¿Se hereda la inteligencia o se adquiere y desarrolla a lo largo de la vida?

Sir Cyril Burt

Tipos de fraude científicos y ejemplos históricos: Las encuestas de Sir Cyril Burt. Ya sé que es un tema curioso, pero me he encontrado este artículo sobre el fraude científico e intentaré resumirlo en el post

Al parecer, el mayor de los fraudes descubiertos recientemente es el de Sir Cyril Burt. Sus trabajos se orientan hacia un aspecto particularmente importante de la psicología, ya que se trata de la herencia de las facultades intelectuales. ¿Se hereda la inteligencia o se adquiere y desarrolla a lo largo de la vida? Esta pregunta posee particular importancia social y de política educativa; y el trabajo de Burt constituye el principal argumento de los partidarios de la transmisión hereditaria de la inteligencia. La exactitud de estos resultados es por lo tanto, esencial.

Burt, que murió en 1972 a los ochenta y ocho años de edad, fue considerado durante toda su vida como uno de los grandes maestros de la psicología en Inglaterra. Sólo después de su muerte surgieron críticas, a veces virulentas, contra sus resultados. Los trabajos de Burt se basan en el estudio del cociente de inteligencia (C.I.) de los gemelos univitelinos separados, es decir, de los gemelos verdaderos que, por diversas razones, han sido educados por familias distintas. Si los C.I. de tales parejas de individuos -que tienen exactamente los mismos genes- son similares, se debe a que la educación en los distintos medios no repercute en las facultades intelectuales y por lo tanto, es un argumento de peso a favor del carácter hereditario de la inteligencia. Y las conclusiones de todos los trabajos de Burt apuntan en ese sentido: para él, los C.I. de los gemelos verdaderos que viven separados son muy próximos y, por consiguiente, la inteligencia es, ante todo, hereditaria.

Al final de su vida, Burt, anciano y sordo, no estaba ya en condiciones de efectuar las pruebas del C.I. en las distintas localidades del país donde se encontraban, separados, los gemelos univitelinos. Entonces publicaba sus trabajos con dos colaboradoras, Conway y Howard, de las que precisamente se suponía que realizaban las encuestas. Pero en 1976, Oliver Gillie, periodista del Sunday Times, de Londres, afirmó después de una ardua investigación que estas dos colaboradoras sólo había existido en la imaginación de Burt, que su nombre era desconocido en la Universidad de Londres, de la cual se consideraba que dependían y que nadie recordaba haberlas visto nunca. Si esto era cierto, se comprobaba que la obra de Burt era un fraude monumental y sus resultados amañados de pies a cabeza para demostrar las tesis del autor.

La aclaración de la inexistencia de las “colaboradoras” de Burt condujo a numerosas análisis de sus trabajos, en los cuales se hallaron entonces datos sospechosos. En sus cálculos estadísticos aparecieron extrañas anomalías. Como es de suponer, los gemelos verdaderos no son muy numerosos y Burt los fue “encontrando” poco a poco a lo largo de su vida. Por consiguiente, sus sucesivos artículos que tratan sobre pares de gemelos cada vez más numerosos están espaciados por largos períodos de tiempo: 15 pares en 1943, 21 pares en 1955, más de 30 en 1958 y 53 en 1966. Pero, dato curioso, el coeficiente de correlación entre los C.I. resulta ser, en todos las casos, exactamente el mismo con los tres decimales siempre idénticos. Los coeficientes de correlación eran de 0,944 para los gemelos criados juntos, y de 0,771 para los que habían sido criados por separado. Esos resultados sugerían que la herencia jugaba un papel importante sobre la inteligencia: lo innato era más importante que lo adquirido. La permanencia de tal coeficiente de correlación preciso deviene altamente improbable cuando el tamaño de la muestra es tan pequeño. El análisis estadístico detallado de una de las obras de Burt, “Inteligencia y movilidad social”, realizado por el psicólogo norteamericano D.D. Dorffman en 1978, demostró de forma muy clara que, sin duda alguna, Burt “fabricaba” sus resultados.

Finalmente, la prueba definitiva del fraude, o aún mejor de los fraudes de Burt, la aportó el psicólogo británico Leslie Hearnshaw, en un libro publicado en 1979 (L. S. Hernshaw, “Cyril Burt, Psychologist “, Cornell Univ. Press, 1979). Paradójicamente, la hermana de Cyril Burt había encargado en 1971 a este científico, también historiador de las ciencias, que escribiera la biografía de su hermano. Hearnshaw era, en esa época, un gran admirador de Burt y, además, había pronunciado la oración fúnebre del célebre sabio. En el curso de su trabajo, Hearnshaw tuvo ocasión de consultar la correspondencia de Burt y el diario personal que llevó durante toda su vida: allí encontró la confesión de sus fraudes. Así, en diciembre de 1968, Christopher Jencks, psicólogo de Harvard, escribió a Burt para pedirle sus datos originales sobre los cincuenta y tres gemelos verdaderos que vivían separados. En su diario, Burt consignó que pasó toda la primera semana de enero de 1969 “calculando” los datos sobre los gemelos para Jencks (esto significa, evidentemente, que “construía” unos supuestos datos brutos a partir de las correlaciones que ya había publicado).

Hearnshaw llegó a la conclusión de que, prácticamente Burt no había hecho observaciones reales después de la Segunda Guerra Mundial: sólo los datos acerca de los quince primeros pares corresponden a observaciones verídicas.

Hearnshaw también encontró pruebas de otros fraudes cometidos por Burt. Así, el psicólogo inventó totalmente sus resultados sobre el descenso del nivel escolar en Inglaterra, publicados en 1969. El psicólogo decía haber realizado encuestas entre 1955 y 1965 en decenas de escuelas; Hearnshaw no encontró ningún vestigio de que se hubieran realizado estas encuestas que, por otro lado, habrían requerido numerosas colaboraciones.

Constituye un tercer fraude, según Hearnshaw, el que Burt atribuía en sus escritos una importancia exagerada al análisis estadístico de los factores de la inteligencia. Por último, en un cuarto fraude, parece que, como jefe de sección del British Journal of Psychology, inventó más de una veintena de colaboraciones (cartas, reseñas, notas) a dicha revista. Estos escritos, que firmaba con seudónimos y en que llegaba incluso a responder a una nota que él había escrito y publicado bajo otro nombre, le permitían sobre todo citar sus trabajos, exponer sus propios puntos de vista y dar la impresión de que continuaba investigando, aunque se hallaba jubilado desde 1950.

¿Por qué llegó Burt hasta ese extremo y cómo lo hizo? Una primera respuesta es que él estaba íntimamente convencido de que su hipótesis -el carácter hereditario de la inteligencia- era correcta. Según muchos testigos era de naturaleza algo paranoica y sin duda este carácter patológico le condujo a anteponer sus convicciones personales a la objetividad científica, en total contradicción con la idea fundamental del método científico y también con sus propios propósitos. (…) Por la misma razón, Hearnshaw sugiere que, a fin de cuentas, los fraudes de Burt se explican porque, a buen seguro, había preferido engañar antes que ver triunfar a sus adversarios. Quizá sea demasiado sencillo desembarazarse del caso Burt diciendo que se trataba de un “loco” porque sino, ¿cómo se explica que los sicólogos no hayan criticado sus trabajos hasta después de su muerte?

Para complicar aún más la situación, un libro publicado en 1991 por Ronald Fletcher sostiene que la acusación de fabricar datos que se formuló sobre Sir Cyril Burt no es cierta, y que es un producto espúreo de la política y la publicidad entrometida en la ciencia. Sostiene que, por ejemplo, la inexistencia de las asistentes de Burt es desmentida por el testimonio de los que las conocían y por registros escritos. Los cuadernos que registraban los datos de Burt, que podría haber provisto evidencia directa sobre correlaciones arregladas, fueron destruidos poco después de su muerte por la secretaria de Burt por sugerencia de Liam Hudson, uno de los más vehementes adversarios de Burt. Las pruebas de fraude serían sólo circunstanciales, según Fletcher. Los coeficientes de correlación eran 0,77 en los 15 pares de gemelos homocigotos informados en 1943, 0,771 en los 21 de 1955, 0,771 en los más de 30 de 1958, y 0,771 en la muestra de 53 en 1966. Algunos de los datos no son independientes, y el número total de pares independientes sería 30. Según Fletcher es posible que Burt haya adicionado los nuevos casos a los anteriores sin preocuparse de recalcular sus coeficientes de correlación (que hacía a mano), lo que podría ser interpretado sólo como un trabajo hecho en forma descuidada, y no un fraude. Teniendo en cuenta los 82 años que Burt tenía en 1966, esto podría ser perdonable. Además, varios estudios independientes actuales dieron resultados similares a los de Burt. Aparte del escándalo que produce buenos dividendos a los periodistas, podría ser un ataque de los partidarios de la influencia ambiental sobre los partidarios de la hereditabilidad de la inteligencia, lo que tiene muchos componentes políticos mezclados con los científicos. El libro concluye que Burt era excéntrico, a veces descuidado, pero es culpable de desidia más que de fraude. Claro que el mismo libro de Fletcher podría ser acusado de lo mismo: un intento de los partidarios de la hereditabilidad de la inteligencia de rehabilitar a su principal sostén, frente a los partidarios de la influencia ambiental…

En última instancia, este caso es una muestra de la complejidad inherente a los casos de investigación de fraude científico. De hecho el método ha sido proseguido por los seguidores de Burt. El psicólogo norteamericano Lewis Madison Terman escribió cinco enormes libros sobre los genios y los supergenios. Pero un estudio de los protocolos de Terman descubrió que los cálculos de coeficiente de inteligencia (CI) fueron frecuentemente modificados al alza. Aparentemente, sus asistentes le proveyeron simplemente los CI superiores que él deseaba (J. Hirsch, La Recherche, 283, 78 [1996]).

5 comentarios sobre “¿Se hereda la inteligencia o se adquiere y desarrolla a lo largo de la vida?

  1. Yo tengo claro que los genes determinan el grado máximo del desarrollo de nuestras capacidades, pero el ambiente es notoriamente incidente : hay tendencia gentética en desarrollar cáncer en una persona pero los factores ambientales son gatillantes para que se desarrolle la enfermedad.

    Epigenética : como el ambiente influt¡e más allá de la genética misma

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  2. Creo que está generalmente aceptado que diversos estudios sobre heredabilidad de la inteligencia y el CI con gemelos monocigóticos -con idénticos genes- han dado correlaciones en inteligencia del 80% o cercanas a esta cifra.

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