La educación religiosa de los 3 a los 6 años (despertar religioso)

Seguimos con el tema anterior: Iniciación y despertar religioso de los niños

A los primeros años de iniciación religiosa ambiental sigue el período de los 3 a los 6 años en que se producen en el niño cambios muy grandes, y más todavía cuando está escolarizado. Surgen las primeras actitudes religiosas espontáneas del niño, y también los primeros niveles de fe, y va naciendo la conciencia ética.

Este período que se va a analizar ahora, conocido como el despertar religioso, es de gran trascendencia para la vida cristiana posterior. El despertar religioso ya comenzó en el ciclo anterior, pero es ahora cuando se dan las condiciones de maduración psicológica que permiten que la religiosidad se desarrolle, siempre que se den las circunstancias precisas. Se ha subrayado «las circunstancias precisas» porque sin una intervención educativa por parte de los padres y de los educadores es difícil que se produzca el así llamado despertar religioso, o un adecuado despertar religioso, aunque D¡os puede suplir ese momento de otras formas. Por otro lado, no se puede olvidar que no son la familia y la escuela los únicos factores que influyen en el desarrollo del sentido moral y religioso de los niños, pues reciben ya desde muy pequeños influencias del ambiente sociocultural, los demás niños, etc.

Algunos autores estudian la niñez, desde los 3 ó 4 años hasta los 7 u 8, como un todo único en el que se producen el despertar religioso y la iniciación cristiana. Ésta es la opción que toma el Directorio, que trata en un único apartado la catequesis de la infancia y de la niñez’. Dedicaremos a la iniciación sacramental -6 a 8 años- el próximo apartado.

1) Los rasgos psicológicos de esas edades

El período de los 3 a los 6 años, que denominan la segunda infancia, es considerado como una etapa esencial para consolidar la propia personalidad. Hacia los tres años el niño tiene una primera crisis de identidad, con una fase de negatividad y de afianzamiento personal, para terminar hacia los 6 años con una actitud de mayor serenidad y tranquilidad, en un tiempo en que se construye profundamente la personalidad. Conservando rasgos del período anterior, aunque más desarrollados, aparecen ahora otros elementos psicológicos que serán decisivos para la maduración religiosa’.

Sigue vigente su dependencia afectiva de los adultos. El niño necesita saberse y sentirse protegido y amado por los adultos, y cuando esto falla se provocan reacciones de timidez, desconcierto, inseguridad e introversión, que pueden tener consecuencias posteriores negativas. Domina el lenguaje sensorial, pero crece también el lenguaje de comprensión y el de expresión, sobre todo en los niños escolarizados. Hay gusto por lo narrativo, especialmente lo que satisface su fantasía. Poco a poco va interpretando los hechos de forma personal, a veces muy imprevisible, pues es tiempo de caprichos.

Surgen los primeros conceptos éticos; sin dejar de ser egocéntrico, pueden comenzar a nacer sentimientos de compasión, solidaridad, generosidad… Ya diferencia la verdad de la mentira, sin darle aún el carácter condicionante, surgiendo así una primera actitud crítica. Aprende a dominar sus tendencias posesivas. La credulidad es todavía predominante y condicionante, y le lleva a imitar a los otros niños con los que convive, aunque ya empieza a diferenciar el error, el engaño, la bromas, la ironía. Fruto de su egocentrismo, el niño es comparativo, envidioso y, con frecuencia, celoso.

Es la etapa de la fabulación por excelencia: por la incapacidad de elevarse a conceptos abstractos, sus conceptos son todavía antropomórficos y, por tanto, también los religiosos.

En definitiva, «el niño va tomando suficiente conciencia de sus capacidades personales. Descubre que puede cosas que no pueden otros niños. Y también que él no llega a lo que hacen los mayores o algunos otros de su edad. Entre la inseguridad que refleja a los 4 años y las habilidades que, con satisfacción, ostenta a los 6, hay un abismo de madurez. Al final de la etapa, a los 6 años, el niño ha desarrollado, casi imperceptiblemente, un abanico admirable de cualidades, destrezas y recursos personales. Con ellos va a comenzar un camino de elevado significado estabilizador».

2) La religiosidad del niño de estas edades

Las edades que van hasta los 6 años son básicas en la estructuración de su religiosidad: a partir de las experiencias de los valores humanos que el niño observa y vive, podrá descubrir progresivamente su dimensión trascendente. El niño de esta etapa puede adquirir un incipiente sentido de Dios, intuyendo globalmente su presencia protectora y la acción posible en su propia vida. Luego aplicará esto a la presencia de Dios entre los hombres; pero en este terreno elabora las ideas y sentimientos muy lentamente, y siempre por los cauces que le marcan los adultos, ya que ha de fundamentarlas en algo que trasciende lo simplemente sensorial.

Uno de los primeros datos que se constatan en esta edad es el interés y capacidad del niño por entrar en relación con las cosas y las personas, como se manifiesta en las continuas preguntas que hace sobre las realidades que le rodean. Comienza a darse cuenta de que no está solo en el mundo, que hay algo y alguien distinto a él. Esta constatación va creciendo cuando inicia su etapa escolar, al entrar en contacto con otros niños fuera del ámbito familiar, de forma que la escuela y la catequesis son para él la primera experiencia social fuera del hogar, y los tres ámbitos de experiencia religiosa son coincidentes con ella: la identidad y autonomía personal, el descubrimiento del medio físico y social, y la comunicación y representación de la realidad.

Si el niño ha nacido en una familia cristiana, comienza a darse cuenta también de otra realidad superior: Dios, Jesús, la Virgen… En modo alguno le es ajena la referencia religiosa, y muestra interés por todo lo relacionado con la vida cristiana, que va incorporando a su vida como por ósmosis, asumiendo formas de actuar y sentimientos religiosos que ve y recibe de sus familiares. La relación afectiva y de confianza con sus padres y también con sus educadores cristianos -catequistas y profesores- facilita el despertar religioso del niño: una autoridad llena de amor suscita en él tal confianza, que le lleva a experimentar la alegría compartida con los mayores. La vida cristiana se ofrece de esta manera al niño como algo connatural con la vida humana: es una realidad que viven aquellos a quienes ama. De esta forma se desarrollan en su interior las virtudes teologales -ayudadas por la gracia- en sintonía con esa disposición naciente; a su vez, aquéllas contribuyen a fortalecerla.

Si ha faltado esta formación básica, la Iglesia debe aprovechar cualquier circunstancia para ayudar a los padres a realizarla, y nunca debe darse por supuesta cuando el niño se acerca por primera vez a la catequesis parroquial o a la escuela. Si los niños no han vivido el despertar religioso en sus familias, conviene dedicar un tiempo a esta tarea antes de introducirles en la actividad propiamente catequética. El descubrimiento de Dios se realiza por los mismos caminos que sus demás experiencias: a través de sus padres, hermanos, miembros del hogar…

La estrecha relación interpersonal que existe entre el niño y sus mayores le lleva a ser hipersensible a sus estados de ánimo. El niño percibe con bastante nitidez si el clima religioso se da sólo en su padre o en su madre, si se da en sus padres, pero no lo observa en sus educadores. Ante posibles dicotomías, quizá haga alguna observación, conformándose aparentemente con cualquier respuesta evasiva. Sin embargo, la coherencia y sintonía de los mayores en su comportamiento religioso influye muy positiva o negativamente en esos inicios de la vida de fe.

La religiosidad del niño de 3 a 6 años es, como se ve, elemental y primaria, pero auténtica; su inmadurez lógica le impide otra cosa, pero ya no es tan sensorial como en la etapa anterior, pues comienza a observar, asociar, reflexionar, formular explicaciones… Sus conclusiones son elementales, pero bastante adecuadas a las diversas situaciones.

3) Orientaciones educativas para la formación religiosa

Buena parte de las indicaciones que aquí se exponen servirán también para el inicio de la etapa posterior, pues se trata de grandes ideas que habrán de matizarse y desarrollarse luego de forma más precisa a lo largo de la maduración de los niños.

La adquisición de conocimientos religiosos ha de realizarse por una transmisión elemental y sencilla de los mismos dentro de un clima de oración, «de manera que el niño aprenda a invocar a Dios que nos ama y cuida; a Jesús, Hijo de Dios y hermano nuestro, que nos conduce al Padre; al Espíritu Santo, que habita en nuestros corazones; y que también dirija preces confiadas a María, Madre de Jesús y Madre nuestra».

Es el momento de afianzar estas ideas fundamentales de la fe cristiana, a través de técnicas y actividades variadas, ya que el interés del niño en estos momentos es muy cambiante y es bueno volver sobre las mismas ideas, pero de forma breve y alternativa.

El clima educativo debe estar impregnado de amor, provocando una simpatía hacia el contenido religioso a través del afecto que ya existe entre el niño y sus padres y educadores. Ésta es la razón por la que todo buen educador cuidará su estado de ánimo, pues hablar de Dios fríamente o con mal humor, llevará al niño a adquirir una idea falsa de la paternidad divina, en cambio «cuando realmente se ama se acierta con el lenguaje».

En esta edad se debe iniciar el proceso de adquisición de hábitos de vida de piedad, ayudándoles a comprender su sentido. Para ello, conviene ir suscitando una respuesta del corazón al afecto y amor que reciben de Dios, manifestándolo en oraciones espontáneas. Este hábito refuerza el uso frecuente de oraciones vocales, a la vez que se memorizan.

A propósito de este punto, san Josemaría Escrivá de Balaguer señalaba cómo «en todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir -más que enseñar- esa piedad a los hijos».

El nacimiento de su personalidad requiere una inicial adquisición de la virtudes morales y hábitos para la convivencia. Ello se logra procurando un equilibrio entre la firmeza y la tolerancia, que es el primer paso para promover y afianzar en etapas sucesivas el servicio a Dios y a la Iglesia. Obsérvese que aquí se inicia el proceso deformación de su conciencia, pues comienza a distinguir entre el bien y el mal. Es imprescindible para dar solidez a sus criterios que los padres y educadores vivan lo que transmiten, de lo contrario lo único que consiguen es ser insinceros ante los niños; y esto no es educativo. Igualmente es necesario que haya una coherencia de criterios y en el modo de actuar entre los padres y los formadores: entre la familia, la parroquia y la escuela.

La metodología de este ciclo es globalizadora, ya que el pensamiento del niño es sincrético y la mente unifica los conceptos desde una perspectiva preferentemente sensorial, afectiva y fantasiosa. La experiencia religiosa del niño, a medida que crece su autonomía e identidad personal y que se relaciona con su medio, con los otros y con Dios, se va enriqueciendo y expresando fundamentalmente a través del lenguaje, del juego y del símbolo:

  • – El lenguaje es básico en el proceso de construcción de la propia identidad. El niño descubre con el lenguaje las riquezas de un mundo de realidades que le superan, y la educación del pequeño estará condicionada en gran parte al desarrollo que adquiera en este campo.
  • – El juego es otra de las actividades más aptas para propiciar el aprendizaje infantil: fomenta la creatividad, el afán por descubrir y el desarrollo de otras capacidades: admiración, entusiasmo…; le lleva a encontrar soluciones a problemas, a sentirse protagonista, a convivir con otros niños… Nada de esto es ajeno a la educación religiosa, que aspira a desarrollar en el niño las facultades de expresión, a descubrir la alegría de vivir y a sensibilizarle paulatinamente con la dimensión comunitaria apoyándose en los aspectos socializantes del juego.
  • – El símbolo es un elemento esencial para que el niño de esta edad sea capaz de interiorizar, y para que dicha interiorización contribuya a la estima que él tiene de sí mismo. Es decir, el niño traslada a él la imagen que el adulto propicia.

Algunos detalles prácticos a tener en cuenta en estas edades pueden ser los siguientes: cuidar el lenguaje religioso y las referencias a figuras y hechos relacionados con lo espiritual, pues el niño capta y re tiene ya las cosas. Aunque necesita imágenes sensoriales, acciones visibles, lugares y recursos con que poblar su mente activa, no hay que excitar excesivamente su credulidad con fábulas o mitos exagerados. Conviene promocionar sus capacidades de expresión religiosa y dejar que sus actitudes se desenvuelvan de manera espontánea y natural. Necesita de la fantasía, que se le puede alimentar con vidas de santos, referencias sencillas a Jesús, etc. La actitud de los adultos sigue siendo condicionante de sus sentimientos y de sus criterios, por eso es muy oportuno fundamentar la religiosidad en las así llamadas figuras singulares, que en su mente se cargan de sentido religioso: de Jesús, de Dios, de los Santos, del Papa, etc.

Fuente: AA.VV., Introducción a la Pedagogía de la fe, Eunsa

Un comentario sobre “La educación religiosa de los 3 a los 6 años (despertar religioso)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s