIO DE TORRECIUDAD.
    Sandra escribe:

    Hola: Ayer tuve la suerte de estar en Tc, en la romería con el Arzobispo de Tarragona y fue alucinante. ¡Soy fan de Tc! Disfruté como una niña y tengo 33 años… ¿Qué tiene Torreciudad que hace que sea un lugar tan especial? Tiene una Madre hermosa, buena y admirable que acoge a todo peregrino con un infinito cariño. ¿Qué tiene Torreciudad que haga que sea un Santuario distinto a los demás? Tiene la inmensa paz que necesita toda alma sosegada al ver al Cristo vivo que sólo te habla con su mirada. ¿Qué tiene Torreciudad que encandila a tantas almas? Tiene un ambiente familiar para todo aquel que se acerque, un trato afable y profundamente entrañable. ¿Qué tiene Torreciudad para que nadie de allí, se quiera marchar? Tiene el amor de una Madre, el cariño de un padre y la pena de un hijo al alejarse de aquel lugar. ¿Qué tiene Torreciudad para que deje en el corazón del peregrino, sus mayores deseos de volver? Tiene un gran imán que atrae los corazones de aquellos que realmente saben amar de verdad pero también atrae los corazones de sus hijos que se han perdido por el camino. ¿Qué tiene Torreciudad que una no puede expresar con palabras lo que realmemte allí se vive y se siente? No se puede expresar porque el amor de Dios es tan grande que humanamente no se entiende. No se puede expresar porque el amor de María es tan inmenso que sólo Ella puede querernos como nos quiere, con un cariño tan sincero… ¡VIVA LA VIRGEN DE TORRECIUDAD! Sandra.

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