Eficacia preferente de la oración

No quiero dejar el tema de la oración, así que seguimos con esta obrita de san Alfonso María de Ligorio, “El gran medio de la oración”:

Quede bien sentado que la oración es verdadero tesoro y que el que más pide, más recibe. San Buenaventura llega a afirmar que cuantas veces el hombre devotamente acude al Señor con la oración, gana bienes que valen más que el mundo entero.

Algunas almas, emplean mucho tiempo en leer y meditar y se ocupan muy poco de rezar. No niego que la lectura espiritual y la meditación de las verdades eternas sean muy útiles para el alma, mas San Agustín no duda en afirmar que es cosa mejor rezar que meditar. Y da la razón: Porque en la lección conocemos lo que tenemos que hacer y en la oración alcanzamos la fuerza para cumplirlo. Y, a la verdad, ¿de qué nos sirve saber lo que tenemos que hacer si no lo hacemos? Somos más culpables en la presencia de Dios. Leamos y meditemos en buena hora, pero es cosa cierta que no cumpliremos con nuestros deberes, si no pedimos a Dios la gracia para cumplirlos.

A propósito de esto dice San Isidoro que en ningún otro momento anda el demonio tan solícito en distraernos con pensamientos de cosas temporales, como cuando acudimos a Dios para pedirle sus gracias. ¿Por qué? Porque está bien persuadido el espíritu del mal que nunca alcanzamos mayores bienes espirituales que en la oración. Este, por tanto, ha de ser el fruto mayor de la meditación: aprender a pedir a Dios las gracias que necesitamos para la perseverancia y la salvación. Por esto muy principalmente se dice que la meditación es moralmente necesaria al alma para que se conserve en gracia, porque aquél que no se recoge para hacer meditación y en ese momento no reza y pide las gracias que necesita para la perseverancia en la virtud, no lo hará en otro momento, pues si no medita, ni pensará en rezar, ni siquiera comprenderá la necesidad que tiene de la oración. Por el contrario, el que todos los días hace meditación conoce muy bien las necesidades de su alma y los peligros en que se halla y la obligación que tiene de rezar. Rezará para perseverar y salvarse. De sí mismo decía el Padre Señeri que en los comienzos de su vida, cuando hacía meditación, ponía mayor empeño en hacer afectos que en pedir; mas cuando poco a poco llegaba a comprender la excelencia de la oración y su inmensa utilidad, ya en la oración mental pasaba más tiempo en pedir y rezar.

Como el polluelo de la golondrina, así clamaré, decía el devoto rey Ezequías. Los polluelos de las golondrinas no hacen más que piar continuamente. Piden a sus madres el alimento que necesitan para vivir. Lo mismo debemos hacer nosotros, si queremos conservar la vida de la gracia: claramente siempre, pidamos al Señor que nos socorra para evitar la muerte del pecado y seguir adelante en la senda de su divino amor. De los padres antiguos que fueron grandes maestros del espíritu refiere el P. Rodríguez que se juntaron en asamblea y allí discutieron cuál sería el ejercicio más útil para alcanzar la salvación eterna; y resolvieron que parecía lo mejor repetir con frecuencia aquella breve oración del profeta David: Dios mío, ven en mi socorro. Eso mismo ha de hacer el que quiera salvarse, afirma Casiano, decir con frecuencia al Señor: Dios mío, ayudadme… ayúdame, oh mi buen Jesús… Esto hay que hacerlo desde el primer momento de la mañana, y esto hay que repetirlo en todas las angustias y en todas las necesidades, temporales y espirituales, pero muy particularmente, cuando nos veamos molestados por la tentación. Decía San Buenaventura que a veces más alcanzamos y más pronto con una breve oración, que con muchas obras buenas. Y más allá va San Ambrosio, pues dice que el que reza, mientras reza, ya alcanza algo, pues el rezar ya es singular don de Dios. Y San Juan Crisóstomo escribe que no hay hombre más poderoso en el mundo que el que reza. El que reza participa del poder de Dios. Todo esto lo comprendió San Bernardo en estas palabras: Para caminar por la senda de la perfección hay que meditar y rezar; en la meditación vemos lo que tenemos: con la oración alcanzamos lo que nos falta.

Resumamos:

I. Sin oración cosa muy difícil es que nos podamos salvar; tan difícil que, como lo hemos demostrado, es del todo imposible según la ordinaria Providencia.

II. Con la oración, la salvación es segura y fácil. Porque en efecto, ¿qué se necesita para salvarnos? Que digamos: Dios mío ayudadme; Señor mío, amparadme y tened misericordia de mí. Esto basta. ¿Hay cosa más fácil? Pues, repitámoslo; que si lo decimos bien y con frecuencia, esto bastará para llevamos al cielo. San Lorenzo Justiniano nos exhorta muy encarecidamente que al principio de todas nuestras obras hagamos alguna oración. Casiano por su parte, nos recuerda el ejemplo de los antiguos Padres, los cuales exhortaban a todos a que recurrieran a Dios con breves, pero frecuentes jaculatorias. San Bernardo decía: Que nadie haga poco caso de la oración, ya que el Señor la estima tanto que nos da lo que pedimos o cosa mejor, si comprende que es más útil para nuestra alma.

III. Pensemos que, si no rezamos, ninguna excusa podremos alegar, porque Dios a todos da la gracia de orar. En nuestras manos está el rezar siempre que queramos como lo confesaba el santo rey David: Haré para conmigo oración a Dios, autor de mi vida. Le diré al Señor: Tú eres mi amparo. Mas de esto largamente hablaremos en la parte segunda. Allí se pondrá en claro que Dios da a todos la gracia de orar; y así con la oración podemos alcanzar los socorros divinos que necesitamos para observar los mandamientos y perseverar hasta el fin en el camino del bien. Ahora afirmo únicamente que si no nos salvamos, culpa nuestra será. Y la causa de nuestra infinita desgracia será una sola: que no hemos rezado.

 

10 comentarios sobre “Eficacia preferente de la oración

  1. Gracias por este texto.
    Estoy de acuerdo con todo lo que se expone. La oración es una gran medicina para el alma y el cuerpo. Comenzar el día con una oración sencilla pero sentida, es mejor que un buen zumo de naranja.
    Hoy, casi todo interés espiritual a nuestro alrededor, desprecia el cristianismo y se centra en la meditación y en la unión con el universo, pretendiendo que nos sintamos como pequeños dioses; pero no se centran tanto en la oración y nuestra subordinación a Dios como Padre y Señor Nuestro. Este hecho me preocupa con frecuencia, pues algunos amigos se internan por estos senderos. El yoga, el reiki y otras corrientes, que pisan fuerte en nuestra sociedad, ponen toda su interés en el centro de la persona, pero no en su relación con Dios. Y prometen sanaciones, poderes curativos y otras cuestiones.
    Quiero exponer aquí dos pasajes muy interesantes que leí este fin de semana: uno respecto a la oración, de un maestro de Aikido, que muestra una convergencia tremenda con aspectos de la oración en el cristianismo; y otro respecto a los peligros de la meditación y el papel del demonio, si se practica sin un padre espiritual.
    Maestro Saotome a un practicante de Aikido que está débil por una enfermedad:
    – “Debes entrenar con una mente abierta y siempre intentando llevar a cabo la voluntad de Dios. Tu espíritu debe esforzarse por purificarse y en buscar la unidad con el Espíritu Sagrado (…) Encuentra el equlibrio entre comer y dormir, haz ejercicio y saca tiempo para la relajación. Disfrutar de la vida es dar gracias a Dios. (…) Lo más importante es que te des cuenta de que eres un hijo de Dios. Tu vida tiene un profundo significado para ayudar a los demás y ser un buen ejemplo. (…) Comprende tus limitaciones y da gracias a Dios por tu vida”.
    Este texto me sorprende en cuanto a que la evolución espiritual verdadera nos conduce a Dios y a estar permanentemente agradecidos por su amor y misericordia.
    En esto, la oración, pienso: es de vital importancia.

    Su discípulo, sin embargo, empezó a hacer relajación-meditación, por su cuenta, de forma intensa, sin saber hacerlo (y yo creo que sin ponerse en manos de Dios) y, al cabo del tiempo, describe:
    -“Sin embargo, todas las cosas son susceptibles de hacerse en exceso y así puede ocurrir con este ejercicio (-meditación-relajación acompañada de respiración abdominal-). Cuando alcancé suficientes niveles de energía en el cuerpo y en la mente (-recordad que él estaba enfermo-), mediante la respiración en profundidad, empecé a experimentar procesos de euforia y depresión, a veces acompañados de alucinaciones”.
    Este texto nos muestra los peligros de adentrarnos por nuestra cuenta en terrenos pantanosos, sin un padre espiritual y sin acompañarnos de la oración. Creo que muchas personas se hallan en una situación muy parecida, atraídas por las promesas de ciertas técnicas o pseudoreligiones.

    Y termino con esta sencilla oración, que escucho con frecuencia en Radio María:
    “Señor, ven en mi auxilio.
    “Señor, date prisa en socorrerme.”

    Un abrazo

    (textos de Saotome y su discípulo extraídos de la revista, Aikizasshi, en referencia a un testimonio de Dennis Hooker)

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    1. ¡Qué alegría Joaquín que te hayas metido en el blog de D. Rafael, te he echado de menos. Espero que con tu oración y la mía; tu testimonio y el mío, así como el de muchísimos cristianos lleguemos a testimoniar la única VERDAD. Un abrazo y “vuelve” pronto.

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  2. Orar es … Hablar con Dios, y para hablar con Dios es necesario que creamos que Él es y que está para DARSE a los que le buscan. En otras palabras .Tenemos que tener Fe en el Dios de amor. “Sin fe es imposible agradar a Dios …” (Hebreos 11:6)

    Nuestra Fe es probada cuando hablamos con Dios, porque, estamos dirigiéndonos a alguien a quien nuestros ojos físicos no ven. Locura para el incrédulo, pero, para el creyente, es una necesidad y un deleite. Tú no ves al viento con tus ojos, pero sabes que existe porque lo sientes, ¿verdad? Lo mismo es con Dios, no lo vemos, pero, porque creemos en Él, lo sentimos. “Fe es la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1)

    Solo podemos establecer esa relación de amistad con Dios a través de Jesucristo, quien tomó nuestro lugar en la cruz para que pudiéramos tener paz con Dios.(“Nadie viene al Padre sino por mí.” Juan 14:6) Por eso, oramos al Padre en el nombre de Jesús. Y como no sabemos pedir como conviene, necesitamos la asistencia del Espíritu Santo, quien nos ayuda en nuestra debilidad intercediendo por nosotros conforme a la voluntad de Dios. (Romanos 6:26-27)

    La oración del justo es el gozo de Dios, por lo que Él espera que le alabemos, lo adoremos, le demos gracias por las bendiciones que cada día derrama sobre nuestras vidas y también espera que le pidamos. Le agrada cuando le confiamos todos nuestros asuntos y creemos de todo corazón que Él puede suplir todas nuestras necesidades espirituales, físicas y materiales.

    Cuando oramos afirmamos nuestra fe, confirmamos lo que somos en Cristo, reconocemos nuestra debilidad, dependencia y necesidad de Él y fortalecemos los lazos de amistad con nuestro amado Salvador. Los resultados de ese encuentro: una paz que sobrepasa todo entendimiento y una gratitud inmensa hacia nuestro Padre celestial por su gran e inefable amor.

    ¿Quieres aventurarte en el mundo de la fe y experimentar lo que hasta ahora ha sido para ti desconocido? Yo ahora, me gozo en las maravillas de la oración. Pero, un día “Me llevó a la casa del banquete que para mí tenía preparado, y su bandera sobre mí fue amor.” (Cant. 2:4)

    “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
    y es hermosa la heredad que me ha tocado.” Sal.16:6

    No menospreciemos el amor de Dios ni tengamos en poco su amistad. Tomemos hoy la decisión de restaurar nuestra vida de oración y mejorar su relación con Aquél que su vida dio por nosotros. Con sus brazos bien abiertos y su mirada tierna llena de amor .Él nos está esperando. Acudamos cada día a la cita más importante y … viviremos la diferencia.

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  3. La puerta…

    En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.

    … Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:

    –”Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?”
    Y le responde el rey:
    –”Dime soldado”.
    –”¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.
    –”Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.

    El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

    El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía:
    –”Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgasrse a abrir esta puerta”.

    ¿Cuántas puertas dejamos de abrir por temor?.
    ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños o nuestras metas?

    (Juan 10:9)
    “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Apocalipsis 3:8)

    “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.”

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  4. Las estrellas del mar…

    Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.
    Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

    Intrigada, lo interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual me respondió:

    Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano.

    Como ves, la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de oxígeno.

    Entiendo, le dije, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa.

    No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas. Y quizás no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa ¿no estás haciendo algo que no tiene sentido?

    El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
    ¡para esta si lo tuvo!

    Sé que en este mundo complicado, trastocado, acelerado, equivocado, un gesto de ternura y solidaridad no alcanza…

    Nada puedo hacer para solucionar las penas del mundo pero mucho puedo hacer para ayudar en el pedacito de mundo que me toca.

    Si alguna vez pudimos a través de estos mensajes, hacerte sonreír, llorar, emocionar, reflexionar… entonces eres una de esas estrellas que ha vuelto al mar a contarle a las otras que Dios existe, que de los momentos límite también se sale.
    ¡Dios nos espera a través de la oración¡

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      1. Lo siento. Si le parece oportuno D. Rafael, en caso de volver a ocurrir, lo elimina. No me gustaría dañar el blog con repeticiones. Muchas gracias. Saludos.

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  5. Hola y, como siempre, gracias por los textos y comentarios. Ayudan mucho.
    Los textos seleccionados por Rosa sobre la oración son magníficos. Es impresionante tu bagaje cultural y religioso, así como tu amor por Dios, que se expresa en cada texto.
    No siempre puedo acudir a Tan_gente, pero estoy leyendo todo lo que puedo y aprendiendo muchas cosas.
    A ver si se anima más gente.
    Para mi tiene sentido, como esas estrellas de mar de las que habla Rosa.
    Ya ves, aunque se repitan textos, siempre hay alguien que los recoge de nuevo.

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  6. ¡Bienvenido Joaquín¡ Para mi, eres un gran amigo. Tu idea de conseguir, que entre mas gente en el blog me parece estupenda. Tenemos que proponérnoslo en serio comentándoselo a la gente que conocemos. Un abrazo.

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