“Os conviene que yo me vaya…”

Viernes, 18 mayo, 2012

Dentro de unos días celebraremos la Ascención del Señor a los Cielos (cfr. Dios por dentro). Ya lo había dicho él “Os conviene que yo me vaya…” Porque tú lo dices Señor, pero yo no termino de hacer a la idea.

Sí, ya sé que el Amor es el arte de marcar las distancias, y que cada amor requiere un espacio que permita la entrega mutua libre. Existe una distancia para la amistad, otra para el matrimonio, y otra (muy distinta) para el noviazgo. No se abraza a la madre como se besa a la esposa, ni se habla con el dependiente como se habla con el amigo íntimo. Sin esas referencias, sin esas distancias desaparece el respeto y sin el respeto el amor muere. Sin libertad el amor se transforma en otra cosa.

“… Porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu; en cambio, si me voy, os lo enviaré”. El Amor más grande, como el mar, no cabe en el vaso de la cercanía física. Necesita más espacio, más distancia… Era necesaria la distancia de la separación física, para dar lugar a una presencia nueva de Jesús en nosotros por el Espíritu Santo.

Además te recuerdo que esta separación física es solo durante un tiempo. “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”. La pena es que nos ha tocado vivir entre esos dos “pocos”. Pero paciencia. Hace tiempo, me lo contaba así Fernando, un párroco amigo, Miguel se presentó en su despacho parroquial acompañado de su madre. Miguel era un niño de nueve años, que acababa de hacer su primera Comunión. Se quería apuntar a la “salida al campo” que organizaban como colofón de las catequesis. Estaban reunidos varios catequistas, uno de ellos dijo al niño: “Bueno, Miguelito, aunque ya has hecho la primera comunión, seguirás viniendo a catequesis el año que viene, ¿verdad?”. Antes de que abriera la boca su madre, como rayó, espetó: “El año que viene no. El año que viene irá a clases de inglés“. Miguelito, que era un chico listo, se quedó asombrado mirando a su madre, luego dijo: “Pero mamá; ¿qué es más importante? ¿El inglés, que me va a servir para cien años que viva, o la catequesis, que me va a servir para trillones de años que voy a pasar en el cielo?”. Tendrías que ver lo colorada que se puso la madre, me decía Fernando.

Vamos a prepararnos para estar con el Señor en el Cielo. Nuestra cabeza ya está allí, el cuerpo, nosotros estamos de camino. María del buen parto, ayúdanos a nacer para el Cielo.

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