Un susto a tiempo

Estaba apunto de morir un hombre ya bastante entrado en años. Su larga vida había dejado mucho que desear. Los hijos y el sacerdote se esforzaban en convencerle para que se confesase.

– Confiésate, papá -le decía uno de sus hijos –. Confiésate, aprovecha este momento para librarte del fuego del infierno.

El viejo no estaba por la labor.

De repente, unos estertores y se quedó como muerto. El mayor de los hijos encendió una cerilla y se la acercó a la boca para comprobar si respiraba. Con el nerviosismo se le cayó sobre el cuello del padre. Y éste, sobresaltado, exclamó:

– ¡Cómo! ¿Ya empezamos?

***

Un susto a tiempo puede ser providencial. Y es que, vale la pena arreglar las cosas, aunque cueste, mientras estamos a tiempo. Seguir leyendo “Un susto a tiempo”

Sonrisas dulces

Me envía Eugenio, este correo:  una campaña publicitaria preciosa. Todos son trabajadores de la Fundación y el protagonista es Abel que está hecho un artista...