Alvin Toffler: Un frenesí de naciones…

Seguimos con este análisis de la obra de Alvin Toffler, “La tercera ola”. Esta vez vemos los capítulos:

  • Capítulo VII. Un frenesí de naciones
  • Capítulo VIII. El impulso imperial
  • Capítulo IX. Indusrealidad

En el Capítulo VII, que lleva el título “Un frenesí de naciones”, Toffler afirma que el nacionalismo nace con la segunda ola:

“Se pueden considerar los levantamientos nacionalistas provocados por la revolución industrial en los EE.UU, Francia, Alemania y el resto de Europa como esfuerzos para elevar el nivel de integración política al nivel de integración económica, en rápido ascenso, que acompañó a la segunda ola. Y fueron esos esfuerzos, no la poesía ni místicas influencias, lo que condujo a la división del mundo en unidades nacionales separadas. (…) Y por debajo de la nación subyacía el imperativo familiar del industrialismo: el impulso hacia la integración” (p. 88).

Seguidamente aclarará en el Capítulo VIII con el título. El impulso imperial, en que consiste precisamente dicho impulso. La segunda ola apareció con un impulso imperialista:

“al aumentar la fabricación masiva de productos, las nuevas élites industriales necesitaban mercados mayores y nuevas salidas a la inversión” (p. 92). El fantasma del desempleo empujó a las potencias europeas a la colonización. En 1492, cuando Colón descubrió América, “los europeos controlaban sólo el 9% del globo. Para 1801 dominaban la tercera parte. Para 1880, las dos terceras partes. Y en 1935 los europeos controlaban el 85% de la tierra firme del planeta y el 70% de su población. Como la sociedad misma de la segunda ola, el mundo se hallaba dividido en integradores e integrados” (p. 97). Pero desde 1944 hasta los primeros años de la década de los 70, EE.UU aparece como el integrador de integradores: entró a dominar este sistema imperialista. Posteriormente este papel ha sido desafiado por la Unión Soviética, que tomó, después de la segunda guerra mundial, una parte de Europa como campo propio de colonización: los países ‘satélites’. El gran designio, pues, es éste: la civilización de la segunda ola dividió y organizó al mundo en naciones-estado separadas. Necesitando los recursos del resto del mundo arrastró a las sociedades de la primera ola y a los restantes pueblos primitivos del mundo hasta introducirlos en el sistema monetario. Creó un mercado globalmente integrado. Pero el exuberante industrialismo era algo más que un sistema económico, político o social. Era también una forma de vida y una forma de pensamiento. Produjo la mentalidad de la segunda ola. Y añade: “Esta mentalidad constituye en la actualidad el principal obstáculo a la creación de una viable civilización de la tercera ola” (p. 103).

Será en el Capítulo IX. Indusrealidad, donde Toffler expllique mejor en que consiste esta mentalidad. Con la palabra Indusrealidad, hace referencia a la concepción del mundo propia de la segunda ola: la define como “el grupo culminante de ideas y presunciones con que se enseñaba a los hijos del industrialismo a comprender su mundo. Era el bagaje de premisas empleadas por la civilización de la segunda ola, por sus científicos, dirigentes comerciales, estadistas, filósofos y propagandistas” (p. 105).

Esta concepción se basa en tres ideas comunes a todas las naciones de la segunda ola:

  • La primera idea es que la naturaleza es un objeto que espera ser explotado.
  • La segunda idea es que el hombre es el pináculo de un largo proceso de evolución. El darwinismo y la selección natural: las especies sobrevivientes son, por definición, las más aptas. Las ideas de Darwin pasaron del campo biológico al social y político: “así, los darwinistas sociales argumentaban que el principio de la selección natural operaba también dentro de la sociedad y que las personas más ricas y poderosas eran, en virtud de ese mismo hecho, las más aptas y meritorias” (p. 107). La civilización de la segunda ola es superior a las demás.
  • Y la tercera idea se basa en el principio del progreso. La historia se mueve irreversiblemente hacía una vida mejor para la Humanidad.

En la base de estos tres principios se sitúan los conceptos necesarios para su formulación: el tiempo y el espacio son lineales.

La indusrealidad presupone el individualismo —un esquema atómico de la realidad aplicado a la persona—; y esto, también, por razones políticas: “El capitalismo industrial necesitaba una justificación racional para el individualismo (…), las nuevas clases mercantiles, exigiendo libertad para comerciar, prestar y ampliar sus mercados, dieron nacimiento a una nueva concepción del individuo, la persona como átomo” (p. 117).

Además, la segunda ola trae consigo la noción de la causalidad: con D’Holbach, Newton, Darwin y Freíd. Con esta nueva noción de causalidad se podía manipular la economía, domeñar la naturaleza, y prever y moldear el comportamiento del individuo y la sociedad (cfr. pp. 119-120).

3 comentarios sobre “Alvin Toffler: Un frenesí de naciones…

  1. Para aquellos que les interesa el futuro, les recomiendo dos libros que en Internet son gratuitos. Me refiero a:

    EL SHOCK DEL SIGLO XXI
    ¿Por qué el mundo va hacia una crisis?
    ¿Como haremos para salir de ella?

    LOS PRÓXIMOS 500 AÑOS
    ¿Cómo evolucionaran las casas, computadoras,
    automóviles, industrias, y robots del futuro?

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    Me gusta

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