Alvin Toffler: “El conflicto entre los grupos de la segunda y tercera ola constituye, de hecho, la tensión política central que surca nuestra sociedad actual”

Seguimos con La tercera ola, de Alvin Toffler. Para más información ver: La tercera ola de Alvin Toffler. Esta vez vamos a tratar del Capítulo I. Superlucha. En él, Toffler parte de esta observación:

“Una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas, y hombres ciegos están intentando en todas partes sofocarla. Esta nueva civilización trae consigo nuevos estilos familiares; formas distintas de trabajar, amar y vivir; una nueva economía; nuevos conflictos políticos; y, más allá de todo esto, una conciencia modificada también (…). El amanecer de esta nueva civilización es el hecho más explosivo de nuestra vida. Es el acontecimiento central, clave para la comprensión de los años inmediatamente venideros. Es un acontecimiento tan profundo como aquella primera ola de cambio desencadenada hace diez mil años por la invención de la agricultura, o la sísmica segunda ola de cambio disparada por la revolución industrial. Nosotros somos hijos de la transformación siguiente, la tercera ola” (p. 17).

En este fragmento —que ocupa los tres últimos párrafos de la p. 18 y el primero de la p. 19— describe Toffler todo lo que seguirá: el resto del libro no es sino un desarrollo de estos párrafos que siguen:

“La tercera ola trae consigo una forma de vida auténticamente nueva basada en fuentes de energía diversificadas y renovables; en métodos de producción que hacen resultar anticuadas las cadenas de montaje de la mayor parte de las fábricas; en nuevas familias no nucleares; en una nueva institución, que se podría denominar el ‘hogar electrónico’; y en escuelas y corporaciones del futuro radicalmente modificadas.

La civilización naciente escribe para nosotros un nuevo código de conducta y nos lleva más allá de la uniformización, la sincronización y la centralización, más allá de la concentración de energía, dinero y poder. Esta nueva civilización, al desafiar a la antigua, derribará burocracias, reducirá el papel de la Nación-Estado y dará nacimiento a economías semiautónomas en un mundo postimperialista. Exige Gobiernos que sean más sencillos, más eficaces y, sin embargo, más democráticos que ninguno de los que hoy conocemos.

Es una civilización con su propia y característica perspectiva mundial, sus propias formas de entender el tiempo, el espacio, la lógica y la causalidad. Por encima de todo, como veremos, la civilización de La tercera ola comienza a cerrar la brecha histórica abierta entre productor y consumidor, dando origen a la economía del ‘prosumidor’ del mañana. Por esta razón, entre muchas otras, podría resultar (…) la primera civilización verdaderamente humana de toda la historia conocida”….  (pp.18-19)

Luego empieza a describir la primera ola:

“El nacimiento de la agricultura constituyó el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano” y la revolución industrial, el segundo (p. 21); “antes de la primera ola de cambio, la mayoría de los humanos vivían en grupos pequeños y, a menudo, migratorios (…). En algún momento, hace aproximadamente diez milenios, se inició la revolución agrícola y se difundió lentamente por el Planeta, extendiendo poblados, asentamientos, tierra cultivada y una nueva forma de vida”.

Esta ola de cambio existía aún cuando llegó la revolución industrial (finales del s. XVII). Este nuevo proceso —industrialización— se movió rápidamente por todas partes: así, dos procesos de cambio entrechocaban en toda la tierra (p. 21). Hoy día, la primera ola está ya casi acabada; la segunda aún se extiende, pero ha comenzado la tercera ola. Para Toffler de algún modo, hoy se da el entrecruzamiento de las tres olas de cambio:

“todas ellas moviéndose a velocidades diversas y con diferentes grados de fuerza entre sí” (id.). “Las entrecruzadas corrientes creadas por estas olas de cambio se reflejan en nuestro trabajo, nuestra vida familiar, nuestras actitudes sexuales y nuestra moralidad personal (…) El conflicto entre los grupos de la segunda y tercera ola constituye, de hecho, la tensión política central que surca nuestra sociedad actual” (p. 24).



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