¿De dónde nos puede llegar la seguridad intrínseca?

S. Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, al hablar del 7º hábito va tratando cada uno de los 4 aspectos (físico, espiritual, mental y social-emocional) en que lo desglosa. A continuación vemos como explica lo que el considera la dimensión social / emocional de la persona y la íntima relación que tiene con lo que el denomina seguridad intrínseca.

Las dimensiones social y emocional están ligadas entre sí porque nuestra vida emocional se desarrolla (primordial pero no exclusivamente) a partir de nuestras relaciones con los otros, y en ellas se manifiesta. (…) Supongamos que usted es una persona clave en mi vida. Podría ser mi jefe, mi subordinado, mi colaborador, mi amigo, mi vecino, mi cónyuge, mi hijo, un miembro de mi familia: alguien con quien yo quiero o necesito interactuar. Supongamos que tenemos que comunicarnos, trabajar juntos, discutir una cuestión esencial, lograr un propósito o resolver un problema. Pero vemos las cosas de distinto modo, a través de cristales diferentes. Usted ve a la joven, y yo a la anciana.

De modo que pongo en práctica el cuarto hábito. Me acerco a usted y le digo: «Advierto que estamos afrontando esta situación de modo diferente. ¿Por qué no acordamos comunicarnos hasta que podamos hallar una solución con la que los dos podamos sentirnos bien? ¿Estás dispuesto a hacerlo?». La mayor parte de las personas responderán que sí.

Entonces paso al quinto hábito. «Primero permíteme escucharte.» En lugar de escuchar con la intención de responder, escucho empáticamente, con la finalidad de comprender su paradigma profunda y completamente. Cuando yo pueda explicar su punto de vista tan bien como lo hace usted mismo, me concentraré en comunicarle mi propio punto de vista, de manera que usted también pueda comprenderme a mí.

Sobre la base de nuestro compromiso de buscar una solución con la que ambos nos sintamos bien, y de una recíproca comprensión profunda, pasamos juntos al sexto hábito. Trabajamos juntos para generar soluciones de tercera alternativa que remedien nuestras diferencias y que ambos reconozcamos como mejores que las que usted o yo propusimos inicialmente.

El éxito en los hábitos cuarto, quinto y sexto no es en lo esencial una cuestión de intelecto, sino de emoción. Está altamente relacionado con nuestro sentido de la seguridad personal. Si nuestra seguridad personal proviene de fuentes que están dentro de nosotros, tendremos la fuerza necesaria para poner en práctica los hábitos de la victoria pública. Si somos emocionalmente inseguros, aunque estemos muy adelantados desde el punto de vista intelectual, poner en práctica los hábitos cuarto, quinto y sexto con personas que piensan de modo diferente sobre cuestiones fundamentales de la vida puede resultar terriblemente amenazador.

¿De dónde nos puede llegar la seguridad intrínseca? No proviene de lo que las otras personas piensan de nosotros, ni de la manera en que nos tratan. No proviene de la programación de la que hemos sido objeto. No proviene de las circunstancias ni de nuestra posición. Viene de adentro. Viene de los paradigmas precisos y los principios correctos profundamente arraigados en nuestra mente y nuestro corazón. Viene de una coherencia de adentro hacia afuera, de vivir una vida de integridad en la que nuestros hábitos diarios reflejan nuestros valores más profundos.

Creo que una vida de integridad es la fuente fundamental de la valía personal. No estoy de acuerdo con la literatura popular sobre el éxito en cuanto a que la autoestima es primordialmente una cuestión de disposición mental, de actitud, como si uno pudiera lograr la paz mental mediante una preparación psicológica. Tenemos paz mental cuando nuestra vida está en armonía con los principios y valores verdaderos, y de ningún otro modo.

Está también la seguridad intrínseca que resulta de una vida interdependiente efectiva. Hay seguridad al saber que existen soluciones ganar/ganar, que la vida no es siempre «o esto o aquello», que casi siempre se cuenta con terceras alternativas mutuamente beneficiosas. Hay seguridad al saber que uno puede salir del propio marco de referencia sin renunciar a él, que podemos comprender real y profundamente a otro ser humano. Se logra seguridad cuando uno interactúa auténtica, creativa y cooperativamente con las otras personas y despliega estos hábitos de la interdependencia.

Hay una seguridad intrínseca que surge del servicio, del hecho de ayudar a otros de modo significativo. Una fuente importante es el trabajo cuando uno se ve a sí mismo realizando contribuciones y creando, incidiendo realmente en los resultados. Otra fuente es el servicio anónimo, que nadie conoce y que nadie conocerá nunca. Y eso no importa. Lo que importa es hacer felices las vidas de otras personas. El motivo es la influencia, y no el reconocimiento.

Victor Frankl se centró en la necesidad de que la vida tenga propósito y sentido, algo que la trascienda y saque a la luz nuestras mejores energías.

El desaparecido doctor Hans Selye, en su monumental investigación sobre el estrés, dijo básicamente que una vida larga, sana y feliz es el resultado de realizar aportaciones, de tener proyectos significativos que sean personalmente estimulantes y mejoren y hagan feliz las vidas de los otros. Su ética era: «Gánate el amor de tu prójimo».

En palabras de George Bernard Shaw: “Éste es el verdadero goce de la vida, ese ser utilizado con un propósito que uno mismo reconoce como importante. Ese ser una fuerza de la naturaleza, y no un montoncito febril y egoísta de malestares y molestias que se queja de que el mundo no se consagra a hacerlo feliz. Soy de la opinión de que mi vida pertenece a toda la comunidad, y de que mientras viva es mi privilegio hacer por ésta todo lo que pueda. Cuando muera, quiero estar completamente agotado. Pues cuanto más duramente trabajo, más vivo. Gozo de la vida por la vida misma. Para mí la vida no es una pequeña vela. Es una especie de antorcha espléndida que por el momento sostengo, con fuerza, y quiero que arda con el mayor brillo posible antes de entregarla a las futuras generaciones.” (…) Y existen muchos modos de servir…, de efectuar depósitos de amor incondicional.

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