Una nueva generación de mártires

Según el Centro para el Estudio Global del Cristianismo, aproximadamente 100.000 cristianos de todo el mundo mueren “en situación de testigos” cada año en la última década. Eso equivale a 11 cristianos asesinados cada hora. Otros expertos ponen en duda esa cifra, pero incluso la estimación de gama más baja pone la cifra de los cristianos muertos todos los días en circunstancias de alguna manera relacionados con su fe en torno a los 20, es decir, casi uno por hora.

El surgimiento de esta nueva generación de mártires es el acontecimiento cristiano más importante de nuestro tiempo, y Puglisi es el modelo ideal para hacer la defensa de los creyentes en riesgo a causa de su fe cristiana. El 25 de mayo próximo, el P . Giuseppe “Pino” Puglisi, italiano, será reconocido como mártir en Palermo (Sicilia), donde fue asesinado en 1993 por desafiar a la Mafia.

Históricamente, la Iglesia ha reconocido mártires sólo si fueron asesinados in odium fidei, es decir, por odio a la fe. En efecto, la prueba ha estado centrada, casi siempre, en la motivación del agresor, más que la de la víctima. Puglisi, sin embargo, está siendo reconocido como un mártir que murió en odium virtutis et veritatis, es decir, por el odio a la virtud y la verdad. Sus asesinos no tienen nada que ver con la oposición al cristianismo -en realidad, se tenían a sí mismos como católicos-. Sin embargo, las motivaciones de Puglisi para estar en la primera línea de fuego tenían mucho que ver con su fe.

La categoría de “odio a la virtud y la verdad” siempre ha existido en la teología clásica. A través de los siglos, los escritores a veces se han acogido a ella, por ejemplo, para explicar por qué la Iglesia se refiere a San Juan Bautista como un mártir, que no murió por negarse a renunciar a Cristo, sino por criticar la conducta inmoral de Herodes. 

La beatificación de Puglisi significa que está siendo revivida esta noción, y que podría darse cabida a muchas otras situaciones similares. Por ejemplo, el arzobispo Vincenzo Paglia, encargado del Vaticano para la causa de canonización del arzobispo Oscar Romero de El Salvador, sugirió en una entrevista en febrero con NCR que la beatificación Puglisi sienta un precedente también para Romero.

5 comentarios sobre “Una nueva generación de mártires

  1. Un sacerdote, un seminarista y un repartidor evitan un suicido en el Viaducto de Segovia

    Tres hombres han logrado este jueves salvar la vida de un individuo que pretendía lanzarse al vacío desde el viaducto de Segovia, situado en la calle Bailén de Madrid. El sujeto saltó las mamparas de protección instaladas por el Ayuntamiento en 1998 para evitar los suicidios. Sobre las 14.00 horas un sacerdote intentó disuadir al hombre. Se acercó por el otro lado de la mampara de cristal, intentó conversar con él e incluso llegó a rezar para darle la extremaunción en el caso de que llevara a cabo sus intenciones suicidas.

    09/05/13 11:15 PM | Imprimir | Enviar

    (Terra/InfoCatólica) Fue el primero en darse cuenta de lo que sucedía, ya que en el ‘rescate’ también participó un seminarista y un repartidor de publicidad de la zona.
    El momento más tenso se vivió cuando el hombre se dispuso a hacer realidad sus intenciones y saltó la valla que le separaba del salto al vacío. El seminarista y el repartidor atravesaron la valla de protección para sujetar al hombre. En ese instante, un vehículo policial se personó en el lugar de los hechos y procedió a asistir al individuo.
    Finalmente el Samur trasladó al hombre a un centro hospitalario.
    El sacerdote que ha ayudado a evitar el suicidio no era precisamente un veterano. Llevaba ejerciendo su labor tan sólo diez días.
    Otro de los héroes, el repartidor, cuenta que el hombre les dijo que «estaba harto, que había petado».
    Las lunetas transparentes «disuasorias» fueron colocadas en el viaducto por el Ayuntamiento de Madrid para evitar los suicidios y tienen una altura de 1,90 metros y casi tres de longitud.

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  2. Mártir (del griego «μάρτυρας», «testigo») es, en general, la persona muerta en la defensa de alguna causa, con lo que da «testimonio» de su fe en ella

    En el cristianismo:

    En el mundo occidental de tradición cristiana, la palabra tiene históricamente connotaciones religiosas, pues se ha considerado que un mártir era una persona que moría por su fe religiosa, y en muchos casos era torturada hasta la muerte. Los mártires cristianos de los tres primeros siglos después de Cristo eran asesinados por sus convicciones religiosas (a veces eran crucificados como Cristo) de la misma manera que los prisioneros políticos romanos o arrojados a los leones en un espectáculo circense. Sin embargo, algunos historiadores de la Iglesia, como por ejemplo John Fletcher y Alfonso Ropero afirman que ha habido más mártires cristianos en el siglo XX que en el conjunto de los diecinueve siglos anteriores.

    La Ermita del Cerro en San Fernando (Cádiz).
    En muchas ocasiones se levantan edificaciones religiosas posteriores allí donde se produjo un martirio cristiano. Ejemplo de ello es el lugar de martirio de San Servando y San Germán, situado según la leyenda en San Fernando (Cádiz

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  3. Para ser mártir se requieren las siguientes condiciones:

    • por parte del perseguidor que mate a otro “per odium fidei” es decir, por odio a la Fe Católica o a una virtud cristiana. La enfermera que da su vida por cuidar a un enfermo es una heroína pero no una mártir, porque no la matan por odio a la Fe.

    • por parte del que muere que sufra con absoluta pasividad, es decir, sin oponer resistencia alguna. Así, el que muere por la Patria es héroe, pero no mártir, porque muere defendiendo su vida.

    • que sufra por amor a Jesucristo: por guardar los Mandamientos, por conservar la castidad, por no blasfemar… es decir por ser fiel a la Fe Católica. No se trata de sufrir o morir simplemente, sino de hacerlo por amor de Dios; por eso dice S. Agustín: “Martyrem non fecit pœna, sed causa”: es decir, no es la pena sino la causa lo que hace al mártir.

    La virtudes más salientes y características de un mártir son: una paciencia a toda prueba, una fe heroica, una esperanza triunfal, una valentía excepcional y un amor ardoroso a Dios, a Jesucristo y a la Virgen María.

    El mártir da testimonio de su Fe con su sangre, es decir, con el sacrificio de su vida. Esto supone dos cosas: estar convencido firmemente de la verdad de Dios y tenerle un gran amor. Niños, muchachos, delicadas vírgenes, adultos, ancianos, padecían horrorosos tormentos durante horas, durante días; sufrían en silencio, muchas veces jubilosos, dando testimonio con su sangre de su Fe y Amor a Dios.

    Efectos del martirio

    Son los siguientes:

    • constituye el “bautismo de sangre” para quienes mueren sin haber recibido este sacramento.

    • borra todos los pecados mortales cometidos.

    • borra todos los pecados veniales y toda pena temporal (libra, por tanto, del Purgatorio).

    • añade a su triunfo una “aureola” peculiar en el cielo.

    Es tan grande el martirio que basta demostrar que uno ha sido mártir para ser canonizado sin necesidad de milagros, porque ha dado la prueba mayor de amor a Dios que es dar su vida por Él.

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  4. Puedo Perder el AMOR, pero nunca las ganas de AMAR y ser AMADO…

    Puedo perder el ÁNIMO, pero nunca las FUERZAS.

    Puedo perder la PACIENCIA, pero nunca los ESTRIBOS.

    Puedo perder el SUEÑO, pero nunca la ESPERANZA.

    Puedo perder el ALIENTO, pero nunca la RESPIRACIÓN.

    Puedo perder el INTERÉS por algo, pero nunca las ganas de LUCHAR.

    Puedo perder la VISTA, pero nunca la VISIÓN.

    Puedo perder los SENTIDOS, pero nunca el CONOCIMIENTO.

    Puedo perder las RIQUEZAS, pero nunca la HUMILDAD.

    Puedo perder la VIDA, pero nunca la SALVACIÓN.

    Puedo perder la ESPERANZA, pero nunca la FE.

    Puedo perder Una BATALLA, pero jamás una GUERRA….

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  5. ACI/InfoCatólica) Johnson recordó que al abrazar la fe católica, eligió como su santa para el sacramento de la Confirmación a María Magdalena, pues sintió «una conexión inmediata con ella. Ella había pecado tanto… y fue perdonada en cantidades aún más grandes».
    «Ella sabía que ella no merecía el perdón… pero lo recibió de todas formas. Y debido a esto, ella se aferró a Cristo. Ella sabía que no era nada sin Él».
    Johnson señaló que ella también hizo su «parte de pecado. Y también he sido perdonada mucho más de lo que merezco».
    «No soy mejor que Kermit Gosnell», escribió la ahora líder pro-vida.
    «Abusé y traicioné a mujeres en la peor forma posible. Las convencí de matar a sus hijos. ¿Corté el cuello de los niños después de que nacieron? No. Pero fui una cómplice en el asesinato».
    Johnson recordó además que ella también abortó en dos ocasiones, «no porque fuera coaccionada. No porque no tuviera más información. Sino porque pensé que los niños serían un inconveniente para mi estilo de vida. Yo soy responsable por sus muertes, nadie más».
    «Así que cuando alguien habla sobre Gosnell y dice cosas como ‘los asesinos y la gente como él no merece respirar el mismo aire que yo’ o ‘espero que se queme en el infierno’, hiere un poco. Porque esa fui yo. Pero aún estoy aquí… respirando el mismo aire… e intentando pasar el resto de mi vida corrigiendo mis errores».
    Y esas palabras no solamente la hieren a ella, señaló, pues «hieren a otros como yo, también. Personas que han dejado la industria del aborto y que trabajarán cada día para recuperarse de sus pecados. Personas que aún están en la industria y piensan que serán rechazados por el movimiento pro-vida… quizás ellos nos buscarían si supieran que los aceptaremos».
    «Estoy siempre aterrorizada de que los trabajadores de las clínicas vean algunas de las palabras de los pro-vida. Me han dicho varios ex trabajadores que nunca vendrán directamente a nosotros con sus historias porque están tan atemorizados de cómo serán tratados por nosotros… por nosotros… el supuesto movimiento ‘cristiano’».
    «Sé que algunos dirán ‘pero tú te arrepentiste, ahí está la diferencia’. Pero, ¿qué hubiera pasado si no lo hubiera hecho… no aún? ¿Qué hubiera sido si aún estuviera dentro de la industria del aborto? ¿Qué hubiera sido si aún fuera una cómplice de asesinato? ¿Qué pasaría si me tomara más tiempo darme cuenta de la verdad? ¿Merezco morir?», cuestionó.
    «La gente a la que me dirigí me aceptó, con todo y equipaje. Ellos sabían que era una persona destrozada, y me amaron de todas formas».
    «Fue Cristo quien me cambió. Fueron las palabras misericordiosas y compasivas de Su gente. No fue la condenación. No fueron las oraciones para que yo arda en el infierno. No fueron aquellos que me gritaban y me insultaban», señaló.
    La líder pro-vida advirtió que «el odio viene del infierno», mientras que «la misericordia viene de Cristo». «Cuando odiamos, no somos mejores que aquellos que matan», señaló y aseguró que espera «ansiosamente el día cuando pueda llamar a Kermit Gosnell un ex y arrepentido abortista».
    «¡Qué victoria tan celestial será esa! ¿Puede suceder? Si me dicen que no, entonces ustedes no conocen el Dios que yo conozco».
    Abby aseguró que «mi Dios está en el negocio de los milagros. Y mi Dios no quiere que nadie sufra en el infierno. Él quiere que todos sus hijos vengan a Él… sí, incluso aquellos de nosotros ‘monstruos’ que están o han estado en la industria del aborto».

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