Dos Cartas de Amor: acerca de las discusiones y sobre la indiferencia

Esta entrada es continuación de La técnica de la “carta de amor”. Allí apuntábamos algunas ideas y ahora seguimos con estos ejemplos que Jonh Gray escribe en su libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”.

Una Carta de Amor acerca de las discusiones

cartas de amor.jpg

Michael y Vanesa no se pusieron de acuerdo acerca de una decisión financiera. En pocos minutos se trabaron en una discusión. Cuando Michael observó que estaba empezando a gritar, se calló, respiró profundamente y dijo: “Necesito algo de tiempo para pensar acerca de esto y después hablaremos”. Luego se fue a otra habitación y escribió sus sentimientos en una Carta de Amor.

Después de escribir la carta estaba en condiciones de regresar y analizar la cuestión en forma más comprensiva. Como resultado de ello pudieron resolver su problema con afecto. Esta es la Carta de Amor:

Querida Vanesa:

1. Ira: Estoy enojado por tu excesiva emotividad. Estoy enojado porque sigues malinterpretándome. Estoy enojado porque no puedes permanecer tranquila cuando hablamos. Estoy enojado porque eres demasiado sensible y te sientes herida fácilmente. Estoy enojado porque no confías en mi y me rechazas.
2. Tristeza: Estoy triste porque discutimos. Me duele sentir tus dudas y desconfianza. Me duele perder tu amor. Estoy triste porque peleamos. Estoy triste por no estar de acuerdo.
3. Temor: Temo cometer un error. Temo no poder hacer lo que quiero sin perturbarte. Temo compartir mis sentimientos. Temo que me hagas sentir mal. Temo parecer incompetente. Temo que no me aprecies. Temo hablar contigo cuando estas tan perturbada. No sé que decir.
4. Pesar: Lamento que te haya lastimado. Lamento no estar de acuerdo contigo. Lamento haberme puesto tan frío. Lamento oponerme tanto a tus ideas. Lamento apresurarme a hacer lo que quiero. Lamento no valorar tus sentimientos. No mereces ser tratada de esa forma. Lamento haberte juzgado.
5. Amor: Te amo y quiero solucionar esta situación. Pienso que ahora puedo escuchar tus sentimientos. Quiero apoyarte. Comprendo que herí tus sentimientos. Lamento haber invalidado tus sentimientos. Te amo tanto. Quiero ser tu héroe y no quiero simplemente estar de acuerdo en todo. Quiero que me admires. Necesito ser yo y te apoyo para que seas tu misma. Te amo. Esta vez cuando hablemos mostraré más paciencia y comprensión. Tú lo mereces.

Te amo, Michael

PD. La respuesta que me gustaría escuchar es: “Te amo, Michael. Realmente aprecio que seas un hombre tan cuidadoso y comprensivo. Confío en que podamos solucionar esta situación”.

Aquí va otro ejemplo:

Una Carta de Amor acerca de la indiferencia

Jim estaba por irse al día siguiente en un viaje de negocios. Esa noche, su esposa, Virginia, trató de crear cierta intimidad. Llevó un mango a su habitación y le ofreció un poco. Jim estaba concentrado leyendo un libro en la cama y comentó brevemente que no tenía hambre. Virginia se sintió rechazada y se fue. Interiormente se sentía herida y enojada. En lugar de regresar y lamentarse sobre su grosería e insensibilidad, escribió una Carta de Amor.

Después de escribir esa carta, Virginia, al sentirse más dispuesta a aceptar y perdonar, regresó a la habitación y dijo: “Esta es nuestra última noche antes de que te vayas, pasemos algo de tiempo especial juntos”. Jim bajó su libro y tuvieron una noche encantadora e íntima. El hecho de escribir una Carta de Amor le dio a Virginia la fuerza y el amor para persistir más directamente en captar la atención de su pareja. Ni siquiera tuvo la necesidad de compartir su Carta de Amor con su pareja. Esta es su carta:

Querido Jim:

1.Ira: Me siento frustrada de que quieras leer un libro y esta sea nuestra última noche juntos antes de que te vayas. Estoy enojada porque me ignoras. Estoy enojada porque no quieres pasar estos últimos momentos juntos. Estoy enojada porque no pasamos más tiempo juntos. Siempre hay algo más importante que yo. Quiero sentir que me amas.

2.Tristeza: Estoy triste porque no quieres estar conmigo. Estoy triste porque trabajas tanto. Siento que ni siquiera notarías si yo no estuviera aquí. Me entristece que siempre estés tan ocupado. Me entristece que no quieras hablarme. Me siento herida de que no te importe. No me siento especial.

3.Temor: Temo que ni siquiera sepas por que estoy perturbada. Temo que no te importe. Temo compartir mis sentimientos contigo. Temo que me rechaces. Temo que estemos apartándonos. Estoy asustada de no poder hacer nada al respecto. Temo aburrirte. Temo no gustarte.

4.Pesar: Me siento incómoda por querer pasar el tiempo contigo cuando ni siquiera te importa. Lamento parecer exigente. Lamento no mostrar más afecto y aceptación. Lamento haberme mostrado fría cuando no quisiste pasar el tiempo conmigo. Lamento no haberte dado otra oportunidad. Lamento haber dejado de confiar en tu amor.

5. Amor: Te amo. Por eso traje el mango. Quise hacer algo para complacerte. Quise pasar un tiempo especial juntos. Sigo deseando pasar una noche especial. Te perdono por mostrarte tan indiferente hacia mí. Te perdono por no responder de inmediato. Comprendo que estuvieras en medio de una lectura. Pasemos una noche íntima y afectuosa.

Te amo, Virginia

PD. La respuesta queme gustaría escuchar: “Te amo, Virginia y también quiero pasar una noche afectuosa contigo. Te voy a extrañar”.

14 comentarios sobre “Dos Cartas de Amor: acerca de las discusiones y sobre la indiferencia

  1. UN CUENTO
    Hace 19 años empecé un camino en el que me ofrecieron varias oportunidades para recorrerlo
    tenía un tope de pasta, 3 millones de pelas, que podía invertir en varios vehículos
    el coche de San Fernando
    un deportivo
    una bici de montaña
    y el resto de la pasta para imprevistos

    Como soy una mujer muy práctica decidi gastarme el dinero en la bici y en comprar varios repuestos, entre otras cosas porque eran más baratos y sabía ponerlos sola
    después descubrí que los dos primeros años nos llevaban en autobus a todas partes con la suerte que podía meter la bici en el maletero……….
    paso el tiempo y empecé a andar el camino en mi estupenda bicicleta
    de vez en cuando alguna de las que había comprado el coche se empeñaba en que le echase gasolina a la bici para que fuese más rápido y yo lo hacia para tener la fiesta en paz echando lo menos posible para no gastar y para no poner perdida la bici……..
    pues de vez en cuando alguna de las del vehículo deportivo tiraba una colilla y me encendía la bici y ésta se ponía a arder con los restos de gasolina……….
    con santa paciencia me ponía a repararla con lo que llevaba en la mochila, gruñía un rato y luego seguía pedaleando……..
    de vez en cuando veía alguna herida por las del deportivo, pues en su velocidad se les olvidaba que otras iban andando (las que se habían quedado sin pasta para las reparaciones o más gasolina), y se las llevaban por delante………..
    algunas se quedaban tan graves que las tenían que sacar del camino o se salían del camino del impacto………..
    la ventaja de la bici es que te permite ver a esa gente y cuidarle, aunque te retrasen en tu camino tiene la ventaja de hacer agradable el camino…………..
    ahora estoy en una de esas etapas de que alguna del coche se le cayó una colilla y me han incendiado la bici y esta vez a ver como la arreglo pues con este calor no me quedan ni ganas………….
    pero bueno alguna de las que he ayudado por el camino me adelanta, me sonrié y me ayuda con la bici y con la paciencia y vuelvo a recomenzar…………
    con la tranquilidad que me da el saber que me puedo equivocar en muchas cosas pero en el camino y en la bici no me equivoco fue una buena elección…..
    cuando hay cuesta arriba bajo de la bici y voy andando
    y cuando hay cuesta abajo disfruto de la velocidad pendiente de los frenos no me la vaya a pegar…………
    y aquí seguimos…..
    y colorín colorado este cuento se ha acabado

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  2. Es muy gacha la Indiferencia, La Discusion, Y por ultimo la Soledad.
    A veces pienso que es mejor estar Solo Que Mal Acompañado’.
    dia tra’s dia vivir con miedos, desconfianzas y discusiones, no deja nada bueno…

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  3. La indiferencia es una forma de agresión psicológica. Es convertir a alguien en invisible, es anularlo emocionalmente y vetar su necesidad de conexión social para llevarlo a un limbo de auténtico vacío y sufrimiento. Dicha práctica, como ya sabemos, abunda en exceso en muchos de nuestros contextos: la vemos en escuelas, en relaciones de pareja, familia e incluso entre grupos de amigos.

    Falta de comunicación, evitación, hacer el vacío de forma expresa, frialdad de trato… Podríamos dar mil ejemplos sobre cómo se lleva a cabo la práctica de la indiferencia, y sin embargo, el efecto siempre es el mismo: dolor y sufrimiento. El dolor de ese niño que sentado en un rincón del patio, ve como es ignorado por el resto de sus compañeros. Y el sufrimiento también de esa pareja que de un día para otro, percibe cómo su ser amado deja de mostrar la correspondencia emocional de antes.

    «Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. A su vez, lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte».

    -Elie Wiesel-

    Nadie está preparado para habitar en ese vacío social donde los demás pasan a través nuestro como si fuéramos una entidad sin forma. Nuestras emociones, nuestras necesidades y la propia presencia están ahí y demandan atención, ansían afecto, respeto… ser visibles para el resto del mundo. ¿Cómo afrontar estas situaciones?

    La indiferencia, la invisibilidad social y el dolor emocional

    La definición de la indiferencia es a simple vista bastante sencilla: denota falta de interés, de preocupación e incluso falta de sentimiento. Ahora bien, más allá de las definiciones de diccionario están las implicaciones psicológicas. Están, por así decirlo, esos universos personales donde hay ciertas palabras con más relevancia que otras. El término «indiferencia», por ejemplo, es sin duda uno de los más traumáticos.

    Así, hay quien no duda en decir que lo opuesto a la vida no es la muerte sino la falta de preocupación, y ese vacío absoluto de sentimientos que dan forma cómo no, a la indiferencia. No podemos olvidar que nuestros cerebros son el resultado de una evolución, ahí donde la conexión social y la pertenencia a un grupo nos han hecho sobrevivir y avanzar como especie.

    Interaccionar, comunicar, ser aceptado, valorado y apreciado nos sitúa en el mundo. Esos procesos tan básicos desde un punto de vista relacional nos hace visibles no solo para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos. Es así como conformamos nuestra autoestima, así como damos forma también a nuestra identidad. Que nos falten esos nutrientes genera serias secuelas, implicaciones que es necesario conocer. Veámoslos.

    Mujer en el suelo triste por sufrir indiferencia

    La indiferencia genera una fuerte tensión mental

    Las personas necesitamos «leer» en los demás aquello que significamos para ellos. Necesitamos certezas y no dudas. Ansiamos refuerzos, gestos de aprecio, miradas que acogen, sonrisas que comparten complicidades y emociones positivas… Todo ello da forma a esa comunicación no verbal donde quedan incrustadas esas emociones que nos gusta percibir en los nuestros a diario. El no verlas, el percibir solo una actitud fría, provoca ansiedad, estrés y tensión mental.

    Confusión

    La indiferencia genera a su vez otro tipo de dinámica desgastante, a saber, se rompe un mecanismo básico en la conciencia humana: el mecanismo de acción y reacción. Cada vez que actuamos de una cierta manera, esperamos que la otra persona reaccione en consecuencia.

    Si bien a veces esta reacción no es la que esperábamos, resulta muy difícil de comprender la ausencia total de ella. La comunicación se vuelve imposible y el intento por interactuar se hace forzado y desgasta. Todo ello nos confunde y nos sume en un estado de preocupación y sufrimiento.

    Da origen a una autoestima baja

    Al no obtener ningún tipo de respuesta, de refuerzo por parte de las otras personas, se corta cualquier retroalimentación que podamos tener. En las etapas de formación de la personalidad, esto puede repercutir gravemente en la autoimagen. Es probable que aquella persona que ha recibido indiferencia en estas etapas, llegue a creer que no vale la pena interactuar con ella, dando lugar a una fuerte inseguridad.

    ¿Cómo reaccionar frente a alguien que me trata con indiferencia?

    Las personas, como seres sociales que somos y dotados a su vez de unas necesidades emocionales, aspiramos a establecer una relación de constante interacción con nuestros seres queridos: familia, amigos, pareja… Si en un momento dado empezamos a percibir silencios, vacíos, frialdad y despreocupación, nuestro cerebro (y en concreto nuestra amígdala) entrará en pánico. Nos avisará de una amenaza, de un miedo profundo y evidente: el de percibir que ya no somos amados, apreciados.

    Lo más razonable en estas situaciones es entender qué sucede. Esa desconexión emocional siempre tiene un origen y como tal debe ser aclarado para que poder actuar en consecuencia. Si hay un problema lo afrontaremos, si hay un malentendido lo solucionaremos, si hay desamor lo asumiremos e intentaremos avanzar. Porque si hay algo que queda claro es que nadie merece vivir en la indiferencia, ninguna persona debe sentirse invisible en ningún escenario social, ya sea en su propio hogar, en su trabajo, etc.

    Pareja enfadada mostrando indiferencia

    Asimismo, hay un aspecto que es necesario considerar. La indiferencia largamente proyectada sobre alguien en concreto o sobre un colectivo es una forma de maltrato. Aún más, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de California se demostró que este tipo de dinámica basada en la exclusión y en la despreocupación, genera dolor y angustia. Es un sufrimiento que trasciende nuestras emociones para llegar también a nuestro cuerpo.
    «Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen».

    -Oscar Wilde-

    El último recurso: alejarse

    Si luchar por esa relación, si invertir más tiempo y esfuerzo en esa o esas personas nos trae el mismo resultado, lo más sano será alejarnos. Si percibes que esas consecuencias perjudiciales (agotamiento, baja autoestima…) ya se están “instalando” en ti, es urgente que renuncies a tener una relación cercana con esas personas y busques proximidad con otros, para quienes sí seas importante.

    Intégrate en grupos donde seas escuchado y se valore tu forma de ser. Romper con una relación de indiferencia te dará una nueva perspectiva del mundo y potenciará tu desarrollo.

    ¿Sabes cómo funciona la comunicación perversa?

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  4. Comentario al evangelio: “Un incendio de amor”

    Evangelio del 20º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo C) y comentario al evangelio

    “Un incendio de amor”

    Evangelio (Lc 12,49-53)

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda? Tengo que ser bautizado con un bautismo, y ¡qué ansioso estoy hasta que se lleve a cabo! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, os digo, sino división. Pues desde ahora, habrá cinco en una casa divididos: tres contra dos y dos contra tres, se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

    Comentario

    Cuenta san Lucas que cuando Jesús se acercaba a Jerusalén para sufrir la pasión, reveló a los discípulos los profundos anhelos de su corazón y se refirió entre exclamaciones al inminente bautismo “en el Espíritu Santo y en fuego” que iba a consumar y que había anunciado tiempo atrás el Bautista (cfr. Lc 2,16). Con un tono paradójico que desconcierta, Jesús predice también el profundo cambio sobre la tierra que iba a establecer, generando reacciones muy diversas, incluso en el seno de las familias.

    En la Sagrada Escritura el fuego simboliza la presencia divina, como en el episodio de la zarza ardiente (cfr. Ex 3,14) y también simboliza, explica el Catecismo de la Iglesia, “la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo”[1]. Gracias a su sacrificio en la cruz, Jesús iba a enviar al mundo esta energía, este fuego. Pero como aclara san Ambrosio “desde luego no es un fuego que destruye, sino aquel que genera una voluntad bien dispuesta. (…) Este fuego es el que quema los huesos de los profetas, como lo declara Jeremías: “Era dentro de mí como un fuego devorador encerrado en mis huesos.” (Jr 20,9); (…) el que, según el testimonio de los discípulos de Emaús, encendió el mismo Señor en sus corazones: “No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32)”[2].

    Este anhelo de Jesús por hacer arder los corazones ha contagiado a innumerables personas a lo largo de la historia que han sabido corresponder generosamente. Por ejemplo, san Josemaría narraba en primera persona cómo le sucedió a él y cómo reaccionó: “cuando yo tenía barruntos de que el Señor quería algo y no sabía lo que era, decía gritando, cantando, ¡como podía!, unas palabras que seguramente, si no las habéis pronunciado con la boca, las habéis paladeado con el corazón: ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur? (Lc 12, 49); he venido a poner fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Y la contestación: ecce ego quia vocasti me! (1 Reg 3, 9), aquí estoy, porque me has llamado”[3]. Podemos preguntarnos si tenemos habitualmente esta valentía y disponibilidad de los santos para favorecer la acción divina en nosotros; si nuestro diálogo diario con Dios hace arder nuestro corazón como a los discípulos de Emaús; si permitimos al Espíritu Santo que nos mueva como a ellos a anunciarlo a otros llenos de alegría y del mismo afán apostólico.

    Para llevar a cabo el incendio de amor que Jesús quería, debía sufrir primero la pasión, a la que Él llama “bautismo” y que le hace exclamar “¡qué ansioso estoy hasta que se lleve a cabo!”, no tanto por el miedo a la muerte como por el deseo amoroso de que se cumpliera. Y Jesús añade que ha venido a traer división y no paz; división incluso dentro de la familia. Pero “no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí —afirma el Papa Francisco—, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es «signo de contradicción» (Lc 2, 34)”[4].

    [1] CIC, n. 696.

    [2] San Ambrosio, Tract. In Luc. 7,131.

    [3] San Josemaría, Notas de una meditación, Roma, 2-X-1962; AGP, sec A, leg 51 en P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, p. 872.

    [4] Papa Francisco, Ángelus, 18 de agosto de 2013

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  5. Ángelus: no se puede ser cristiano y atentar contra vida del prójimo

    El Papa Francisco en la oración del Ángelus nos recuerda que la llegada de Jesús al mundo, coincide con el momento de las decisiones importantes: la opción por el Evangelio no puede posponerse

    Ciudad del Vaticano

    El Papa Francisco en la reflexión durante la oración del Ángelus retoma dos elementos presentes en la lectura de Lucas 12: 49-53. El primero: ” He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! (v. 49) y el segundo: “¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. “(Lc 12,51).

    El Papa explica que, para comprender mejor el llamado, Jesús usa la imagen del fuego que él mismo vino a traer a la tierra: ” He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lucas 12:49). Y continúa: “Estas palabras tienen el propósito de ayudar a los discípulos a abandonar toda actitud de pereza, apatía, indiferencia y cerrarse a recibir el fuego del amor de Dios; ese amor que, como nos recuerda San Pablo, “ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo” (Rom 5: 5).

    El deseo más ardiente de Jesús

    Francisco nos anima a ver lo que Jesús revela a sus amigos: “Su deseo más ardiente: traer a la tierra el fuego del amor del Padre, que ilumina la vida y a través del cual el hombre se salva. Él nos llama a difundir este fuego en el mundo, gracias al cual seremos reconocidos como sus verdaderos discípulos”.

    El fuego del amor, encendido por Cristo en el mundo a través del Espíritu Santo, es ilimitado, universal, afirma el Papa, por eso: “El testimonio del evangelio quema toda forma de particularismo y mantiene la caridad abierta a todos, con una sola preferencia: la de los más pobres y los excluidos”. Y añade: “La adhesión al fuego de amor que Jesús trajo a la tierra envuelve toda nuestra existencia y requiere la adoración de Dios y también la voluntad de servir a nuestro prójimo. Adoración a Dios y voluntad de servir al prójimo”.

    Adoración a Dios y servicio al prójimo

    Él servicio al prójimo es el resultado de la adhesión al fuego del amor que Jesús trajo a la tierra. En este momento, el Papa expresa: “Pienso con admiración en tantas comunidades y grupos de jóvenes que, incluso durante el verano, se dedican a este servicio en favor de los enfermos, los pobres y las personas con discapacidad”. Y añade: “Así, el Evangelio se manifiesta verdaderamente como el fuego que salva, que cambia el mundo a partir del cambio del corazón de cada uno”.

    En la segunda afirmación, el Papa afirma: “Él vino a “separar con fuego” lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto”.

    No se puede ser cristiano y atentar contra el prójimo

    Luego explica: “En este sentido, llegó a “dividir”, a poner en “crisis”, pero de manera saludable, la vida de sus discípulos, rompiendo las ilusiones fáciles de aquellos que creen que pueden combinar la vida cristiana y compromisos de todo tipo, prácticas y actitudes religiosas contra el prójimo”.

    El Papa puso el ejemplo: “¡cuántos, cuántos cristianos autodenominados van al adivino o la adivina para que les lean la mano! Y esto es superstición, no de Dios. Se trata de no vivir hipócritamente, sino de estar dispuesto a pagar el precio por elecciones consistentes con el Evangelio”.

    Para el Papa Francisco, el hecho de llamarnos cristianos tiene unas implicaciones concretas: “Es bueno llamarnos cristianos, pero sobre todo debemos ser cristianos en situaciones concretas, dando testimonio del Evangelio, que es esencialmente amor por Dios y por nuestros hermanos”. Finalizó su alocución pidiendo que María nos ayude a propagar el fuego que trajo Jesús “con nuestra vida, a través de decisiones decisivas y valientes”.

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