No sé cuando, pero vendrá

Miércoles, 2 noviembre, 2011

Un señor llama por teléfono y pregunta por un amigo suyo:

-”¿Está D. Fulano de Tal?”.

-”No. Pero vendrá”- contestan del otro lado.

-”¿Y tardará mucho?”.

-”No sé lo que tardará. Pero vendrá seguro.

-”Pero, oiga, ¿con quién hablo?”.

- “Con el cementerio”.

- “No sé cuando. Pero vendrá”.

La muerte es lo más seguro que tenemos. El momento en que ha de suceder es totalmente incierto. Es tan incierto el momento como segura es la realidad.

La postura razonable es estar siempre preparados, dispuestos.

El “casi” sobra.

Miércoles, 2 noviembre, 2011

Luis XIV

Un predicador tuvo que pronunciar un sermón ante la corte de Luis XIV, rey de Francia, estando el rey presente. En un momento de su perorata dijo:

-”Todos los hombres tenemos que morir”.

Aquello al rey no pareció gustarle. Con claro gesto de desagrado frunció el ceño.

El predicador trató de arreglarlo, añadiendo enseguida:

-”Bueno, casi todos”.

***

Estamos en el mes de noviembre. Y en el día de todos los difuntos. Así que esta anécdota sobre la ineludible realidad de la muerte viene bien traerla a colación. No se trata de estar siempre pensando en ella. Pero es una realidad con la que hay que contar. La muerte es un potente foco de luz que ilumina la vida entera. Lo que no vale a la hora de morir, tampoco vale a la hora de vivir.

Hay cosas que valen más

Miércoles, 2 noviembre, 2011

En un colegio dirigido por religiosas, una niña de catorce años, hizo mal un problema de matemáticas. La monja encargada de esa asignatura le castigó a quedarse en clase durante el recreo para volver a hacerlo.

Mientras ella sola en el aula trataba de resolver el problema, entró una compañera, la más inteligente del curso. Se le acercó, vio que lo planteaba mal y le aclaró como tenía que hacerlo. Ella, muy agradecida, le dio las gracias.

A la noche, la monja se puso a revisar los trabajos del día. Le pidió a aquella alumna brillante, interna en el colegio, que le ayudase a corregir. Al llegar al cuaderno de la amiga a la que intentara ayudarle a la mañana, se llevó una gran sorpresa: no había hecho lo que ella le indicara, lo había entregado mal resuelto, como lo tenía cuando trató de ayudarla. Un tanto desconcertada, le comentó a la monja lo que había ocurrido.

Al día siguiente, la monja llamó a la otra niña y le preguntó por qué no se había fiado de su compañera. Y ella le contestó:

- Claro que me fío. Ya sé que el problema se resuelve como ella me dijo. Pero mi padre me enseñó que cuando saco una nota buena por haberme esforzado, le doy una alegría. Pero si la sacase por haber copiado, sería como si llevara a casa mil pesetas robadas. Por eso no quise corregirlo como ella me apuntó.

No es fácil, pero es una gran lección: inculcar a los hijos que hay cosas de más valor que las notas y que el quedar bien. ¡Preciosa tarea!

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