Albin Toffler: La aquitectura de la civilización

Seguimos con La tercera ola, de Alvin Toffler. Para más información ver: La tercera ola de Alvin Toffler. Esta vez vamos a tratar del  Capítulo II. La arquitectura de la civilización.

En este segundo capítulo, Toffler, tras la descripción del choque entre las civilizaciones de la primera y de la segunda ola al aparecer la revolución industrial, pasa a hablar del pre-requisito de cualquier civilización, que para él, es la energía (p. 32).

Mientras que las sociedades de la primera ola explotaban fuentes de energía renovables; las de la segunda usaron fuentes no renovables (carbón, gas, petróleo). Y paralelamente, en la segunda ola, se produjo un gigantesco avance en el campo de la tecnología. Esta nueva tecnología abrió las puertas a la producción en serie: “Al extenderse sobre el Planeta la segunda ola, la tecnosfera agrícola fue reemplazada por una tecnosfera industrial: las energías no renovables fueron directamente aplicadas a un sistema de producción en serie, que a su vez, vomitó mercancías sobre un sistema de distribución en serie altamente desarrollado” (p. 35).

Esta tecnosfera creó una sociosfera paralela: nuevas formas de organización social. Apareció la “llamada familia nuclear —padre, madre y unos pocos hijos, sin parientes molestos—” que “se convirtió en el modelo ‘moderno’ standar, socialmente aprobado, de todas las sociedades industriales, tanto capitalistas como socialistas” (p. 36). Paralelamente, aparece la educación pública general que, con la familia nuclear, formó parte del “único sistema integrado para la preparación de jóvenes con miras al desempeño de papeles en la sociedad industrial” (p. 37).

Aparece en un tercer momento, lo que denomina una “refinada infosfera, canales de comunicación por los cuales podían distribuirse mensajes individuales y colectivos tan eficazmente como mercancías o materias primas. Esta infosfera se entrelazaba con la tecnosfera y la sociosfera, ayudando a integrar la producción económica con el comportamiento privado. Cada una de estas esferas desempeñaba una función clave en el sistema y no habría podido existir sin las otras. La tecnosfera producía y asignaba riqueza; la sociosfera, con sus miles de organizaciones interrelacionadas, asignaba determinados papeles a los individuos integrados en el sistema. Y la infosfera (sic) asignaba la información necesaria para el funcionamiento de todo el sistema. Juntas, formaban la arquitectura básica de la sociedad” (p. 42).

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