El Papa en la semana

Uno de los temas fijos del blog ha sido transmitir el mensaje del Papa. Por eso siento que las semanas pasadas -la semana Santa la pasé en Roma y la siguiente haciendo mi curso de retiro-, no haber puesto nada. Así que aquí va un resumen de la semana pasada que extraigo de news.va:

Combatir el mal con el bien aunando sus esfuerzo

El Santo Padre invitó a mediodía del III Domingo de Pascua, en que rezó el Regina Coeli con unos 80 mil fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, a que la Iglesia anuncie con valentía a Cristo Resucitado, como los primeros cristianos.

Queridos hermanos y hermanas: Rezando juntos el Regina Coeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con sinceridad y coraje la Resurrección del Señor y dé testimonio válido con signos de amor fraterno. Recemos en modo particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia viva y confortante del Señor Resucitado.

Ese domingo 14 de abril por la tarde el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la basílica papal de San Pablo Extramuros con motivo de su primera visita como Obispo de Roma. Concelebraron con el Santo Padre, el cardenal James Harvey, arcipreste de la basílica y el abad Edmund Power. En su homilía, el Santo Padre recordó que se encontraban sobre la tumba de san Pablo, “un humilde y gran Apóstol del Señor, que lo ha anunciado con la palabra, ha dado testimonio de él con el martirio y lo ha adorado con todo el corazón”. Y añadió que esos eran los tres verbos sobre los que deseaba reflexionar: anunciar, testimoniar, adorar, a la luz de la Palabra de Dios de las lecturas de esa liturgia. El Papa explicó que adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida.

Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, la carrera, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros.

El Papa Francisco -a través del cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone- envió el pasado 16 de abril un telegrama al cardenal Sean O’Malley, arzobispo estadounidense de Boston, con motivo del atentado que había tenido lugar el día anterior en esa ciudad durante una maratón y que causó tres víctimas mortales y más de un centenar de heridos.

“Profundamente entristecido por la noticia de la pérdida de vidas y las graves heridas causadas por el acto de violencia perpetrado (…) en Boston –se lee en el texto- Su Santidad el Papa Francisco le asegura su afecto y cercanía en la oración. Tras esta tragedia insensata, Su Santidad invoca la paz de Dios para los fallecidos, su consuelo para los que sufren y su fortaleza para todos los que participan en las tareas de emergencia y socorro. En este momento de luto el Santo Padre reza para que todos los bostonianos estén unidos en la decisión de no ser vencidos por el mal, sino de combatir el mal con el bien aunando sus esfuerzos para construir una sociedad cada vez más justa, libre y segura para las generaciones futuras”.

Ese mismo día, con motivo del ochenta y seis cumpleaños del Papa emérito Benedicto XVI, el Santo Padre Francisco comenzó la celebración de la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta invitando a todos los presentes a rezar con estas palabras: “Hoy es el cumpleaños de Benedicto XVI, ofrezcamos la Misa por él, para que el Señor le acompañe, le conforte y le consuele mucho”. Y a lo largo de esa mañana el Santo Padre llamó por teléfono a Benedicto XVI, quien se encuentra en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, para felicitarlo por este motivo, haciendo extensivos sus saludos y sus mejores deseos a su hermano, Mons. Georg Ratzinger, quien se encuentra desde hace varios días en esa localidad, para festejar en familia el cumpleaños del Papa emérito y quien, a su vez, celebrará dentro de poco, el 23 de abril, en la memoria litúrgica de San Jorge, su onomástico, al igual que el Papa Francisco.
En el relato de la Ascensión de Jesús podemos comprender cuan importante es encomendar nuestra vida a Cristo; porque si nos dejamos guiar por Él estamos seguros de estar en manos seguras. Lo subrayó el Papa Francisco en su catequesis de la audiencia general del miércoles 17 de abril que celebró en la Plaza de San Pedro ante más de cincuenta mil fieles y peregrinos de los cinco continentes. La Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él está vivo en medio a nosotros de manera nueva; ya no en un preciso lugar del mundo como antes de la Ascensión; ahora está en la señoría de Dios, presente en todo espacio y tiempo, cercano a cada uno de nosotros. En nuestra vida jamás estamos solos, agregó Francisco, porque el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros hay tantos hermanos y hermanas que en el silencio y en el escondimiento, en su vida familiar y en el trabajo, con sus problemas y dificultades, con sus alegrías y esperanzas, viven diariamente la fe y traen, junto a nosotros al mundo, la señoría del amor de Dios.

Queridos hermanos y hermanas: También nosotros hemos de saber que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, aun a costa de sacrificios y del cambio de nuestros programas. El íntimo coloquio de Jesús con el Padre antes de la Pasión nos enseña, además, cómo la oración nos da la fuerza de ser fieles al proyecto de Dios. Después, Jesús asciende a los cielos bendiciendo, un gesto sacerdotal para mostrar que, desde el seno del Padre, intercede siempre por nosotros. Él nos ha abierto el paso para llegar a Dios, y nos atrae hacia él, nos protege, nos guía e intercede por nosotros. Mirar a Jesucristo, que asciende a los cielos, es una invitación a testimoniar su Evangelio en la vida cotidiana, con la vista puesta en su venida gloriosa definitiva.

Durante la audiencia general el Papa dirigió un llamamiento a favor de las poblaciones de Irán y Pakistán, afectadas por un violento sismo. Y después de esta audiencia general el Papa recibió al Sr. Saleh Mohammad Al Ghamdi, Embajador del Reino de Arabia Saudí en Italia, Portador de un Mensaje del Rey Abdullah bin Abdulaziz Al Saud.

Fuente: Producción de María Fernanda Bernasconi. (hispano@vatiradio.va)

9 comentarios sobre “El Papa en la semana

  1. Anécdota del Papa Francisco:

    Recientemente cuando el Papa salió de su departamento en Santa María, se encontró con un Guardia Suizo fuera de su puerta.
    El Papa le preguntó que qué hacía ahí, que si había estado despierto toda la noche.
    -“Sí” contestó respetuosamente el Guardia
    -“¿De pié? preguntó el Papa ¿no se ha cansado?
    -“Es mi deber, Santidad, por su seguridad.
    El Papa lo miró amablemente, regresó a su departamento y después de algunos minutos regresó con una silla entre sus manos
    -“Al menos, siéntese y descanse”. Sorprendido el guardia contestó: Discúlpeme pero no puedo, las reglas no lo permiten”
    -“¿Las reglas?”
    -Mi Capitán, su Santidad.
    -“Bueno, pues yo soy el Papa y le pido que se siente”.
    Un poco mas tarde el Papa regresó con un poco de pan y jamón….”Bon apettit, hermano¡

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  2. Pasó esta semana…….

    Para los argentinos el fútbol es poco menos que una religión. Y el Papa Francisco, natural de Buenos Aires, no iba a ser menos. Aficionado y socio de San Lorenzo de Almagro -según explicó porque los colores de la camiseta son los mismos que los del manto de la Virgen de María Auxiliadora-, a Jorge María Bergoglio le faltaba una elástica en su Santa Sede, la de La Roja. El Pontífice recibió una camiseta de la selección española firmada por todos sus integrantes de manos de nuestro Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Él y su esposa, Elvira Fernández, fueron recibidos en audiencia en El Vaticano y, además de esta prenda, le hicieron entrega de un facsímil de la obra “De aetatibus mundi imágenes”. Sería divertido imaginarse al Santo Padre calentando por los pasillos de la Santa Sede por si Vicente del Bosque quiere contar con él en la próxima convocatoria.

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  3. HOY DIAEste domingo 21 de abril, Domingo del Buen Pastor, el papa Francisco ordenó sacerdotes por primera vez en su pontificado a un grupo de diez diáconos, seis italianos, dos de la India, uno de Croacia y un argentino, Alberto López Pantano, sanjuanino de 40 años. “Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios. Tengan siempre ante los ojos el ejemplo del buen pastor que no vino para ser servido sino para servir”, exclamó el Pontífice a los nuevos sacerdotes durante la misa que presidió en la basílica de San Pedro.

    Renovando la tradición romana de celebrar las ordenaciones sacerdotales en el cuarto domingo de Pascua, llamado “del Buen Pastor” -que este año coincide con la 50º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones- que llevó por el Mensaje de su predecesor Benedicto XVI para esta Jornada Mundial: “Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe”, que se inscribe en el contexto del Año de la Fe y en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II.

    Como establece el rito de ordenación de los presbíteros, a la pregunta del Obispo de Roma: “¿Quieren unirse cada vez más estrechamente a Cristo, sumo sacerdote, quien se ofreció al Padre como víctima pura por nosotros, y consagrarse a Dios junto a él para la salvación de todos los hombres?”, los ordenandos responden “Sí, quiero, con la gracia de Dios”.

    Durante la homilía que improvisó el Papa los instó a dar la palabra de Dios que “ustedes mismos han recibido con alegría, recuerden a sus madres, a sus abuelas, a sus catequistas, que les han transmitido el don de la fe”.

    El único objetivo de los sacerdotes “debe de ser satisfacer a Dios no a ustedes mismos”, advirtió el papa.

    Tras la homilía del pontífice, se pronunciaron los compromisos de los elegidos, se cantó la letanía de los santos con los diez presbíteros postrados en la tierra y la oración de ordenación.

    Al final de la ordenación, los nuevos sacerdotes muy conmovidos, se colocaron la estola y la casulla, y el papa ungió sus manos con el santo crisma.

    Después de entregarles la hostia en la patena y el cáliz con el vino para la celebración de la Misa, el papa intercambió con cada uno de ellos un abrazo y el beso de la paz entre los aplausos de los fieles. Por último, el canto el Credo.

    Primer sacerdote argentino ordenado por el papa Francisco
    Alberto López Pantano tiene 40 años, es sanjuanino de la localidad de Albardón y se fue a Roma hace 10 a trabajar como ingeniero. Hoy el papa Francisco lo ordenó sacerdote junto a otros 9 diáconos. El neo presbítero estuvo acompañado por su familia, incluido su hermano sacerdote, y amigos.

    “Cuando yo empecé este camino, jamás pensé en la posibilidad de un Papa argentino y menos que me ordenaría, pero los caminos los va a abriendo el Señor. Tengo una alegría serena por el hecho de ordenarme y esa alegría extra que significó que sea el papa Francisco quien encabece la ceremonia. Eso es un regalo más, inesperado desde cualquier punto de vista”, declaró al diario De Cuyo el padre López Pantano.

    El sacerdote sanjuanino explicó en su entrevista con el periódico local su vocación adulta, “a diferencia de las vocaciones juveniles, las características de las vocaciones adultas es que son muy ponderadas, muy pensadas, muy maduras. Mi vocación no nació acá en Roma, es algo que siempre estuvo, que llevaba muy adentro. Pero llegó un momento, cuando tuve mayor serenidad, en que pensé: qué voy a ser en mi vida. En Roma estuve dos años consultando, pensando, analizando, hablando con sacerdotes. Es más, yo empecé el seminario y aún seguía trabajando de ingeniero, porque no quería dejar ninguna de las dos cosas”.

    El hermano menor del padre Alberto, Sebastían, es sacerdote y en los misteriosos caminos de Dios se han encontrado en Roma. “Sebastián siempre quiso ser sacerdote, pero yo opté por otra vía. Al final nos hemos encontrado en ese camino y curiosamente el arzobispado de San Juan lo mandó a estudiar justo a Roma, así que estamos cerca”.

    Respecto a su destino sacerdotal, pertenece al clero romano, el nuevo sacerdote todavía no lo sabe con certeza “Es algo que aún no lo sé. Ahora estoy en una iglesia llamada Sant’Emerenziana. Desde hace un año que soy diácono, pero desconozco si seguiré allí, todo dependerá de las necesidades de la diócesis”.+ 21 DE ABRIL

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  4. El papa Francisco explica la Ascensión de Jesús al Cielo

    Catequesis del papa Francisco en el Año de la Fe.

    Queridos hermanos y hermanas:

    En el Credo confesamos nuestra fe en Cristo, que «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». ¿Qué significa esto para nosotros? Ya al comienzo de su subida a Jerusalén, Jesús también ve esta otra «subida» al cielo con la que culmina su «éxodo» de esta vida, pero sabiendo que la vuelta a la gloria del Padre pasa por la cruz, por la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. También nosotros hemos de saber que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, aun a costa de sacrificios y del cambio de nuestros programas.

    El íntimo coloquio de Jesús con el Padre antes de la Pasión nos enseña, además, cómo la oración nos da fuerza de ser fieles al proyecto de Dios. Después, Jesús asciende a los cielos bendiciendo, un gesto sacerdotal para mostrar que, desde el seno del Padre, intercede siempre por nosotros.

    Él nos ha abierto el paso para llegar a Dios, y nos atrae hacia él, nos protege, nos guía e intercede por nosotros. Mirar a Jesucristo, que asciende a los cielos, es una invitación a testimoniar su Evangelio en la vida cotidiana, con la vista puesta en su venida gloriosa definitiva.

    * * *

    Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Arquidiócesis de Mérida, con su Pastor, Mons. Baltasar Enrique Porras Cardozo, así como a los venidos de España, Argentina, Panamá, Venezuela, México y otros países latinoamericanos. Contemplemos a Cristo, sentado a la derecha de Dios Padre, para que nuestra fe se fortalezca y recorramos alegres y confiados los caminos de la santidad. Muchas gracias.

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  5. (Recogido ABC)

    El Papa advierte que en la Iglesia hay muchos trepas y bandidos
    que usan la religión como un negocio

    El Papa Francisco denunció hoy que en la comunidad cristiana hay muchos «trepas», gentes que no tienen fe, «ladrones y bandidos que usan la religión como un negocio», y advirtió que para entrar en el Reino de Dios «la única puerta es Jesús». Así lo aseguró el Santo Padre en la Misa que celebró en la capilla de la residencia de Santa Marta, en cuya homilía afirmó que «la única puerta para entrar en el Reino de Dios, para entrar en la Iglesia» es Jesús y que quien no entra por esa puerta «es un ladrón o un bandido, es uno que quiere sacar provecho en beneficio propio, uno que quiere trepar».

    «También en la comunidad cristiana hay arribistas. Fingen que forman parte pero son ladrones o bandidos, ya que roban la gloria a Jesús, buscan su propia gloria. Para ellos, como los fariseos, la religión es un negocio», afirmó.
    Francisco aseguró que esa no es la puerta auténtica para entrar en el Reino de los Cielos, que la puerta es Jesús y que los que de verdad quieren entrar deben ser «humildes, pobres, justos, mansos, es decir, seguir las bienaventuranzas».

    «Jesús es el camino, la vía»
    El Obispo de Roma agregó que Jesús no es sólo la puerta, «es el camino, la vía». «Hay muchos caminos, tal vez más ventajosos, para llegar, pero son engañosos, no son verdaderos, son falsos. El único camino es Jesús», subrayó el Papa, en la línea marcada por el documento del año 2000 «Dominus Iesus», encargado por el papa Juan Pablo II al entonces cardenal Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, que presenta a Cristo como único Salvador del mundo.
    «Pero algunos dirán, ¡Padre, usted es integrista! No, sencillamente esto lo ha dicho Jesús: ‘yo soy la puerta, yo soy el camino que da la vida’. Sólo eso», afirmó Francisco, quien insistió en que Jesús dice siempre la verdad, con ternura y amor.
    El Papa Bergoglio denunció que muchas veces los hombres tienen la tentación de ser «demasiado dueños de ellos mismos y no de ser humildes hijos y siervos del Señor», y que intentan entrar «por otras puertas u otras ventanas».

    «Él jamás desilusiona, jamás engaña»
    «No buscad otras puertas que parecen más fáciles, confortables, a la mano. Llamad siempre a la de Jesús. Él jamás desilusiona, jamás engaña. Jesús no es un ladrón, no es un bandolero. Ha dado su vida por nosotros y cada uno de nosotros debemos pedirle por favor que nos abra, que nos deje entrar», manifestó.
    Desde su elección, el papa Francisco oficia todos días misa en la capilla de la residencia de Santa Marta, a la que asisten, entre otros, cardenales, obispos, miembros de la Curia Romana, funcionarios del Governatorato (ente que gobierna el Estado de la Ciudad del Vaticano) e invitados.
    A la misa de hoy asistieron empleados de la Sala de Prensa, encabezados por el director, el jesuita Federico Lombardi, y el subdirector, Ciro Benedettini, y técnicos de Radio Vaticano del centro de Santa María di Galeria, en las afueras de Roma.

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  6. Queridos amigos: El Papa Francisco celebró esta mañana, en la Capilla Paulina del Vaticano, una misa con los cardenales residentes en Roma. El Santo Padre centró su homilía en tres puntos: el fervor evangelizador de los primeros cristianos; la Iglesia como Madre que nos da la fe; y la dulce y consoladora alegría del misionero. Francisco afirmó que “no se puede creer en Jesús sin la Iglesia”.

    Al inicio de la Misa, el Pontífice agradeció al cardenal Decano, Angelo Sodano, sus palabras de saludo y felicitación en nombre de los purpurados. Asimismo, dio las gracias a los cardenales por concelebrar con él la Eucaristía. “Gracias -dijo- porque yo me encuentro bien acogido por ustedes. Gracias, me siento bien con ustedes, y eso me gusta”.

    “La primera lectura de hoy me hace pensar que, precisamente en el momento en que estalla la persecución se desata también la actividad misionera de la Iglesia. Aquellos primeros cristianos llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y proclamaron la Palabra. Tenían dentro este fervor apostólico… La fe viene difundida de esta manera”. Llegados a Antioquía, comenzaron a predicar también a los griegos. ¿De quién fue esta iniciativa –preguntó el Papa- difícil de entender en una época en la que se predicaba solo a los judíos? “Fue del Espíritu Santo, que impulsaba hacia delante más y más, siempre”.

    “Pero en Jerusalén -dijo el Papa- algunos se pusieron un poco nerviosos cuando lo supieron y enviaron a Bernabé, ‘en visita apostólica’. (…). Y él observó y vio que las cosas iban bien. Y así la Iglesia es Madre, Madre de más hijos, de muchos más hijos. Se convierte en Madre, Madre, Madre cada vez más. Madre que nos da la fe, Madre que nos da una identidad. Pero la identidad cristiana no es una tarjeta de identidad: la identidad cristiana es la pertenencia a la Iglesia; todos ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre. Porque, encontrar a Jesús fuera de la Iglesia no es posible. El gran Papa Pablo VI dijo: ‘Es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia’. Y la Iglesia Madre que nos da Jesús nos da la identidad que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. ¡Pertenecer a la Iglesia, esto es hermoso!”.

    En tercer lugar, cuando Bernabé comprobó con sus propios ojos que “una gran multitud fue agregada al Señor”, tuvo una alegría: “Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró”. “Éste –afirmó el Papa- es el gozo del evangelizador. Como decía Pablo VI, ‘es la alegría dulce y reconfortante de la evangelización’. Esta alegría empieza con una persecución, con una gran tristeza, y termina con alegría. Y así, la Iglesia sigue adelante entre las persecuciones del mundo y los consuelos del Señor”, como decía San Agustín.

    “Así es la vida de la Iglesia. Si queremos ir un poco por el camino mundano, negociando con el mundo -dijo el Papa- nunca tendremos el consuelo del Señor”. Y si buscamos solo el consuelo, será un consuelo superficial, un consuelo humano, no el del Señor. La Iglesia camina siempre entre la Cruz y la Resurrección, entre las persecuciones y los consuelos del Señor. Y éste es el camino: quien va por esta vía no se equivoca”.

    “Pensemos hoy en la actividad misionera de la Iglesia: aquellos primeros discípulos salieron de sí mismos para evangelizar; incluso tuvieron el coraje de proclamar a Jesús a los griegos, una cosa casi escandalosa en aquel momento. Pensemos en esta Madre Iglesia que crece, crece con nuevos hijos a los que da la identidad de la fe, porque no se puede creer en Jesús sin la Iglesia. Lo dice Jesús mismo en el Evangelio: ‘Pero ustedes no creen porque no forman parte de mis ovejas’. Si no somos ‘ovejas de Jesús’, la fe no llega; es una fe ‘al agua de rosas’, una fe sin sustancia. Y pensemos en el consuelo que tuvo tuvo Bernabé, que es precisamente ‘la dulce y consoladora alegría de evangelizar’. Pidamos al Señor este fervor apostólico que nos impulse a seguir adelante como hermanos, todos nosotros: ¡adelante! Adelante llevando el nombre de Jesús en el seno de la Santa Madre Iglesia, como decía San Ignacio, jerárquica y católica. Así sea”.

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  7. ¡Pregunta a Jesús qué cosa quiere de ti y sé valiente!

    Al mediodía de este domingo del Buen Pastor -Jornada mundial de oración por las vocaciones-, Francisco se asomó a la ventana del apartamento pontifico y rezó con los cientos de miles de fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Regina Caeli.

    ¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

    El Cuarto Domingo del Tiempo de Pascua está caracterizado por el Evangelio del Buen Pastor –en el capítulo decimo de San Juan–, que se lee cada año. El relato de hoy narra estas palabras de Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa» (10,27-30). En estos cuatro versículos se encuentra todo el mensaje de Jesús, está el núcleo central de su Evangelio: Él nos llama a participar en su relación con el Padre, y ésta es la vida eterna.

    Jesús quiere establecer con sus amigos una relación que sea el reflejo de aquella que Él mismo tiene con el Padre: una relación de pertenencia recíproca en la confianza plena, en la íntima comunión. Para expresar este entendimiento profundo, esta relación de amistad Jesús utiliza la imagen del pastor con sus ovejas: él las llama y ellas reconocen su voz, responden a su llamado y lo siguen. ¡Esta parábola es hermosísima! El misterio de la voz es sugestivo: desde el vientre de nuestra madre aprendemos a reconocer su voz y aquella del papá; por el tono de una voz percibimos el amor o el desprecio, el afecto o la frialdad. ¡La voz de Jesús es única! Si aprendemos a distinguirla, Él nos guía por el camino de la vida, un camino que supera también el abismo de la muerte.

    Pero a un cierto punto Jesús dice, refiriéndose a sus ovejas: «Mi Padre, que me las ha dado…» (Jn 10,29). Esto es muy importante, es un misterio profundo, no fácil de comprender: si me siento atraído por Jesús, si su voz calienta mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto dentro de mí el deseo del amor, de la verdad, de la vida, de la belleza… ¡Y Jesús es todo esto en plenitud! Esto nos ayuda a comprender el misterio de la vocación, especialmente de las llamadas a una especial consagración. A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirlo, pero quizás sucede que no nos damos cuenta que es Él, justo como le pasó al joven Samuel.

    Hoy, aquí en la Plaza hay muchos jóvenes. Quisiera preguntarles: ¿han escuchado a veces la voz del Señor que a través de un deseo, una inquietud, les invitaba a seguirlo más de cerca? ¿Han tenido ganas de ser apóstoles de Jesús? Es necesario jugarse la juventud por grandes ideales. ¡Pregunta a Jesús qué cosa quiere de ti y sé valiente! Detrás y antes de cada vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad… Es por esto que Jesús ha dicho: «¡Rueguen al dueño de los sembrados –o sea a Dios Padre- que envíe trabajadores para la cosecha!» (Mt 9,38).

    Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y fructificar. Me gusta subrayarlo hoy, que es la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”. Oremos en particular por los nuevos Sacerdotes de la Diócesis de Roma que he tenido la alegría de ordenar esta mañana. E invoquemos la intercesión de María, que es la Mujer del “sí”. Ella ha aprendido a reconocer la voz de Jesús desde cuando lo llevaba en el vientre. ¡Que María nos ayude a conocer cada vez mejor la voz de Jesús y a seguirla, para caminar en el camino de la vida!

    (Traducción del italiano, Raúl Cabrera-RV).

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  8. <<Queridos hermanos y hermanas, buenos días! En el Credo profesamos que Jesús "de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos". La historia humana comienza con la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios y concluye con el juicio final de Cristo. A menudo nos olvidamos de estos dos polos de la historia, y sobre todo la fe en el regreso de Cristo y en el juicio final a veces no está tan clara y sólida en el corazón de los cristianos. Jesús durante su vida pública, a menudo ha reflexionado sobre la realidad de su venida final.

    Sobre todo recordamos que, con la Ascensión, el Hijo de Dios ha llevado al Padre nuestra humanidad que Él asumió y quiere atraernos a todos hacia Sí mismo, llamar a todo el mundo para que sea recibido en los brazos abiertos de Dios, para que, al final de la historia, toda la realidad sea entregada al Padre. Hay, sin embargo, este "tiempo intermedio” entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el momento que estamos viviendo. En este contexto se coloca la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25,1-13). Se trata de diez muchachas que esperan la llegada del Esposo, pero tarda y ellas se duermen. Ante el repentino anuncio de que el Esposo está llegando, todas se preparan para recibirlo. Pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen el aceite para alimentar sus lámparas, las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas, porque no lo tienen; y mientras lo buscan, el Esposo llega y las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que conduce a la fiesta de bodas. Llaman con insistencia, pero es demasiado tarde, el Esposo responde: no os conozco.

    El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, tiempo de mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo con Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo. Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús. Esto significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, con la alegría de Jesús… ¡No se duerman!

    La segunda parábola, la de los talentos, nos hacen reflexionar sobre la relación entre la forma en que usamos los dones recibidos de Dios y su regreso, cuando nos pedirá cómo los hemos utilizado (cf. Mt 25,14-30). Conocemos bien la historia: antes de salir de viaje, el dueño da a cada siervo algunos talentos para que sean bien utilizados durante su ausencia. Al primero le entrega cinco, dos al segundo y uno al tercero. Durante su ausencia, los dos primeros siervos multiplican sus talentos -se trata de monedas antiguas, ¿verdad?-, Mientras que el tercero prefiere enterrar su propio talento y entregarlo intacto a su dueño. A su regreso, el dueño juzga su trabajo: alaba a los dos primeros, mientras que el tercero viene expulsado fuera de la casa, porque ha mantenido oculto por temor el talento, cerrándose sobre sí mismo. Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… ¿es un cristiano?… ¡no es un cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado!

    Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo. Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás. En la plaza, he visto que hay muchos jóvenes. ¿Es verdad esto? ¿Hay muchos jóvenes? ¿Dónde están? A ustedes, que están en el comienzo del camino de la vida, pregunto: ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos. La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!

    Por último, una palabra sobre el párrafo del juicio final donde viene descrita la segunda venida del Señor, cuando Él juzgará a todos los seres humanos, vivos y muertos (cf. Mt 25,31-46). La imagen utilizada por el evangelista es la del pastor que separa las ovejas de las cabras. A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado, al extranjero. Pienso en los muchos extranjeros que hay aquí en la diócesis de Roma. ¿Qué hacemos con ellos? Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo. Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente en los más vulnerables y necesitados. Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que somos justificados, que somos salvados por la gracia, por un acto de amor gratuito de Dios que siempre nos precede. Solos no podemos hacer nada. La fe es ante todo un don que hemos recibido, pero para dar fruto, la gracia de Dios siempre requiere de nuestra apertura a Él, de nuestra respuesta libre y concreta. Cristo viene para traernos la misericordia de Dios que salva. Se nos pide que confiemos en Él, de responder al don de su amor con una vida buena, hecha de acciones animadas por la fe y el amor.

    Queridos hermanos y hermanas, no tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias. (Traducción de Eduardo Rubió- Radio Vaticana

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  9. PAPA FRANCISCO

    Queridos hermanos y hermanas:

    Deseo reflexionar sobre tres textos del Evangelio que ayudan a entrar en el misterio de una de las verdades que se profesan en el Credo: que Jesús «de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos».

    En la parábola de las diez vírgenes, el Esposo que las jóvenes esperan con las lámparas de aceite es el Señor. El tiempo de la espera, es el tiempo que otorga Él antes de su venida final. En la parábola de los talentos, se recuerda que Dios ha concedido unos dones, que se han de emplear y multiplicar, pues a su regreso preguntará cómo se han utilizado.

    Queridos jóvenes, ¿han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado cómo ponerlos al servicio de los demás? ¡No entierren estos talentos! La vida no se tiene para guardarla para uno mismo, se tiene para entregarla. En la parábola del juicio final, se describe la segunda venida del Señor y se advierte que seremos juzgados en la caridad, según lo que hemos amado a los demás, especialmente a los más necesitados.

    No se conoce ni el día ni la hora del regreso de Cristo; lo que se pide es estar preparados para el encuentro, que significa saber ver los signos de su presencia, tener viva la fe con la oración y con los sacramentos; se trata de ser vigilantes para no dormirnos, para no olvidarnos de Dios. ¡No sean cristianos dormidos!

    Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Arquidiócesis de Córdoba, Argentina, así como a los provenientes de España, Colombia, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a vivir este tiempo presente que Dios nos ofrece con misericordia y paciencia, para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres. Muchas gracias.

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