Comienza un nuevo curso

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Cuando una gran empresa convoca una junta general ordinaria de accionistas, tras el anuncio de la convocatoria se suceden largas reuniones, planificaciones cuidadosas y minuciosas previsiones de cuanto en ella ha de comunicarse y solucionarse. Todo se calcula, de modo que nada se escape de las manos de quienes controlan el negocio. Es necesario “ir por delante”.

Hay, afortunadamente, otro tipo de anuncios… Me refiero a los marcados un estallido de gozo, de alarma, o de tristeza… Me refiero a esos acontecimientos en los que siempre vamos por detrás, cautivados por la alegría, el pánico, o el dolor ¿Os imagináis que, después de obtener la victoria en una final de fútbol, ante cien mil espectadores, el equipo vencedor celebrara una junta ordinaria para decidir cómo celebrarlo y, eligieran a cinco portavoces que levantaran los brazos, mientras los demás permaneces quietos? ¡Pues no! Lo que surge es lanzarse al campo y gritar a pleno pulmón, si mientras se da la vuelta al campo con la copa en la mano. Lo mismo ocurre ante un incendio que se declara, ante la muerte de un ser querido y cercano, de nada valen planificaciones o técnicas: el hombre va por detrás, cautivado por la situación, y obediente a la urgencia del momento.

Pues bien,de algún modo podemos pensar que nos encontramos en uno de esos momentos ¡Comienza un nuevo curso! La vuelta de las vacaciones, la casa “patas arriba”, el reencuentro con el trabajo y con los compañeros… Todo ello marca como un nuevo ciclo, una especie de “volver a empezar”, y este es el nervio de esta confidencia: ese “volver a empezar” es, en definitiva, algo profundamente cristiano.

La vida de quienes amamos a Dios debe ser eso, un permanente “volver a empezar”: renovados el empeño y el entusiasmo, con nuevos propósitos de entregarnos a Dios y a los demás, comencemos este nuevo curso con un optimismo perseverante.

Cuando era niño me encantaba estrenar los libros nuevos, y aquellos cuadernos inmaculados. Pues, aprovechemos el momento, situémonos ante él como si se tratara de un folio en blanco: todo está por escribir, y aún podemos hacerlo con muy buena letra. Estamos de estreno.

Estrenemos ojos. Miremos a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros vecinos y familiares, de un modo nuevo. También ellos nacen hoy para nosotros; recibámosles a todos con una sonrisa, con la sonrisa de Cristo.

Estrenemos corazón. Estrenaremos el Corazón de Cristo: roto, pero nuevo.

Estrenemos horario. Reserva, este curso, un tiempo para Dios: un ratito diario, con hora fija, para la oración; otro ratito para la Ssma. Virgen, en el que rezaremos el ángelus, o el rosario, o, mejor, ambos; algunos días de la semana quizá puedas acercarte a participar de la Eucaristía; otros puedes hacer una breve visita a Jesús sacramentado… Ojos, corazón, horario… Estamos de estreno. Ilusiónate con este nuevo comienzo, con este folio en blanco: aún puedes hacer muy buena letra. Que Dios te bendiga, y que tengas un feliz nuevo curso.

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