La obediencia de la Cruz en la vida ordinaria

La disposición de Jesús de hacer la Voluntad de su Padre es la misma en el Calvario que en los 30 años de vida cotidiana de Nazaret. Solo cuando miramos a Cristo crucificado entendemos que la disposición interior de dar la vida está presente en todos los momentos de su vida: en Nazaret y durante su vida pública. Jesús no obedece nunca “hasta cierto punto”, sino absolutamente, con la “obediencia de la Cruz” en todo lo que realiza. Para Él todos los momentos son pasos hacia ella: su amor le lleva a caminar sereno hacia el Calvario. La obediencia de Jesús en la Cruz ilumina, proyecta y es continuación de su obediencia en Nazaret. La identificación plena con la Voluntad del Padre que se manifiesta en su muerte en el Calvario, había tenido ya lugar, día a día, instante a instante, con normalidad absoluta en aquella pequeña aldea de Nazaret donde vivió.

Pues bien, así como la disposición de Jesús ante la Cruz ilumina toda su vida oculta, de igual modo ha de iluminar la vida corriente del cristiano: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9,23). La “Cruz de cada día” es la cruz de las tareas cotidianas. Ser cristiano implica cumplir la Voluntad de Dios en lo cotidiano, obedeciendo con generosidad, es decir, excediéndose con gusto aunque puedan faltar ganas, y con garbo, es decir sin exagerar, sin quejarse pues la carga es ligera. No se trata sólo de limitarse al “antes morir que pecar”, sino de estar dispuesto a morir a la “propia voluntad”, en todo momento, para cumplir la voluntad divina, haciéndola propia, en las tareas ordinarias.

Por lo demás, en esta vida, la Cruz suele presentarse de modo escondido, imperceptible muchas veces a los demás.

La vida oculta de Jesús, unida al Sacrificio del Calvario, muestra al cristiano el valor que pueden tener sus tareas ordinarias si permanecen unidas al sacrificio del altar. Para alcanzar la santidad basta con cumplir los deberes de cada día con una razón de amor, como Jesús hizo en Nazaret: “Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino 815). Así que ya sabes, que lo que hagas sea “lo que debes”, es decir, la Voluntad de Dios; y que “estés en lo que haces”, es decir, poniendo el corazón y toda el alma en ese pequeño deber de cada momento, cumpliéndolo por amor.

3 comentarios sobre “La obediencia de la Cruz en la vida ordinaria

  1. Parece ser que ha puesto este tema como especialmente para mi. Muchas gracias. He recaído y se me recomienda mas descanso. Estaré unos días sin entrar en el blog, pero rezaré mucho por Vd. y cuantos colaboran en tan maravillosa tarea. Saludos.

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