Es la mano de usted, señorita —dijo sonriendo.

La historia es real y apareció publicada en un periódico hace años. Se trataba de una maestra que pidió a los niños de su clase de primer grado que hicieran un dibujo de algo por lo cual estuvieran agradecidos. Ella pensaba en lo poco que, realmente, tenían que agradecer aquellos niños, provenientes de barrios pobres. Supuso que la mayoría de ellos dibujarían imágenes de pavos asados o de mesas repletas de comida. Por eso se quedó atónita cuando David  le entregó el dibujo, simple e infantil, de una mano.

Pero, ¿de quién era esa mano? Ella se sintió fascinada por el carácter abstracto de la imagen. Por eso, y mientras los demás niños trabajaban, ella se inclinó sobre el pupitre de David para preguntarle de quién era la mano.

—Es la mano de usted, señorita —dijo sonriendo.

Ella recordó entonces que, con frecuencia, en el recreo, había tomado de la mano a ese niño desaliñado y solitario, algo que ella hacía habitualmente, pero que para David significaba muchísimo.

Sí, aquel niño sabía agradecer… Y nos enseña que todos tenemos la oportunidad de dar algo a los demás, por pequeño que sea.

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