Hacer de la “virtud”, necesidad

Viernes, 23 enero, 2009

Las lecturas de este III Domingo, nos hablan de la cercanía del Reino de Dios, y pide la conversión. La conversión vista en triple aspecto: 1) Conversión de la mala vida: Jon 3,1-5.10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida. 2) Jesús comienza su predicación así: Mc 1,14-20: Convertíos y creed el Evangelio. Se trata además de comenzar una nueva forma de vida. 3) San Pablo nos presenta la conversión de actitudes: 1Co 7,29-31: La representación de este mundo se termina, por eso es necesario vivir como peregrino, como el que está de paso.

Estas lecturas me han hecho pensar ¿en qué tengo que convertirme, Señor? Y le he pedido: Sal 24: ¡Señor, enséñame tus caminos!…

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”

Juan es un sacerdote amigo cuyo hobby preferido es la pesca. Cuando tiene un día libre, o una tarde, aprovecha ese rato y se va a a pescar. Allí pasa la tarde entretenido, leyendo la prensa mientras la caña hace el resto, relajadamente y si no pesca nada no le importa mucho… ¡Que diferente la actitud del pescador profesional! ¡Él vive de ello! Los suyos dependen de ello y por eso madruga cada día y piensa continuamente en ello… Y si ve venir las redes vacías, siente angustia… Se lo está jugando todo.

Por eso al leer que el Señor nos quiere hacer pescadores: “Yo os haré pescadores de hombres”, me ha parecido que los cristianos hemos transformado el oficio de pescadores en hobby… Sí, hemos hecho de la necesidad de hacer apostolado algo opcional, que algunos virtuosos hacen… Hemos hecho, de la necesidad, virtud. Esta podría ser la conversión que se nos pide: ¡hacer de la virtud, necesidad! Convertíos y creed en el Evangelio: creer para que Él pueda hacernos pescadores.

¿Por qué ha sucedido esto? ¿Por qué algo que debería ser vital lo hemos convertido en algo accesorio, accidental, circunstancial, es decir: secundario? ¿No será que lo que nos pasa con el apostolado nos pasa con toda la vida cristiana? ¿No habremos convertido la piedad en un “pasatiempo para burgueses”? Esta puede ser la segunda conversión a que se nos invita: ¡Vamos tú y yo a desprendernos de las cosas de este mundo y a dirigir toda nuestra vida hacia Él!

Nos dice Jonás que. Os hablo con toda franqueza: no se a ti, pero a mi cada vez me cuesta más hacer apostolado. No es por pereza o vergüenza sino por que no veo el fruto… Y por eso lo que dice Jonás: los ninivitas se convirtieron de su mala vida, me anima. Cuando pienso que las almas se condenan, cuando advierto que el rechazo consciente de Cristo y de sus sacramentos, es el camino más recto hacia el Infierno… Entonces advierto que tengo que seguir haciendo apostolado, que no es un “hobby”, sino una cuestión de vida o muerte, que no puedo hacerme el despiadado de que eso no va conmigo, ni ser un cobarde… Y cuando sienta la zozobra de que no quieren, renovaré mi fuerza y buscaré la alegría en la fuente: en esa ¡Santa Angustia del Amor de Cristo! que quería que todos los hombres -¡Todos!- se salven. Esta podría ser la tercera conversión que tu y yo podríamos abordar: despertar esa urgencia que lleva dormida muchos años en nuestra alma.

Madre mía, Reina de los Apóstoles: ¡ruega por nosotros!…

¡Pero bueno! ¿Qué haces ahí todavía tan tranquilo?

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