Santa Teresa de Jesús y la gente sencilla

otoño

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”...  Hoy, fiesta de santa Teresa de Jesús, descubrimos una vez más cómo los santos han sabido hacer lo que parecía imposible, fácil. Me explicaré.

Hace años un prestigioso profesor nos hacía ver que el teólogo tras mucho esfuerzo y estudio y con mucho tiempo, consigue escalar en la montaña del conocimiento de las cosas de Dios. Pero que siempre, y para su sorpresa, cuando él llega a alguna cima, descubre que hacía ya mucho tiempo antes algún santo ya había llegado hasta allí. Teresa de Jesús descubrió que era la Humanidad Santísima de Cristo, el único camino para el alma que aspira a conquistar las cumbres de la santidad. Esta Doctora de la Iglesia, nos enseño que se podía usar de los sentidos en la aventura de la santidad, que los sentidos no son un enemigo sino alas que nos pueden llevar hasta Dios. Pero ¿cómo hacerlo si Dios se escapa a los sentidos? He aquí la gran respuesta que Teresa nos legó: ¡La imaginación! ¡La “loca de la casa” vuelta sensata por la gracia!. Así lo enseñó también otro santo: “Oración mental es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad.” (san Josemaría, Es Cristo que pasa, 119).

Por eso me parece que una buena forma de hacer oración es abrir los ojos de la imaginación para ver al Señor: no tengas miedo, imagínatelo frente a ti, lee el Evangelio una y otra vez imaginando las escenas, dibuja en tu imaginación, con calma, sus manos, sus ojos, sus labios, sus pies… Y, si miedo, habla con Él. Y cuando el enemigo te susurre al oído que te engañas, que no es verdad, que son cosas de tu imaginación…, dile con santa Teresa: “¡Claro que es mi imaginación!” ¿Acaso no puede servirse el Señor de ella para mostrarse en su humanidad? Tal es el camino que nos han legado los santos.

Un último detalle. Cuentan -¡cuentan tantas cosas!- que, mientras iba de camino santa Teresa, un hombre la detuvo: “dicen de usted que es la religiosa más lista, más santa, y más guapa que haya existido jamás“. La madre Teresa respondió: “tonta, desde luego, no soy; si santa o no, Dios lo sabe; y guapa…” -levantó el velo que cubría su rostro- “…a la vista está”… Madre mía del Cielo, ojalá no tenga yo nada que ocultar ante tu Hijo ni ante los hombres… Madre yo quiero ser sencillo, porque estas cosas… se las has revelado a la gente sencilla.

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