La ficción de las dos morales

Hoy Domingo, puede ser una buena ocasión para descansar en familia y para pasear, ahora que está llegando el buen tiempo a muchos sitios, en contacto con la naturaleza. Recientemente escucho decir a la gente que existe una cierta nostalgia de Dios, de espiritualidad, de religión, y que comienza a verse a la Iglesia también como una gran portadora de experiencia religiosa: como ese árbol de la parábola evangélica en el que pueden anidar las aves, aunque luego quieran de nuevo volar lejos, pero también como un lugar donde poder descansar durante cierto tiempo. Te copio este texto de Bendicto XVI que personalmente me parece muy enriquecedor:

veo cada vez con mayor claridad que, en nuestra época, en cierto sentido, la moral se ha dividido en dos partes. No es que la sociedad moderna sencillamente no tenga moral, sino que, por decirlo así, ha “descubierto” y reivindica otra parte de la moral que tal vez no se ha propuesto suficientemente en el anuncio de la Iglesia en los últimos decenios, y también más. Son los grandes temas de la paz, la no violencia, la justicia para todos, la solicitud por los pobres y el respeto de la creación (…) esta moralidad existe y fascina también a los jóvenes, que se comprometen en favor de la paz, de la no violencia, de la justicia, de los pobres y de la creación. Y realmente son grandes temas morales, que por lo demás pertenecen también a la tradición de la Iglesia. Los medios que se proponen para su solución, a menudo son muy unilaterales y no siempre son aceptables (…).

La otra parte de la moral, que con frecuencia en la política se percibe de modo muy controvertido, atañe a la vida. De esta moral forma parte el compromiso en favor de la vida, desde la concepción hasta la muerte, es decir, su defensa contra el aborto, contra la eutanasia, contra la manipulación y contra la auto-legitimación del hombre a disponer de la vida.

(…) Y yo creo que debemos esforzarnos por volver a unir estas dos partes de la moralidad y poner de relieve que están inseparablemente unidas entre sí. Sólo si se respeta la vida humana desde la concepción hasta la muerte es posible y creíble también la ética de la paz; sólo entonces la no violencia puede expresarse en todas las direccione; sólo entonces respetamos verdaderamente la creación; y sólo entonces se puede llegar a la verdadera justicia.

Resumiendo: que para favorecer la convergencia de estos dos aspectos de la misma moral (y así evitar la ficción de las dos morales) conviene adoptar una actitud positiva y abierta que no de la falsa impresión de que por subrayar los aspectos morales menos aceptados (vida, fidelidad, etc), estamos rechazando los que la mayor parte de nuestros conteporaneos valoran más (ecologismo, paz, etc).

En este sentido me ha gustado en mucho el cartel que se ha expuesto en la campaña por la vida, al tratar de aunar, de algún modo, estas dos sensibilidades.

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