El silencio de los marcianos

“Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” de John Gray

Uno de los desafíos más grandes para los hombres es interpretar correctamente y apoyar a una mujer cuando habla de sus sentimientos. El mayor desafío para las mujeres es interpretar correctamente y apoyar a un hombre cuando no habla. El silencio resulta muy fácilmente malinterpretado por las mujeres.

Muy a menudo un hombre deja repentinamente de comunicarse y se torna silencioso. Eso nunca había sido visto en Venus. Al principio una mujer piensa que el hombre es sordo. Piensa que quizás no oye lo que se esta diciendo y por eso no responde.

Hombres y mujeres piensan y procesan información en forma muy diferente. Las mujeres piensan en voz alta compartiendo su proceso de descubrimiento interior con un oyente interesado. Aun hoy, una mujer a menudo descubre que quiere decir a través del simple proceso verbal. El proceso de dejar simplemente que los pensamientos fluyan en libertad, expresarlos en voz alta, la ayuda a sacar provecho de su intuición. Este proceso es perfectamente normal y a veces especialmente necesario.

Pero los hombres procesan la información en forma muy diferente. Antes de hablar o responder, “meditan” o piensan en lo que escucharon o experimentaron. Interna y silenciosamente imaginan la respuesta más correcta y útil. Primero la formulan en su interior y luego la expresan. Este proceso podría tomar unos minutos u horas. Y para confundir aun más a las mujeres, si no tienen la suficiente información para procesar una respuesta, pueden llegar a no responder.

Las mujeres necesitan entender que cuando él esta en silencio, esta diciendo: “Todavía no sé que decir, pero estoy pensando en ello”. En lugar de eso, ellas escuchan: “No te estoy respondiendo porque tu no me importas y yo voy a ignorarte. Lo que me has dicho no es importante y por lo tanto no responderé”.

Las mujeres malinterpretan el silencio de un hombre.

Según como se sienta ese día, ella puede llegar a imaginar lo peor: “Me odia, no me ama, me esta abandonando para siempre”. Ese hombre provoca entonces su temor más profundo, que es “Me temo que si me rechaza, nunca seré amada. No merezco ser amada”.

Cuando un hombre esta en silencio, una mujer puede fácilmente imaginar lo peor, porque las únicas veces en que una mujer permanece en silencio es cuando lo que tiene que decir resulta perjudicial o cuando no quiere hablar con una persona porque ya no confía en ella y no quiere tener nada más que ver con ella. ¡No sorprende entonces que una mujer se torne insegura cuando un hombre se vuelve repentinamente silencioso!

Cuando una mujer escucha a otra mujer, la tranquilizara al demostrarle que escucha y que le importa. En forma instintiva, cuando laque habla hace una pausa, la otra la tranquilizará emitiendo respuestas como “Oh, aja, hmmmm, ah”.

Sin estas respuestas tranquilizadoras, el silencio de un hombre puede resultar muy amenazador. Al comprender la existencia de la cueva de un hombre, las mujeres pueden aprender a interpretar el silencio de un hombre correctamente, y responder a él.

La comprensión de la cueva

Las mujeres tienen mucho que aprender acerca de los hombres antes de que sus relaciones lleguen a ser realmente satisfactorias. Tienen que aprender que cuando un hombre esta perturbado o tenso, automáticamente dejará de hablar y se meterá en su “cueva” para resolver las cosas. Necesitan aprender que nadie puede entrar en esa cueva, ni siquiera los mejores amigos del hombre. Así sucedía en Marte. Las mujeres no deberían temer que haya algo realmente mal. Tienen que aprender en forma gradual que si uno simplemente deja que los hombres se metan en sus cuevas, después de un tiempo ellos saldrán y todo estará bien.

Esta lección es difícil para las mujeres porque en Venus una de las reglas de oro era nunca abandonar a una amiga cuando estaba perturbada. No les parece bueno abandonar a su marciano favorito cuando se siente perturbado. Al preocuparse por él, una mujer quiere ingresar a su cueva y ofrecerle ayuda..

Además, ella a menudo supone de forma errónea que si pudiera hacerle muchas preguntas sobre la manera en que se siente y ser una buena oyente, el se sentiría mejor. Esto solo perturba aun más a los marcianos. Ella quiere apoyarlo instintivamente en la forma en que a ella le gustaría ser apoyada. Sus intenciones son buenas, pero el resultado es contraproducente.

Tanto hombres como mujeres deben dejar de ofrecer su método preferido de demostrar preocupación y comenzar a aprender las diferentes maneras en que piensa, siente y reacciona su pareja.

A continuación te pongo una lista de 4 razones por las que los hombres se meten en la cueva y se vuelven silenciosos:

1. Necesitan pensar en un problema y encontrar una solución práctica.

2. No tienen respuesta para una pregunta o un problema. A los hombres nunca se les enseñó a decir “Oh, no tengo una respuesta, tengo que ir a mi cueva y encontrar una”. Los hombres suponen que cuando se tornan silenciosos están haciendo precisamente eso.

3. Están perturbados o tensos. En esos momentos necesitan estar solos para calmarse y recobrar nuevamente el control. No quieren hacer o decir nada que puedan lamentar después.

4. Tienen que encontrarse a sí mismos. Esta cuarta razón se vuelve muy importante cuando los hombres están enamorados. A veces comienzan a perderse y a olvidarse de sí mismos. Pueden sentir que demasiada intimidad les quita poder. Necesitan regular sus acercamientos. Cuando se acercan demasiado hasta el punto de perderse, suena la alarma y se ponen en camino hacia la cueva. Como resultado se sienten rejuvenecidos y vuelven a encontrar su yo afectuoso y poderoso.

Las mujeres hablan por una variedad de motivos. A veces, por las mismas razones que los hombres dejan de hablar. Las siguientes son cuatro de las más comunes:

1. Para transmitir o reunir información. (Esta es en general la única razón por la que un hombre habla).

2. Para analizar y descubrir que quiere decir. (Él deja de hablar para imaginar dentro de sí que quiere decir. Ella habla para pensar en voz alta).

3. Para sentirse mejor y más concentrada cuando esta perturbada. (Él deja de hablar cuando se siente perturbado. En su cueva tiene oportunidad de calmarse).

4. Para crear intimidad. Al compartir sus sentimientos íntimos es capaz de conocer su personalidad afectuosa. (Un marciano deja de hablar para volver a encontrarse. Teme que demasiada intimidad lo aparte de sí).

Sin esta comprensión fundamental de nuestras diferencias y necesidades, resulta fácil ver por que las parejas se pelean tanto en sus relaciones.

9 comentarios sobre “El silencio de los marcianos

  1. Es divertido leer estas teorias y ver la analogia entre marcianos y venusinas pero en mi opinion la realidad puede ser distinta: las mujeres son expertas en detectar que tan alfa es un hombre, mientras menos alfa sea un hombre mas tiempo pasara callado, así las mujeres detectan y rechazan a los hombres menos dominantes al notar que se quedan callados. No es algo que encuentre grato pero creo que estas afirmaciones se acercan mas a la realidad.

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  2. Isabel D RAfael creo que esto se mercería una entrada yo lo pongo de comentario. Esto es el Amor.
    Miles de personas están siguiendo por las redes sociales una impactante historia de amor, la de Rosa Pich y Chema Postigo. Aquí, en Facebook, basta visitar Cómo ser feliz con 1,2,3 hijos? para que el corazón se quiebre en mil lágrimas. Rosa y Chema se aman como dos quinceañeros, pero con la fuerza de más de veinte años de felicísimo matrimonio. Se aman en el fruto de dieciocho hijos -han leído bien; dieciocho- que les rodean (unos desde el Cielo y la mayoría a la cabecera de la cama de hospital de Chema). Se aman a pesar de tantas dificultades. Y apoyados por tantísimas alegrías. Se aman también en la experiencia del dolor, tantas veces experimentada. Se aman ahora, que Chema se enfrenta a un cancer repentino que se ha expandido por todo su cuerpo. Y me da que Chema, cuando Dios quiera, se va a marchar al Cielo en un empacho de amor.

    Le conocí hace muchos años, cuando yo tenía diecisiete y él un puñadito más. Hicimos juntos un viaje a África que después convertí en el argumento de mi primera novela, en la que Chema -para su sorpresa- es un personaje que ha acompañado a miles de lectores.

    Fue en Kenia donde me habló del matrimonio de una manera que me conquistó. Él no lo entendía como el destino habitual de los hombres y las mujeres, sino como un camino especialísimo de encuentro con Dios, una auténtica vocación cristiana de primer orden. De hecho, estaba persuadido de que la santidad del hombre común -como él, como yo- pasaba por el deslumbramiento por una mujer que no sólo iba a convertirse en su esposa, sino en la razón principal de su vivir y en su camino para alcanzar el Cielo, donde ese amor se transformará -cuando los dos lleguen- en una realidad eternamente dichosa.

    Poco después de aquel periplo africano, en el que vivimos juntos -además- la muerte heróica de Santiago Eguidazu, Chema conoció a Rosa, con la que no tardó en casarse. Vinieron los hijos, algunos de ellos con una cardiopatía muy grave y todos -los dieciocho- con mucho más que un pan debajo del brazo: con un torrente de dicha.

    El hombre de hoy es tan corto de miras (vivimos para nosotros mismos, ocupados y preocupados en el bienestar de nuestra individualidad) que no pocas veces recriminaron a Rosa y a Chema la extraordinaria fecundidad de ese amor, como si la llegada de cada uno de esos niños hubiese sido una ofensa para quienes -pobrecitos amargados- creen que la vida repetida es un insulto. Pero el hombre de hoy, como el de todos los tiempos, no puede prescindir de su capacidad de asombro. Por eso somos muchos más los que nos hemos quedado prendados de esas fotografías en las que Rosa y Chema aparecen, en perfecto orden de mayor a menor, con todos sus hijos. Merece la pena detenerse a observar con detalle el rostro de todos y cada uno de los protagonistas de esos retratos, pues contagian tantas cosas buenas que, de pronto, nos hacen ser mejores personas. Es parte del milagro de la vida. Es parte del milagro de la generosidad sin límites de Rosa y de Chema, especialmente de Rosa.

    Nunca me ha faltado la llamada puntual de Chema para felicitarme por mi aniversario de boda. Nunca me ha faltado su consejo. Nunca he dejado de escucharle cuando me relataba sus periplos junto a Rosa, a lo largo y ancho del mundo, en el maravilloso reto de ofrecer su asentada experiencia para hacer de la familia una fuente de felicidad. Y a pesar de que su vida ha sido una entrega completa a los demás en un olvido continuado de sí mismo, en el que el orden de prioridades son su mujer, después sus hijos y después los matrimonios -tantos matrimonios- a los que ayudan, me insisistía en que le llamara cada vez que viajara a Barcelona porque quería recogerme en la estación y llevarme allí donde yo tuviese que ir, para que pudiéramos charlar durante unos minutos.

    Chema es un ejemplo para el mundo. Chema es una necesidad para el mundo. Chema es una luz para el mundo, una hoguera, un corazón incandescente. Y Chema es mi amigo, ¡qué orgullo! Y desde la distancia me coloco también a la cabecera de su cama de hospital, y le beso la mano y la frente, y tal vez le humedezca la piel con mis lágrimas, y le pido, te pido Chema, que me ayudes a parecerme un poco más a ti.

    Miguel Aranguren, escritor

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    1. Me falta que Chema. Era supermunerario y falleció el día 7. Y es primo de mi amiga .hay un articulo en el país donde biene una foto de la familia y más información …Este articulo me lo mando ayer.DEP

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