Sobre la encíclica “Caritas in veritate”


Leo en  La Iglesia en la prensa, que Eugenia Roccella en Il Riformista (via Stranocristiano) afirma que la encíclica “Caritas in veritate” destruye el maniqueísmo de quienes pretender dividir, por un lado, la “ética de lo social” y por otro, la “ética de la vida”, como si se tratara de dos realidades sin conexión. De que modo, lo “social” estaría más cómodo en el ámbito de las izquierdas y la defensa de la vida entre las derechas. La encíclica, sin embargo, subraya precisamente los vínculos que existen entre ética de la vida y ética social.“la cuestión social se ha convertido en cuestión antropológica”. Recuerda así E. Roccella que

También, leo en Aceprensa que en The Catholic Thing (8-07-2009), el teólogo americano Michael Novak explica que la nueva encíclica Caritas in veritate es coherente con el rumbo que inició el joven Ratzinger en su etapa como profesor de Ratisbona. Novak dice: “Del mismo modo que Abraham Lincoln pensaba que la visión pesimista de Locke sobre la naturaleza humana no serviría para lograr la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, Benedicto XVI recuerda que el desarrollo humano siempre depende de un impulso hacia arriba”. Frente a quienes consideran el interés individual como el motor de la vida económica y social, Novak constata las posibilidades de interacción que surgen en la actualidad. “Cada vez más, los ciudadanos de una punta del mundo aprenden de otros las ideas de los derechos humanos, de la protesta, de la libertad de asociación, de la libertad de expresión o de la justicia”.

También leemos en un artículo publicado en National Review (9-07-2009), que George Weigel manifiesta que la encíclica le parece como “un híbrido”. Así dice que hay puntos pertenecientes al pensamiento más propio de Benedicto XVI, en continuidad con el de Juan Pablo II, como “el fuerte énfasis en los temas del respeto a la vida (aborto, eutanasia, investigación con destrucción de embriones humanos) como temas propios de la justicia social”, en los que sugiere que la gente que se despreocupa del niño no nacido es improbable que contribuya seriamente al cuidado del medio ambiente natural. O “la vinculación entre caridad y verdad, en la que advierte que una preocupación por los demás desligada de la verdad moral acerca de la persona humana se convierte en mero sentimentalismo”. Pero para Weigel, la encíclica al sugerir que la pobreza en el Tercer Mundo tiene más que ver con la corrupción y el mal gobierno de sus políticos que con la falta de ayuda internacional, reconocer los problemas también económicos que provoca la escasa natalidad y criticar los programas de ayuda al desarrollo ligados a la imposición del control de la natalidad y de la legalización del aborto, todo esto le parace estaría en continuidad con el pensamiento expuesto por Juan Pablo II en la Centesimus annus y en la Evangelium vitae.

Uno de los puntos que más han atraído la atención en los comentaristas de EE.UU. es la invocación de Benedicto XVI a “una verdadera autoridad política mundial”, para abordar los problemas de interés común (desarrollo, desarme, paz, seguridad alimentaria, medio ambiente) en la época de la globalización. En un artículo reciente,  John Allen se pregunta en National Catholic Reporter (9-07-2009) cómo entender esta autoridad.

En fín una encíclica que va a dar mucho juego y que no ha hecho más que empezar.Aquí te pongo estos srtículos relacionados


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