“Cuando amamos a una persona y deseamos que nos corresponda, lo que queremos es que sea su corazón el que nos llame”

Miércoles, 1 abril, 2009

Este domingo póximo, Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa. Uno de los textos de la misa nos presenta la realidad de Cristo encarnado y humillado en la muerte más infame, la de la crucifixión, y nos lo propone como modelo vital para el cristiano. En efecto, el cristiano, como se afirma en el contexto, debe tener «los mismos sentimientos de Cristo Jesús» (v. 5), sentimientos de humildad y donación, desprendimiento y generosidad, etc… Efectivamente, la actitud que se nos pide en Flp 2,6-11 es la humildad, pero lo que se esconde detrás, el secreto que le da sentido, es una razón de amor. Jesús entrega su vida por amor. Por eso tú y yo, esta Semana Santa, vamos a darle el corazón.

Pero para comprender lo que quiero decirte, debes advertir que que, en muchos aspectos, el corazón constituye el yo más real de la persona. Es verdad que en la esfera moral, es la voluntad (y el intelecto) quien posee la última palabra… Sin embargo, en muchos otros terrenos, es el corazón el que constituye la parte más íntima de la persona, su núcleo, el yo real. Esto sucede así en el ámbito del amor humano: el amor conyugal, la amistad, el amor filial y paterno. Aquí, el corazón es el verdadero yo, porque el amor es esencialmente una voz del corazón; y esto es lo que hace Jesús. Y porque el amor apunta de un modo específico al corazón del amado; y ahí es a donde está dirigiéndose Jesús Amante. El Amante quiere verter su amor en el corazón del amado, quiere tocar su corazón y llenarlo de felicidad. Sólo entonces sentirá que ha logrado llegar al verdadero yo de su amado; y esto es lo que quiere Jesús.

Pero, y este es el nervio de lo que quiero decirte hoy, cuando amamos a una persona y deseamos que nos corresponda, lo que queremos es que sea su corazón el que nos llame.

El corazón Amante de Jesús quiere escuchar a tu corazón y al mío; no le basta tu voluntad (e intelecto). Porque tu y yo sabemos que en la medida en que un corazón sólo «decide» querernos y conformar su voluntad a nuestros deseos, en el fondo nunca creeríamos que poseemos su verdadero yo. Y aunque ese querer conformar su voluntad con nuestros deseos, y esas sus miradas amables y todas las delicadezas dictadas por su voluntad nos pueden conmover desde un punto de vista moral, sin embargo sentiremos que él se nos escapa, que su verdadero yo no es nuestro. Sabemos que no poseemos realmente al amado porque no poseemos su corazón… Si, por el contrario, el corazón del amado rebosa de deseo por nosotros, de alegría ante nuestra presencia, de dolor ante nuestro dolor o pérdida, de deseo de unión espiritual, entonces, el amante se siente satisfecho; se da cuenta de que posee el corazón del amado. Pero sentirá que no posee su alma cuando el amado sólo corresponda a su amor con la voluntad y falten al mismo tiempo todas las manifestaciones del corazón.

Vamos tu y yo a darle nuestro yo más real al Señor y a su Madre bendita en este Domingo de Ramos que es una Semana Santa en pequeñito, que no trae san Marcos. Y no escondas el corazón, no tengas miedo si te pones a llorar en algún momento, o sientes que se te pone el corazón en un puño… Eso es bueno. Vamos a preparar el corazón para vivir las escenas de la Pasión de esta Semana Santa, con María y con Juan el discípulo que restó su cabeza sobre el corazón del Señor.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 522 seguidores

%d personas les gusta esto: