Tú me miras y me conoces, y tu mirada me hace Verdad a mí

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna”.

Al contrario de quienes insisten en el “silencio de Dios” (más bien deberían hablar de la “sordera humana”), el Evangelio de este Domingo 4º de Pascua, nos presenta un Buen Pastor que no calla para que sus ovejas en todo momento puedan escuchar su voz. Si te esfuerzas en ser más contemplativo le escucharas en cada suceso de tu vida, en cada hoja que se mueve, en el llanto y en la risa de los hijos de los hombres… Habla, muy especialmente, en la Escritura Santa. Te habla ahora…

“Escuchan mi voz”Fíjate que dice “mi voz“, no “mis palabras”… Y es que muchas veces, (por lo de la sordera que te decía antes), sus palabras se nos escapan. Pero no importa, el Pastor sabe que las ovejas no pueden entender sus palabras, pero si reconocen siempre su voz, y les mueve más ese timbre cálido de la voz de su amo que todos los discursos más brillantes e ingeniosos de este mundo.

“Y yo las conozco” Qué difícil es conocerse, y más que nos conozcan bien… Sin embargo Él nos conoce: Tú, Señor, “tú me sondeas y me conoces”. Ante ti estoy siempre al descubierto. Cuantas veces mi oración –más que mirarte-, ha sido saberme mirado por Ti, y descansar en esa mirada diciéndole: tú lo sabes todo, tú sabes que yo te amo. ¿Qué me importan otros ojos? Tú me miras y me conoces, y tu mirada me hace Verdad a mí.

“Y ellas me siguen” Te seguimos, Señor, como podemos, torpemente. Apenas damos dos pasos y ya volvemos a caer… ¡A recomenzar de nuevo!. Porque sabemos que contigo lo importante, no es no caerse sino levantarse siempre, seguirte: ellas me siguen… Que nunca el desaliento tome cuerpo en mi alma Señor.

“Y yo les doy la Vida eterna”... Así alimenta el Buen Pastor a sus ovejas, con Vida eterna. Y ¿para qué quiero más? Me basta tu gracia para poseer la herencia del Cielo entero en mi alma.

Si aplicas estas palabras a la Virgen María, descubrirás cómo Ella escuchó y guardó en su corazón la Voz de Dios. Descubrirás cómo Ella fue conocida y amada por Dios hasta concebir en sus entrañas al Hijo. Descubrirás, también, cómo Ella siguió a su hijo hasta la Cruz… Y cómo Ella fue alimentada por la Vida eterna en su alma y en su cuerpo. Ella es “la Oveja” del Buen Pastor.

 

3 comentarios sobre “Tú me miras y me conoces, y tu mirada me hace Verdad a mí

  1. En aquel tiempo, dijo Jesús:

    27 Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen. 28 Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno.

    Jesús vuelve a servirse de la imagen del pastor. Es como si dijera —comenta San Gregorio Magno— que «la prueba de que conozco al Padre y el Padre me conoce a mí (…) es la caridad con que muero por mis ovejas» (Homiliae in Evangelia 14,3). Quienes se resistan a reconocer que Jesús realiza sus obras de parte de su Padre no podrán creer. Jesús da su gracia a todos, pero algunos ponen obstáculos y no quieren abrirse a la fe. «Puedo ver gracias a la luz del sol; pero si cierro los ojos, no veo: esto no es por culpa del sol sino por culpa mía, porque al cerrar los ojos impido que me llegue la luz solar» (Sto. Tomás de Aquino, Super Evangelium Ioannis, ad loc.).

    En el v. 30, Jesús manifiesta la identidad sustancial entre Él y el Padre. Antes había proclamado a Dios como Padre suyo «haciéndose igual a Dios» (5,18); por esto los judíos habían pensado varias veces en darle muerte (cfr 5,18; 8,59). Ahora habla acerca del misterio de Dios, que los hombres sólo podemos conocer por revelación. Más adelante, en la Ultima Cena, volverá a desvelar ese misterio (14,10; 17,21-22). El evangelista ya lo contemplaba al comienzo del prólogo (cfr 1,1 y nota). «Escucha —invita San Agustín— al mismo Hijo: Yo y el Padre somos uno. No dijo: “Yo soy el Padre”, ni “Yo y el Padre es uno mismo”. Sino que en la expresión Yo y el Padre somos uno hay que fijarse en las dos palabras: somos y uno (…). Porque si son uno entonces no son diversos, y si somos, entonces hay un Padre y un Hijo» (In Ioannis Evangelium 36,9). Jesús revela su unidad con el Padre en cuanto a la esencia o naturaleza divina, pero al mismo tiempo manifiesta la distinción personal entre el Padre y el Hijo. «Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, Persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres Personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí, la vida y felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia máxima y gloria propia de la Esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad» (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, n. 10).

    Me gusta

  2. El Evangelio de hoy sigue después del milagro del ciego de nacimiento. El ciego cree y ve, la jerarquía judía no cree y es ciega: Si vemos y creemos somos ovejas de Jesús.
    ¿Seguimos al Resucitado? “Mis ovejas escuchan mi voz”. El mundo grita pero Jesús habla suave, en la oreja. Y Yo las conozco y ellas me siguen. Somos atraídos por el Amor (San Agustín) y Yo les doy la vida eterna; los que viven VIVIRAN. No perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
    ¿No lo sabías? ¿ Que Él es manso y de corazón humilde?. Las que mi Padre me ha dado valían mas que todo. Valíamos tanto que nos compró con su Sangre y nadie PUEDE ARREBATARLAS de la mano del Padre. Yo y el Padre somos Uno. Todos, familia de Dios.
    Buen Pastor, que unidas todas las ovejas, incluso las que viven mas a la interperie, haz que también nosotros les tengamos una especial atención.

    Me gusta

  3. Inténtalo Nuevamente…

    Algo anda mal, tú lo sabes bien, no hay el mismo sentir en ti que en otros tiempos, todo te parece monótono, y el sabor de las cosas espirituales se va perdiendo poco a poco.

    Seguramente dejaste de orar hace un tiempo, leer la Palabra se te hace aburrido y hasta cierto punto tedioso, haces un sobre- esfuerzo para leer estas líneas, porque realmente no es de tu agrado en estos momentos de simpleza espiritual.

    Tú sabes que las cosas no están caminando como debes de caminar, tú muy bien sabes que poco a poco te vas alejando de lo que un día estuviste tan pero tan cerca. En tu mente hay una intención fugaz de comenzar de nuevo, pero todo parece muy pesado y difícil de conseguir.

    Estas muriendo espiritualmente poco a poco y eso hasta cierto punto te preocupa, pero la desgana y la falta de motivación ha hecho de ti, presa fácil del desánimo y falta de interés por hacer algo más que eso.

    Por un momento recuerda tus mejores momentos, aquellos que marcaron tu vida, aquellos que te convencieron que estabas en el verdadero camino, aquellos que te hicieron por una vez en tu vida sentirte con un propósito de existencia, esos momentos que quisieras volver a repetir, pero que lastimosamente están muy lejos para ti, de volver a experimentar.

    Aquellos momentos de adoración delante de su presencia en donde las lagrimas no faltaban, en donde tu corazón y espíritu se derretían frente a la presencia del Señor, esos momentos de Alabanza en los que te gozabas y sentías que explotabas de alegría, sonreías, saltabas, levantabas tus manos, simplemente eras libre.

    Momentos en los que orabas y sentías como Dios te abrazaba, como la presencia del Santo Espíritu de Dios se hacía presente en esos lugares a solas contigo, aquellos momentos en donde mientras leías la Palabra las lagrimas de felicidad y de confianza brotaban de tus ojos al darte cuenta el amor con el que te amó el Señor.
    Pareciera que todos esos momentos inolvidables que hicieron de ti una persona diferente, han desaparecido, ¿Por qué?, quizás por algún momento difícil que no quisiste superar, quizás por un fracaso sentimental o emocional con el cual permitiste que el enemigo te engañara y te llevara a la soledad. Quizás la espera por aquella petición tan anhelada que hasta el momento no ha llegado y eso te ha llevado a desconfiar de lo que Dios quiere y puede hacer en tu vida.

    ¿Qué pasa contigo?, ¿Por qué permites que el enemigo te saque ventaja?, ¿Por qué no haces nada por salir de eso y comenzar de nuevo?, NO ME DIGAS NO PUEDO, porque en Cristo TODO lo puedes, NO ME DIGAS NO QUIERO, porque Dios dá el querer como el hacer.

    Es hora de comenzar de nuevo, de levantarte e intentarlo nuevamente, tu puedes, Dios en ti puede hacer cosas maravillosas, no porque seamos merecedores, sino por su Gracia y Misericordia infinita, ¡Vamos!, ¡Arriba!
    Todos aquellos momentos que un día experimentaste pueden volver a repetirse y aun ser mejores, solo basta que te rindas al Señor, que reconozcas tus debilidades y que permitas que Él tome tu vida y te dé el aliento que necesitas para volver a comenzar.

    No te creas indigno por todo lo que has hecho, no te creas inmerecedor de algo que Dios te quiere dar porque te ama, porque eres su hijo y porque eres propiedad suya. No te menosprecies mas, no creas en las mentiras del enemigo que te quieren hacer creer que eres un derrotado y un fracaso, tú no eres nada de eso, pero lo que sí estoy seguro que eres en Dios es: MAS QUE VENCEDOR.

    Con todo mi corazón te pido que no te rindas, que lo intentes una vez más, que no te dés por vencido, que lo que Dios ha hecho en tu vida es más grande que cualquier otra cosa y por ello vale la pena intentarlo nuevamente, estoy seguro que Dios esta anhelando que lo intentes nuevamente, ¡Vamos!, ¡Por favor, Inténtalo Nuevamente!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s